Red Bolivariana, 20 de Julio de 2003

¡Me salvé de vaina!

Aquiles Riego Parejo

Escribía esto ayer, viernes 18 de julio.

El jueves (17/07/2003) fue uno de esos días en los que, a pesar de haber revisado todas las páginas Web de los medios criollos, no conseguí una sola noticia que me indignara lo suficiente como para inspirarme el artículo de rigor, por lo cual preferí abstenerme de escribirlo, ahorrándoles así un artículo chimbo, sin nervio, lugar comunista, o esa, una cagada de artículo. Y sé que me lo habrán de agradecer, y aplaudirán mi silencio.

Y hasta aquí llegó el artículo puesto que después de lo que narraré preferí esperar hasta que se me calmara la rabia, la misma que me faltó el jueves para escribir esta columna, pero que al ser superlativa también podía producir un artículo chimbo, iracundo, atropellado, o sea, otra cagada de artículo.

Por razones más que obvias hoy me centraré en un solo tema, y si mañana estoy inspirado, y tengo ganas, escribiré las Misceláneas a ‘la carte’.

Una imagen de AP registra el caos que se vivió ayer en la Autopista Francisco Fajardo, la principal arteria de nuestra ciudad Capital. Pero en ella se sólo refleja lo que sucedió después de que las aguas se desbocaran por esa vía, sobra decir que ella no puede testimoniar lo que estaba sucediendo media hora antes en ese mismo lugar. Para una ulterior aclaratoria les habré de pedir que observen que en el fondo de la foto se puede apreciar que está anocheciendo. Esto nos sirve para confirmar dos hechos. El primero es que la cámara está orientada hacia el Oeste, y el segundo es que la hora aproximada de la toma ha debido ser entre las seis y media y las siete, hora en la que suele anochecer en Caracas, durante esta época del año.

Pues bien.

Viernes 18 de julio de 2003, 16 horas y 45 minutos (las 4 y 45 p.m.).

Me incorporo a la autopista Francisco Fajardo a la altura de El Llanito. Tenía toda la intención de ir a la Avenida Principal de La Carlota, ya que en ella está una panadería, La Rocarena, en la que se hace el mejor pan gallego de Caracas y sus alrededores. Iba apurado puesto que desde tempranas horas de la tarde barruntaba lluvia y por el Este, hacia Petare, el cielo estaba trancado, inequívoca señal de que va a llover sobre el Valle de Caracas. No más llegar al distribuidor La California, es decir después de haber rodado poco más de un kilómetro, el tráfico se estaba atascando y hacia el distribuidor Los Ruices ya se veía que la cola tenía grandes proporciones. En ese momento me acuerdo que los escuálidos tenían programada para esa misma tarde un acto en la Plaza de la “Mierdiocracia” de Chuao y que habían dispuesto partir desde Altamira. Es decir que de una pensé que la tranca debía estar causada por unos pocos escuálidos imbéciles (perdonen la redundancia) siempre dispuestos a joderles la vida a los demás. Ipso facto desisto de la idea de ir a comprar el pan, deseo frustrado que mentalmente le cargué en cuenta a los escuálidos, y no más llegar al distribuidor Los Ruices me salí de la autopista para entrarle a El Cafetal, en donde vivo, por la Avenida Principal de Caurimare. Pero esa vía estaba igual de congestionada que la autopista, no moviéndose un solo vehículo. De nuevo le echo la culpa a los escuálidos, al suponer que la cola se debe a que si trancaron Chuao, la tranca afecta también a El Cafetal y a Caurimare. Recordemos que por su configuración la ciudad de Caracas es propicia a trancas circulares, no por nada está enclavada en el seno de un valle de escasos 7 kilómetros de ancho, y de 24 de largo. Por ello decido desandar lo andado, tanto más que en la autopista el tráfico de Este a Oeste está circulando con gran fluidez.

Viernes, 18 de julio de 2003, 17 horas y 10 minutos (5 y 10 p.m.)

Me reincorporo a ella rumbo a Macaracuay, para llegarle así a El Cafetal por La Guairita, o sea, por detrás. En ese momento comenzaron a caer los primeros goterones de lluvia y a oscurecerse la tarde. No más salir de la autopista e incorporarme a la Avenida Principal de Macaracuay se desató un descomunal aguacero, debían ser las 5 y cuarto, que festejé ya que me imaginaba a los escuálidos emparamados hasta el occipucio y con la manifestación pasada, no por agua, sino por tormenta. La intensidad de la lluvia fue creciendo a medida que me acercaba a El Cafetal, al tiempo que se desataba una tormenta magnética de grandes proporciones, todo acompañado con un vendaval.

Ya en El Cafetal me detuve en la panadería, a falta de pan buenas son tortas y a falta de un excelente pan gallego buena es una regular canilla.

Viernes 18 de julio de 2003, 17 horas y 45 minutos (5 y 45 p.m).

Estaciono el carro en el edificio y subo al apartamento, desde el balcón de la sala se podía ver el Bulevar de El Cafetal convertido en un río, mientras que seguía la tormenta magnética. Como a golpe de las seis y cuarto mi esposa me pide que vaya para el cuarto debido a que en CMT están dando la noticia, sin imágenes, de que algo grave había pasado en la Autopista Francisco Fajardo. Regresan a la programación normal, no sin antes informar que volverán sobre la noticia cuando tengan imágenes de lo sucedido.

