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Red Bolivariana, 11 de Octubre de 2003
Empirismo, Productividad Y Meritocracia Petroleras
Manuel C. Martínez M.
Hasta ahora, el Estado venezolano ha estado extrayendo y vendiendo mucho petróleo, pero muy poco produciéndolo. Esta es una verdad de Perogrullo por cuanto se trata de un producto natural abundante y no renovable.
El primer aporte verdaderamente productivo que sus trabajadores pudieron haber entregado a esta industria fue la economización de su oferta con iguales valores de exportación. Por el contrario, desde sus comienzos la tecnocracia de marras y el obreraje altamente empírico que llenó las nóminas de esta empresa estatal se dedicaron a una extracción ilimitada, sin tasa ni medida. Sabemos que semejante gerencia satisfizo por igual a concedentes y concesionarios. De allí la tendencial caída natural de los precios de este invalorable recurso energético, caída que sólo mediante acuerdos cartelarios ha podido atenuarse.
Las escasas mejoras productivas de dicha empresa hasta ahora están reducidas a los procesos de refinación, y sólo por vía de maquinarias sustitutivas de la mano de obra directa, mecanismo que no necesariamente entra en la definición científica y económica de Productividad. La introducción de recursos informáticos modernos ha tenido muy poca o ninguna incidencia en la productividad del manejo petrolero, aunque mucha en la rapidez de los informes diarios de <<extracción>> de crudos, de la producción de algunos derivados, en su transporte y en su contabilidad presupuestaria.
Para nadie es un secreto que los aumentos o disminuciones de la oferta de crudos sólo han dependido de la mayor o mayor colocación y activación de surtidores, de bombas extractoras y del llenado de más o menos tanqueros, y para lo cual hasta el más deficiente de los <<meritócratas>> se pinta solo.
Vale la pena detenerse en la gráfica siguiente, donde se observará el carácter sui géneris de nuestra oferta de crudos:

Puede apreciarse las curvas de oferta y entenderse que los incrementos en la extracción de petróleo, por encima de la curva de demanda <<DD'>> siguen una paralela al eje de <<Q>>. Esto significa que dichos incrementos forzosamente se traducen en un abaratamiento ocioso y antieconómico para el país, aunque consecuencialmente en una sobreeconomía para sus demandantes. Es así cómo ha sido empíricamente gerenciada nuestra industria petrolera por quienes dieron en autollamarse <<meritócratas>>.
Y es que sólo las mejoras productivas que se reflejan por debajo de <<DD'>> pertenecen a los verdaderos meritócratas que esta empresa podría haber tenido y/o debería tener.
Como quiera que a los demandantes ni a los extractores no les conviene el agotamiento acelerado de este recurso, la productividad cobra una importancia vital. Cuando nuestra industria sea manejada con mejores criterios técnicos y menos empíricos, como los que hasta ahora han privado en ella, se podrán ir alcanzando baraturas en el precio del petróleo, cuestión esta en la que podría colaborar el importador y consumidor extranjeros.
No debemos confundir la supresión de despilfarros varios, la eliminación de nóminas fantasmas, el despido del personal sobrancero, ni el cierre de oficinas inoperantes, con mejoras productivas. Éstas están reservadas para una mejor administración del personal mínimo necesario, a la minimización de tareas complementarias, al perfeccionamiento cultural de sus técnicos, y, en fin, a producir más dólares por cada barril sin que esto signifique mayores precios ni mayor extracción de crudos. Digamos que la productividad y producción petroleras comenzaría cuando en su industria reduzcamos el empirismo reinante y lo sustituyamos por una verdadera meritocracia.
Nos atrevemos a extender estas reflexiones al resto de los países exportadores de petróleo en el mundo.