Red Bolivariana, 1 de Julio de 2003

Ausencias y prioridades políticas

Guillermo García Ponce

Mucha gente se acercó para expresarme su sorpresa por el número y la calidad de las obras que el Presidente Chávez y el ministro Diosdado Cabello divulgaron en un reciente programa en “cadena”. Es la reacción de venezolanos que desconocían la labor del gobierno; de personas a quienes no llega la información de los ministros y propagandistas oficiales. Es, definitivamente y sin dudas, el resultado de una desconcertante ausencia de comunicación, pero, también y en primer término es la consecuencia de un vacío en la lucha ideológica.

En los últimos años el Presidente Chávez ha llevado a cabo una impresionante obra de gobierno. El desarrollo del Plan Nacional Ferrocarrilero; la construcción del Metro en Valencia, Los Teques, Maracaibo y los nuevos tramos en Caracas; los puentes, autopistas y carreteras que se abren en todo el país, al lado de la ejecución de los planes sociales, en educación, en salud, en viviendas, en deportes, en reivindicación de los derechos de los campesinos y pescadores, entre otros demuestran como la joven revolución bolivariana construye un nuevo país.

Agrega más significación a esta obra de gobierno, el hecho de tener lugar bajo el fuego cerrado de una oposición irracional que emplea todas las armas a fin de impedir el éxito del Presidente Chávez. Las heridas causadas por el golpe de Estado del 11 de abril, los actos de terrorismo y sabotaje desatados por la cúpula de Fedecámaras y la mafia de la CTV en diciembre y enero, la sistemática obstrucción en el seno de la Asamblea Nacional y a través de los diferentes órganos del Poder Judicial, la carga de perversión que trasmite una burocracia sindical heredada de Acción Democrática y COPEI y la acción nefasta de la “quinta columna”, aún con fuertes posiciones en la administración pública, han causado fuerte daño a la gestión oficial.

El Presidente Chávez ha vencido las dificultades económicas y el sabotaje político, ha logrado superar los oscuros laberintos forjados por la traición y el viejo partidismo, sin embargo no ha podido romper la conspiración mediática del silencio y las mentiras. Por desgracia, la política comunicacional del gobierno no ha sido capaz de contrarrestar el ocultamiento y las tergiversaciones. Se han hecho numerosos intentos por romper el secuestro al flujo de información veraz y mostrar el verdadero rostro del país, pero poco puede avanzarse sin contar con medios de comunicación de suficiente excelencia y poder como para ganar la batalla de las ideas.

Detrás de todas estas deficiencias y vacíos de la política comunicacional está un problema de fondo: la subestimación de la lucha ideológica. La política comunicacional no puede formularse como una superficial contienda de publicidad, es en primer término una batalla política e ideológica por ganar el apoyo del país y del mundo. Exige la mayor prioridad en la agenda de todos, en especial de la dirección política revolucionaria porque, al final, es en este escenario donde se decidirá la Historia.

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