Red Bolivariana, 1 de Septiembre de 2003

Los cogollos están marchitos (Un consejo no seguido)

Manuel C. Martínez M.

Cogollo y cogollito tienen una connotaci6n especial en la Política nacional que resulta incongruente con su significado botánico, habida cuenta que las yemas foliáceas representan la parte más joven y tierna en un vegetal cualquiera, mientras que en el argot político nuestro cogollo alude a las personas más encumbradas en la organización de los partidos, y el cogollito estaría reservado para quienes figuran en las cúspides direccionales, personas estas que por lo general rayan en la decrepitud.

La ancianidad, desde luego, no es mala cuado a ella llegan los intelectuales y los hombres de ciencia, pero es alienante y prodemencial para quienes no han tenido una formación profesional sistemática ni universitaria, ya que todo empirismo, por rico que sea, es lineal y acotado, pero toda teoría es multilineal e ilimitada.

Bien, los cogollos políticos y botánicos son transitorios por naturaleza, digamos
que son marchitables, pero como los cogol1os políticos tienen el mando y la dirección de las organizaciones, en ellos prenden intereses personales difíciles de ser arrancados, cual raíz de viejo roble.

En este sentido, tales cogollos no solo son incongruentes, sino contranaturales, y tocaría a los políticos en ascenso, que son los brotes y partes más jóvenes de la organización, ponerse <<mosca>> para evitar que la actuación de los viejos cogollos termine marchitando la planta como un todo.

Esta analogía la traigo a colación ya que los frutos cosechados a partir de los cogo11os venezo1anos no son precisamente de muy buena ca1idad que se diga:

1) Una izquierda cada vez más atomizada; 2) un país cada vez más endeudado: encarraplanado e hipotecado; 3) un déficit fiscal cada vez menos zanjable; 4) una industria nacional y un empresariado cada vez menos defendible; 5) una salud cada vez más deteriorada; 6) una escuela de corrupción cada vez más perfeccionada, y 7) una democracia cada vez más cuestionada.

De allí que aquellos políticos, quienes han sido incondicionales con los yerros, arbi- trariedades y desviaciones de sus jefes cogollales, y que les alcahuetearon sus erróneas políticas con el ánimo de poder seguir escalando posiciones que les permitirían relevar un cogollo por otro, esos embriones de cogollo, pues, tendrían que actuar ahora con mucha independencia y servir de jardineros capaces de podar, porque sólo así podrían tener un país o un espacio político donde actuar en su condición de nuevos cogollos.

Y es que, como están las cosas, pareciera que si esperan por la muerte natural de los cogo1los machitos, se encontrarán con organizaciones que también habrán muerto, por la senci1la razón de que con cogo11os marchitos no hay planta ni organización que florezca.

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