Red Bolivariana, 21 de Agosto de 2003

Revocatorio sin laguna jurídica

Manuel C. Martínez M.

Insistimos sobre el tema, ya bastante discutido desde tiempo atrás dado la extemporaneidad con que fue sometido a discusión por quienes frustradamente quisieron convertir un simple referendo consultivo en revocatorio.

A estas alturas pareciera que no hay nada qué discutir. La oposición no tiene nada qué buscar con revocatorios, cada vez se minimiza más y más.

Sin embargo, el tiempo y su dinámica nos han hecho sugerir un cambio radical en nuestra actitud hacia el referendo revocatorio, en revisión de nuestra primera apreciación.

Se trata de rediscutir aquella posible <<laguna jurídica>> de la que trató una comentarista muy acuciosa, meses atrás.

Fui de quienes sostuvieron que la asistencia a un revocatorio sólo competía a quienes en este estuvieran interesados; que quienes siguen apoyando al Presidente Chávez bien pueden abstenerse de concurrir a referendo alguno, habida cuenta que mal puede ir a ratificar quien no está interesado en revocar.

Pero, miradas las cosas de otra manera y para dar solución a esa <<laguna jurídica>>, según la cual, aún cuando los votos que no deseen la revocación superen a los que sí la desean, si estos últimos logran el numerito previsto en el Art. 72 (igual número de votos que llevaron al funcionario al Poder ahora revocable), entonces, bastaría para que esa revocación se dé como procedente, al margen de una manifiesta mayoría absoluta por parte, repito, de quienes desean que Chávez siga en el Poder.

En ese entonces sólo tratamos el caso de una votación supuestamente in crescendo, o sea que ahora, tanto la oposición como el chavismo, sumarían más votos que otrora, y que estos últimos podían superar los votos que llevaron al poder al Presidente Chávez.

Y la laguna aparecía porque, según el mismo supuesto, la oposición podría sacar los votos que exige el Art. 72, y, sin embargo resultar inferiores en número al que saque el chavismo. Aquí estaría la laguna jurídica en cuestión.

Bueno, ocurre que si se va a votar, y lo hacemos quienes deseamos que Chávez continúe en su mandato, estaríamos restando votos al universo de electores. Cada voto nuestro aleja la posibilidad de que la oposición saque votos de esa constante que representa el número de electores registrados. Al mismo tiempo, se estaría ratificando expresamente en el Poder a quien un día se le eligió.

Ocurre, pues, que todo revocatorio implicaría un posible ratificatorio, y que no bastaría conque la oposición saque más votos que los chavistas, sino que, además, debe superar el número de quienes lo eligieron otrora. Es decir: la oposición deberá sacar más votos que el chavismo, pero no sacar menos de los que llevaron al Poder a Chávez. Son dos requisitos numéricos, uno necesario y otro suficiente.

Pareciera, pues, que la tal laguna jurídica queda resuelta si caemos en la cuenta de que una abstención determinada podría arrojar una votación menor que la de la vez pasada, y no obstante configurarse un resultado a favor o en contra del mandatario, pero, sólo quedaría revocado si el número de quienes desean su revocación no sólo resulte mayor que aquéll de quienes desean que termine su mandato, sino que, repito, tienen que superar numéricamente la decisión de otrora: Sacar por lo menos el mismo número de votos que llevaron a Chávez a Miraflores.

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