A partir de ese momento comienzo a hacer “zaping”, y en “GloboINVENción” están hablando con el comandante del cuerpo de bomberos quien llama a la calma aunque también, no se puede pasar por alto, tratando de minimizar lo sucedido. Sus comentarios eran desmentidos por personas que llamaban al “mata curas” del Leopoldo Castillo, quien eyaculaba cada vez que la persona que estaba en línea acentuaba el cuadro dantesco que se vivía a esa hora en la autopista.

Viernes 18 de julio de 2003, 18 horas 45 (6 y 45 p.m.)

Comienza la cadena de Chávez desde el Teatro Municipal, la que habrá de durar solamente 17 minutos.

Terminada la misma Leopoldo Castillo no duda ni un instante, ha tenido más de un cuarto de hora para planificar la basura que habrá de regar, en señalar que la cadena se hizo con la intención de tapar lo sucedido y que por causa de ella los medios no habían podido alertar a la ciudadanía de lo que estaba sucediendo. De milagro no dijo que la persona que murió ahogada, se hubiese salvado de no haberse transmitido la cadena. Allí fue cuando sentí que la sangre me comenzaba a hervir, al tiempo que me dejé llevar por una rabia sorda, seca, por una de esas rabias que hacen que una persona pueda llegar a matar a otra. Y se iba haciendo mayor cada vez que el asesino del Leopoldo Castillo, eso sí con cara de preocupación, trataba de hacer ver que la manifestación de Chuao no se había llevado a cabo porque la lluvia la había disuelto. Y así varias veces. ¿No sería que temía se supiese que los escuálidos habían trancado una vez más la Autopista Francisco Fajardo?, ya que ello, como lo veremos más adelante, pudiera revestir gravísimas consecuencias, ¡Qué si no! Hasta un muerto hubo.

A partir de ese momento se me vino a la mente una pregunta que creo debe tener respuesta. Es más. Que debería ser investigada por los órganos de seguridad del Estado, y por la policía judicial. Tanto más que ayer viernes 18 de julio de 2003 una persona perdió la vida. Y ella es.

¿Por qué razón la autopista Francisco Fajardo, en sentido Este-Oeste, estaba trancada a las cinco de la tarde?

Esa es una circunstancia que ha sido desechada por los medios de comunicación social venezolanos, a pesar de que las personas que estaban en la autopista dicen una y otra vez que al desatarse la riada el tránsito estaba trancado y ellas estaban en sus vehículos sin que estos se movieran. Yo mismo soy testigo de que la autopista estaba trancada media hora antes de comenzar el palo de agua.

La más elemental lógica nos señala que al desbordarse la quebrada Agua Maíz sobre la autopista el agua se habría de llevar por delante TODO lo que estuviese inmovilizado sobre la calzada, desde una lata de refresco hasta un vehículo. Y eso fue lo que pasó. El agua empujó hacia atrás los vehículos que estaban detenidos en la vía y así se fue produciendo el almacigo de carros que se muestra en las fotografías con las que ilustro el artículo.

Ese no fue el caso el 8 de mayo de 2001, cuando también la autopista Francisco Fajardo se convirtió en un río de aguas turbulentas. En la fotografía se ve como los vehículos circulan por la autopista con el agua al nivel de sus puertas, pero al no formarse un dique de vehículos estacionados el agua fluye y el único riesgo que un carro se quede en medio de la vía por habérsele mojado el distribuidor.

Pero como vemos en esta otro fotografía (también del 8 de mayo de 2001), cuando un vehículo estacionado es empujado hacia atrás por la fuerza del agua, el vehículo que está detrás de él termina montado sobre el que le sigue.

Y eso fue lo que pasó ayer entre el distribuidor Santa Cecilia y el distribuidor Los Ruices de la autopista Francisco Fajardo. Allí se formó un dique de contención de aproximadamente 15 metros de frente por unos 80 de largo, por lo que hoy se cuentan unos cien vehículos involucrados en el hecho. Nada sucedió del distribuidor Santa Cecilia al Distribuidor Altamira, es decir en dirección Este-Oeste, por cuanto de allí no venía más agua que la de la lluvia que caía en ese momento, la que por lo demás no fue más intensa que la de cualquier otro fuerte palo de agua que haya caído sobre la Sultana del Ávila.

Ahora sólo falta oírles decir, ya saben ustedes a quiénes, que Chávez es el responsable de un caos urbanístico que se inicia a partir de los años 50, y que cíclicamente produce acontecimientos como el que se sucedió ayer viernes 18 de julio de 2003 hacia el final de la tarde.

¿O es que acaso Chávez es responsable que la urbanización Los Palos Grandes se permisara sin aceras para el tránsito peatonal?

¿O es que acaso Chávez es el responsable de que la urbanización Las Mercedes se haya construido sin drenajes para las aguas de lluvia, causa por la cual se inunda cada vez que llueve, hasta el extremo que hoy en día esas inundaciones ya son ignoradas por los medios. La única forma que habría para que se reseñase la consabida inundación por lluvia de Las Mercedes, sería si en una de ellas muriese una persona.

No sigo ya que la lista se alarga a medida que llegamos a los años de la Cuarta República y este artículo también se está haciendo largo.

De lo que si pueden estar seguros es que no se habrá de culpabilizar a ni un solo alcalde, presidente de Concejo Municipal o gobernador que ha tenido que ver con la planificación de la ciudad entre 1950 y 1998, ya que todo lo malo que hay en Caracas, y en Venezuela me aventuro a añadir, se le debe achacar a una sola persona, y esta es...

¡Adivinaron!

Hugo Rafael Chávez Frías.

¡Qué bolas!

Caracas, 19 de julio de 2003.

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