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Red Bolivariana, 28 de Octubre de 2003
Hipocresía Financiera
Manuel C. Martínez M.
Es bueno que el mundo sepa que las tasas de ahorro en Venezuela prácticamente están reducidas a la nada: Usted ahorra a 30 días, por ejemplo, y le abonan el 1,083%; es decir: a razón del 13% anual por concepto de TASAS PASIVAS.
Si a ese <<ahorro>> usted le quita el 0,075%, por concepto de impuesto al débito bancario (IDB), saque usted sus propias inferencias. A esta situación se ha llegado en nuestro país como reacción oligárquica de dicha banca, luego de mover sus influencias sobre el BCV, y a raíz de las exigencias del Presidente Chávez para que esa banca, leonina y expoliadora, además de golpista, bajara sus tasas ACTIVAS.
El resultado fue que, ciertamente, las bajaron, sólo que conservaron el diferencial entre las activas y las pasivas. Es como que el gobierno lograra abaratar el costo de la vida mediante bajos precios al consumidor, pero a punta de salarios de hambre. Durante el viejo régimen de Juan Vicente Gómez así fue.
Por otra parte, como prueba concreta: yo tengo una cuenta de ahorros en BANESCO que no me paga ni un centavo por ese concepto, pero me clava el IDB cada vez que los retiro. E IDB sobre el cual todo hace pensar que el Estado ejerce un pobre control.
Hablo de que la UPEL (Universidad Pedagógica Experimental
Libertador) paga sus sueldos y afines a través de ese banco, con modalidades
como esa de la <<cuenta de ahorros>>, eufemísticamente llamada por
ellos: <<subproducto>>, ¡vaya usted a saber lo que es eso!
Ahora nos viene este Banco Central a salir con esa falacia de que está haciendo algo bueno por los venezolanos pobres, porque ha decidido algunas timoratas medidas restrictivas de la excesiva libertad comercial de la banca privada. Los pobres no manejan chequeras, salvo también para retirar sus salarios, que de un tiempo a esta parte tienen que cobrarlos, mediante esa banca, hasta los obreros de menor rango: bedelías, mensajeros, secretarias 1, etc., y obreraje que consecuencialmente tiene que <<bajarse de la mula>> con el heredado IDB (Impuesto al débito bancario), impuesto este que fue introducido en Venezuela desde los últimos lustros del la IV república, y que llegó para quedarse.
Es notorio que sea la prensa y TV mediática nacionales, ya connotados como conspiradores y defensores a ultranza de esa banca, puesto que los acompañó en su golpe efectivo de Estado de abril pasado (efectivo durante dos días), es notorio que sea esa prensa, digo, la que propale esa información acerca de una buena acción en favor del pueblo. Sabemos que las cosas buenas que se apunta el gobierno ellos la silencian, por el contrario. Aunque, paradójicamente, dichos medios la pintan como medidas represivas del gobierno.
En el fondo, se trata de una mascarada bancaria para justificar la existencia de una Superintendencia de Bancos, muy cómplice, pasiva e inoperante en materia de regulaciones financieras. Esta superintendencia es un órgano ingobernado de <<cogobierno>> en liga con el BCV, instituto este que, por cierto, no le ha explicado al país, dónde está la Plata, el Oro y el Níquel que recogió a través de la sustituciones del circulante metálico que poco a poco salio íntegramente de la circulación mercantil.
Dicha superintendencia se ha hecho la loca con los CRÉDITOS INDEXADOS que representan la decisión jurídica de mayor peso que en materia económica logró un grupo de abogados nacionales. Se trata del más duro golpe que las finanzas especuladoras nacionales ha recibido de una corte venezolana, pero que, como si nada hubiera pasado, dichos abogados aún esperan porque esa banca usurera y anatocista cumpla con dicha decisión.
Cuentan que la primera acción gubernamental tomada por los gobernantes de facto durante las efímeras horas del golpe de estado de abril/2002, fue visitar los archivos tribunalicios para hacer desaparecer los expedientes de de esos Créditos Indexados y del <<Giro Balón>>, y razón que explica la tardanza que se toma la banca para ponerse aldía con la Justicia en su ilusoria esperanza de que Chávez se vaya o salga antes.