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El Mundo, 23 de Julio de 2003
Referendo en veremos
Vladimir Villegas
Las reacciones frente a lo declarado por el general García Carneiro, sobre la realización del referendo revocatorio, forman parte de la misma estrategia opositora que ha pretendido hacer ver frente a la comunidad internacional y frente a incautos ciudadanos que la mencionada consulta está a la vuelta de la esquina.
García Carneiro se ha limitado a retratar una realidad que por lo demás es bastante compleja y no precisamente por culpa del Gobierno. En primer lugar, las dudas sobre las firmas recogidas y supuestamente verificadas por la “imparcial” empresa Súmate no se han despejado por la negativa opositora a que esos listados sean sometidos al escrutinio público.
Recordemos que hay denuncias de presunto fraude. Se habla de nóminas enteras de trabajadores del sector privado incorporadas inconsultamente a la lista de firmantes, e incluso de militares activos que exigen que sus nombres sean borrados del misterioso listado.
Por si fuera poco, surgieron otras complicaciones, entre ellas la negativa del sector minoritario de la oposición a aceptar las negociaciones parlamentarias para la designación de la directiva del CNE. Quienes supuestamente están más interesados en la realización del referendo se convierten en obstáculo para ello y ahora enredan aún más las cosas con la pretensión de que sea el TSJ el que designe a los integrantes del órgano electoral.
En verdad, esta conducta deja entrever que en la oposición hay sectores que de la boca para afuera se desviven por el referendo, pero en la práctica siguen apostando por un atajo no constitucional.
Otros opositores sueñan, más bien, con los venideros escenarios electorales, menos enrarecidos que el referendo.
En resumen, el general García Carneiro lo que ha hecho es describir una realidad del tamaño del Sol. No hay en sus expresiones ninguna manifestación que colida con su condición de oficial activo, como sí ha ocurrido y ocurre con militares golpistas que persisten en su prédica desestabilizadora, violenta y hasta terrorista.
Por cierto, el Departamento de Estado, tan ducho en eso de husmear en los asuntos internos venezolanos, nada dice de esta última situación descrita, como también guardó absoluto silencio frente al escandaloso cierre de Catia TV.
Peña retrocedió
Era lo menos que podía hacer, después de semejante torta. La decisión del alcalde Alfredo Peña de presentar sus excusas por el cierre de Catia TV es, a mi modo de ver, insuficiente. El responsable de este atentado contra la libertad de expresión debería ser removido de su cargo o al menos amonestado públicamente.
La tardía rectificación del alcalde mayor fue producto, nada más y nada menos, que de la indignación ciudadana frente a esa torpe y arbitraria decisión.
El cierre de Catia TV retrató de cuerpo entero a los verdaderos enemigos de la libertad de expresión e información, y a quienes la defienden de manera hipócrita.
Los que guardaron absoluto silencio y los que reaccionaron con efecto retardado, incluso después del mea culpa de Peña, han perdido toda autoridad moral para erigirse en sus defensores. En esa lista están, para pesar del gremio, los directivos del SNTP y la directiva nacional del Colegio de Periodistas.