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Red Bolivariana, 14 de Octubre de 2003
El pueblo Boliviano versus la OEA
Ricardo Rosa-Brussin
A raíz de la sublevación popular en Bolivia han quedado al descubierto las inconsistencias y debilidades de la carta interamericana de la OEA. ¿ Que es más legitimo y soberano la voluntad de las mayorías o el sistema en si mismo?
Nunca antes la historia reciente de nuestros pueblos latinoamericanos había experimentado una coyuntura de la naturaleza que hoy están transitando las clases populares bolivianas las cuales están conformadas por una abrumadora mayoría indígena excluida.
Como ha sido explicado una y otra vez el movimiento zapatista en Méjico siempre tuvo en la mira un proyecto local y nunca se propuso como objetivo alcanzar el poder central en esta nación hermana de la Patria Grande, por lo que este icono de la lucha indígena nunca llegó a trascender de manera tal que fuera a topar con cualquier resolución ni compromiso de carácter multilateral, pues simplemente el movimiento zapatista ha logrado objetivos específicos que no necesariamente trascienden ni impactan en la vida de todos los mejicanos. Sin embargo, nadie podrá negar que el nacimiento de este modelo de sociedad y de estructura de desarrollo si tuvo sus repercusiones ideológicas en otras naciones y en particular es una referencia y sirvió de vitrina para la organización de otros movimientos indígenas en el continente Americano.
La realidad de Bolivia a traspasado los límites de ser un conflicto regional para convertirse en un sismo de dimensión nacional y como consecuencia esa mayoría popular ha llegado a las puertas de una gran encrucijada: tomar el poder o rendirse a los pies del yugo de la oligarquía que los ha conducido a una situación de pobreza insostenible y de renuncia a su soberanía en la que no se dibujaba una esperanza en el firmamento. Una vez optada la primera vía ahora el pueblo de Bolivia se ha tropezado con una inmensa roca en el camino: la carta interamericana de la OEA, en la que entran en choque los derechos humanos y legítimos de una indiscutible mayoría, cansada de seguir viviendo en la miseria, el analfabetismo y la exclusión, y un pacto entre gobiernos para garantizar la uniformidad de la “democracia” como sistema de gobierno en el marco hemisférico.
Indudablemente que habría que revisar para que es la democracia y que valores del ser humano no pueden estar subyugados por la apariencia teórica de un modelo representativo más no necesariamente participativo. He ahí el dilema, es o no procedente el derrocamiento popular de un gobernante opresor que siguiendo los dogmas del neoliberalismo habría confiscado el futuro de más del 90% de la población boliviana o por el contrario habría que esperar a que su proyecto neocolonizador y dominador llegará a sus últimas consecuencias para preservar la panacea del sistema “democrático”.
Una vez más queda al descubierto que el sistema político y el modelo económico no son fácilmente “divorciables” si no contienen un espíritu integral de la visión de bienestar para la sociedad que los alberga.
¿Que postura debe asumir un gobierno que se identifica con el pueblo boliviano pero que debiera honrar lo que predica?
Valdría la pena comparar este ¿golpe de Estado? en Bolivia o lo que algunos quisieran erróneamente llamar guerra civil y la farsa de desobediencia civil que la oligarquía venezolana trato de vendernos por intermedio de unas minorías para así arrastrarnos al nefasto 11 de Abril.