El Mundo, 1 de Octubre de 2003

En campaña

Vladimir Villegas

Los diversos sectores políticos, de apoyo al Gobierno, o de la oposición, parecen concentrados en las batallas por los referendos y en las precandidaturas a gobernaciones y alcaldías, y es natural que así sea en una sociedad democrática, donde existe una Constitución en plena vigencia y que nació precisamente del debate enriquecedor y de una consulta popular nunca vista en la historia del país. Más allá del debate anecdótico en torno a si la oposición llegó al CNE antes o después que los representantes de las fuerzas que apoyan al Gobierno, lo importante es que el golpismo, sin dejar de ser una amenaza, está cada vez más aislado. Hay ambiente electoral...

El ambiente electoral al cual nos referimos está más asociado a gobernaciones, alcaldías y concejos municipales que a referendos propiamente dichos.

La lectura de numerosos columnistas antichavistas en las cuales manifiestan su preocupación por la lucha intestina en el seno de la Coordinadora "Democrática", y su reproche a los precandidatos opositores que a la calladita están montando sus comandos, es una evidencia de que en el seno de la variopinta agrupación acaudillada y gerenciada por Enrique Mendoza bailan a ritmos diferentes.

Los hay, como hemos dicho, creyentes convencidos en la posibilidad de que se realicen los revocatorios, y no faltan además quienes no sólo no creen en referendos sino que sus deseos más íntimos apuntan a que no se realicen estas consultas, porque los esfuerzos en esa dirección atentan contra la meta más realista, es decir, el proceso electoral del venidero año, y porque además la sola mención de la palabra referendo pone a temblar a más de uno, y no precisamente del lado del Gobierno.

Unos cuantos gobernadores, alcaldes y diputados de oposición saben que no pasarían la prueba del referendo, y por eso se inspiran en el viejo dirigente sindical adeco autor de la frase según la cual "el miedo es libre". La cosa, entonces, no es tan sencilla como parece... No nos extrañe que los fundamentalistas que se dan cita en los restaurantes, los centros comerciales y los aeropuertos se dediquen ahora a "cacerolear" a los opositores sospechosos de pensar más en elecciones que en revocatorias de mandato. Por eso, la confusión sigue reinando en la fulana Coordinadora, órgano que no parece contar con la coherencia necesaria para mantener la cohesión en sus filas.

Hemos topado

Monseñor Baltazar Porras volvió por sus fueros. No bastaron las cifras engañosas sobre la realidad nacional difundidas por la Conferencia Episcopal.

Él sigue en campaña contra el gobierno del presidente Hugo Chávez y se ha dedicado a difundir en el exterior una imagen completamente distorsionada sobre Venezuela, tratando de reactivar el clima de odio y confrontación al cual contribuyó equivocadamente buena parte de la jerarquía eclesiástica venezolana.

El papel de la Iglesia en el proceso político que se avecina debe ser parte también del debate. Evidentemente los religiosos tienen derecho a opinar, pero la cúpula no puede -ni lo logrará- imponer un lineamiento para promover el enfrentamiento, y para actuar descaradamente en favor del sector opositor. Parece increíble que monseñor Porras no haya aprendido la lección que la acción golpista del 11 de abril dejó, y en la cual la Iglesia quedó tan mal parada por culpa de unos pocos.

La conducta de Porras contrasta, por ejemplo, con la de la cúpula de Fedecámaras, que se ha distanciado de cualquier protagonismo político, y mucho más si éste se vincula a acciones violentas o contrarias al ordenamiento jurídico existente en el país. A monseñor le convendría, tal vez, un respiro espiritual, para que pase revista con total serenidad a su inconveniente conducta.

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