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El Mundo, 11 de Septiembre de 2003
Reincidentes
Alvaro Agudelo
La inteligencia humana tiene límites; la estupidez no. La frase, cuyo autor no recuerdo, es la reflexión inevitable ante ese sainete autobautizado con el original nombre de El Firmazo. Porque de esa astracanada se pueden aprender muchas cosas.
En primer término, la absoluta incompetencia, la soberbia ilimitada de quienes manejaron ese asunto. Gente como los sifrinos de Súmate, abogaditos como Cipriano Heredia Soltero (Cipiculito) o los efebos exaltados de Primero Justicia la pusieron de oro. Qué ineptitud salpicada de arrogancia. Si los mismos abogados de la oposición advertían públicamente sobre la invalidez de esta maniobra. Cuántas veces personas como Jorge Olavarría y hasta Gerardo Blyde mostraron los vicios de esas planillas, que las tornaban en nulas. Y eso por no hablar de las firmas forjadas, transferidas electrónicamente de bancos y empresas de telecomunicaciones, que sin duda agregarán responsabilidad penal a la nulidad.
Pero hay otra cosa que queda bien clara, y es el odio de la oposición hacia los verdaderos empresarios, hacia quienes tienen su dinero colocado en negocios y luchan por sobrevivir. El año pasado, la oposición con la locura del paro golpista llevó al cierre a miles de empresas. Muchísimos comerciantes no lograron sobrevivir a una Navidad casi sin ventas, por no hablar de aquellos a quienes brigadas armadas de Primero Justicia, ADZulia (oculta bajo el nombre de Un Nuevo Tiempo) o Proyecto Venezuela, apoyadas por las policías de Chacao, Baruta, Carabobo o Zulia, obligaban "democráticamente" y bajo amenaza de muerte a bajar la santamaría a quienes querían trabajar. Claro, también están los que tienen sus locales en centros comerciales cuyos propietarios arbitrariamente trancaron las puertas.
Este año quieren repetir el proceso.
También en 2003 buscan aplicar la receta de 2002. Intentarán otra vez caldear el ambiente, generar violencia y clima de odio para abortar la parte comercial de la Navidad. El sistema será el engaño con el referendo revocatorio. Van a salir a buscar nuevas firmas, a estimular el onanismo opositor y hacerles creer que con unas rubriquitas lograrán salir de quien no pudieron tumbar con golpes de Estado, paros terroristas e injerencias extranjeras. Pero el objetivo no es convocar a una consulta popular que saben perdida. La meta es que no haya ventas extraordinarias en diciembre, para seguir dañando la economía y culpar a Chávez por lo que ellos mismos provocan.
Porque la economía funcionaba de maravilla hasta que a los loquitos de la Coordinadora Democrática les dio por conspirar y recurrir a la violencia golpista.
Aquí hay muchos que quieren hacernos olvidar que entre 1999 y 2001, el PIB creció 3 por ciento interanual. La inflación estaba descendiendo a niveles no vistos en décadas y, si no hubiese sido por la arremetida golpista, en 2002 los precios habrían aumentado un solo dígito (menos del diez por ciento). El dólar se mantuvo absolutamente estable, como no se registraba desde 1983. Claro, cuatro huelgas generales y un golpe de Estado más tarde, los resultados económicos tuvieron que cambiar.
Ahora, de nuevo, la economía se está enrumbando. La inflación se detiene y será inferior a la del año anterior. Eso es lo que quieren evitar los "demócratas" que emplean ayuda de potencias extranjeras para hacerles el trabajo sucio. En definitiva, otra vez los mismos golpistas buscan arruinar a aquellos a quienes no pudieron quebrar el año pasado.
Pare la oreja
UNO de los efectos positivos del control de cambio es revitalizar el turismo interno.
Desde hace al menos veinte años no se veía tanto venezolano en Margarita, Puerto La Cruz, Mérida y otros destinos vacacionales internos. Allá aquellos que se preocupan más por la salud económica de Miami que por la nuestra.
EL SILENCIO de la mayoría de los medios de comunicación ante los enormes actos de masas realizados en apoyo a las candidaturas de Tarek William Saab y Diosdado Cabello indica que realmente les dieron en la madre. Porque aunque las televisoras o los diarios no digan nada, quienes viven en Los Teques o en Puerto La Cruz saben la magnitud de esos actos y, por supuesto, entienden que los esfuerzos por ocultarlos son más elocuentes que cualquier otra cosa. Porque guardar información es una forma.