Red Bolivariana, 18 de Septiembre de 2003

Política y analfabetismo funcional

Manuel C. Martínez M.

Dicen los especialistas que aprox. desde las primeras seis semanas de incubado el feto, éste comienza a interactuar con el medio exterior. Significa eso que para entonces comienza el interminable proceso de aprendizaje que acompañará al individuo durante su vida.

Como principales maestros estarán sus padres y demás familiares y amigos del entorno íntimo hogareño. Entre estos, aun sin proponérselo, se intercambiarán y dictarán magistrales lecciones en materias de distinta índole. En lo atinente a lo sociológico, lo económico y social, este diligente y disciplinado aprendiz (sólo por razones cuantitativas) irá ideologizando su mundo según los mismos patronos de sus maestros. Oirá de pobres y ricos, de <<adecos>> y <<copeyanos>>, de izquierdistas y derechistas, y, según el caso, mostrará inclinaciones automáticas hacia la opinión de sus padres, de sus amigos íntimos y de sus consejeros inmediatos. De un padre izquierdista tomará sus inclinaciones de justicia social, de igualdad humanitaria; de un comerciante aprenderá rapidito que mientras más pícaro se muestre frente a sus clientes, más dinero, prosperidad y felicidad tendrá.

El caso es que ese proceso de enseñanza -aprendizaje comienza sesgado y sesgado tiende a mantenerse. Se trata, paradójicamente, de una analfabetizada enseñanza firmemente recibida, y como quiera que cuando este ciudadano concurre a la vida social para hacer su propia familia se estará enfrentando y compartiendo a/con una amalgama de variados criterios, hará hasta lo imposible por rechazar todo aquello que resulte contrario a su formación recibida de cuna, y a compartir cegatamente las mismas opiniones que le fueron inculcadas desde la cuna.

Razones como esas son las que nos llevan a ese escenario político donde a quienes desde temprana edad hemos abrazado los ideales de la justicia para todos, de la igualdad y oportunidad para todos, termina chocándonos todo aquello que huela a ventajismos sociales, a discriminación popular, y, por supuesto, nuestros contrarios a otro tanto, de tal manera que se da entre todo el colectivo una puja de los unos por imponer sus propios criterios a los otros, sin darnos cuenta que sólo hemos sido víctima de una craso analfabetismo funcional, que hemos recibido formaciones unilaterales, y que sólo nos entenderemos todos entre sí cuando hayamos ido formando un nuevo ciudadano libre del influjo y la ascendencia que sus padres, amigos y maestros tienden a ejercer sobre estos pichones de ciudadanos.

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