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Red Bolivariana, 20 de Octubre de 2003
Falsas y neoliberales reivindicaciones laborales
Manuel Martínez M.
Desde su promulgación, año 1990, fueron muchas las supuestas conquistas laborales que se introdujeron en la actual Ley Orgánica del Trabajo. Todo mediante la guía del jurista, constitucionalista, derechista, laborista y politiquista Rafael Caldera, máximo representante político de la derecha venezolana, después del galardonado con premios españoles, Arturo Úslar Pietri.
Ocurrió que la presión practicada por el feminismo criollo, a veces ingenuo e inducido, emulador del norteamericano, aupado por un sindicalerismo y un gobierno populistas, permitió que se aprobaran logros económicos, como ese de más cuatro meses de asueto o reposo anual para las parturientas, o sea, seis semanas antes del parto, y tres después del mismo.
Esta reivindicación no es mala per se, sólo que, en principio, mujer embarazada debe ser mujer con marido con salario suficiente para de sostener su hogar por sí solo.
Obviamente, ningún bolsillo privado resiste semejante desembolso gratis, sobre todo si el número de hijos en juego no tiene límite alguno. Porque, de esa manera, hipotética y posiblemente, una trabajadora puede dedicarse a tener hijos durante 20 años, uno cada año, al cabo de los cuales tendría alrededor de 16 hijos que le habrían permitido estar en su casita durante más de siete años, gozando de su sueldo completico, con todas las reivindicaciones inherentes a su cargo y, por su supuesto, años que le permitirán después disfrutar de jugosas prestaciones sociales, pensiones y un razonable y merecido aprecio vitalicio como madre ejemplar. No se diga si entre las reivindicaciones concomitantes está la de servicios médicos-quirúrgicos y de maternidad.
No en balde han resultado tan reacios los patronos para mejorar los sueldos y salarios motu proprio, y tiene ahora el Estado que estar decretando esas mejoras impositivamente, amén de perseguir a todo patrono que incumpla semejantes reivindicaciones; tener que decretar eventuales inmovilidades, restringir las exigencias de soltería, etc.
Está bien que no compartamos los abusos del lucro mercantil e industrial, pero nada de eso quita que tales reivindicaciones no las tiene nadie en ningún país del mundo, por rico, industrioso y progresista que luzca.
Pudiéramos inferir que se trata de logros coadmitidos a favor de los trabajadores con miras a estancar, frenar y entorpecer los conatos industriales exógenos del inversor criollo. Es una manera de expresarse e imponerse la política neoliberal que estamos padeciendo aún.
En cambio, se ha permitido que el empresariado burle descaradamente el salario real. Me refiero a que, es mentira que los trabajadores reciben pago por días no laborables. El caso es que, en vez de reconocer, a un trabajador X, que gana, por ejemplo: 7.000 bolívares diarios, y que tal salario rige sólo para seis días de trabajo real pagos por cada semana, dichos empresarios registran en sus libros contables un salario diario de sólo 6.000 bolívares y con inclusión de un día de asueto remunerado.
Esa trampa contable ha pasado en nuestro país sin pena ni gloria. Cuando los salarios diarios son reducidos, de 7.000 a 6000/semana, se está escamoteando el monto del pago por concepto de días de vacaciones, de prestaciones sociales y de utilidades anuales, etc., cuando en dicho cálculo se toma como base dichos 6.000 bolívares, y no 7.000 como debería ser. Confere Art. 145; 219 y 385 de dicha Ley.
Obsérvese que cuando un trabajador se va de vacaciones, digamos, por 15 días, por lo general se trata de semanas calendario que incluyen los correspondientes sábados domingos, y de cualesquiera otros días feriados involucrados que sólo sirven para alargarle el número de días no trabajados o de <<disfrute>>, pero conserva sólo la remuneración de los días hábiles, salvo que por cláusulas especiales y contractuales se logren mejoras en el pago total.
La Asamblea Nacional debería reconsiderar tales reivindicaciones para ponerlas más a tono y con las disponibilidades de costes de los nuevos industriales criollos, a pesar de que la reconsideración de semejantes falsedades laborales pueda tener su grado de costo político. Creemos que la nueva mentalidad del trabajador bolivariano está capacitada para comprender los alcances negativos de semejantes y falsas mejoras de corte marcadamente neoliberales, y de revisar las reivindicaciones salariales de peso aún pendientes de logro.