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El Mundo, 12 de Junio de 2003
La denuncia del Canciller
Augusto Hernández
Hacía falta que alguien planteara en la Organización de Estados Americanos algunas verdades descarnadas, sin adornos y sin eufemismos. Todavía mejor si el encargado de ponerle el cascabel al gato tiene fama de diplomático comedido y parco cuando debe serlo, pero capaz de llamar las cosas por su nombre y, en el momento preciso, emplear términos contundentes.
El canciller, Roy Chaderton Matos, tuvo el acierto de bajarle los copetes a los jerarcas de la burocracia multilateral, colocados en sus rígidos pedestales; enrostrarle a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que no puede limitarse a escuchar y asentir cuando los golpistas venezolanos acuden a denigrar contra el régimen de nuestro país.
Era inevitable que ocurriera así. Cuando a mediados del 2001 los noticieros internacionales reportaron una peregrinación de editores y propietarios de ciertos medios de comunicación venezolanos para conversar con funcionarios de la OEA, se hizo evidente que algo anormal estaba pasando.
El solo hecho de atreverse a plantear denuncias contra el Gobierno venezolano ya era revelador. Se trata de un gremio cuyos integrantes más connotados solían adoptar un "bajo perfil" durante las dictaduras y casi nunca salían de un cómodo anonimato, ubicados en las listas de los intocables.
Para ese entonces figuraron en el mismo combo competidores que en múltiples ocasiones se agredieron entre sí con saña inaudita. Ellos, magnates que jamás se dignaban acudir en persona a reuniones de Fedecámaras o de otros gremios criollos, mucho menos haciendo causa común con sus rivales, volaron juntos aWashington.
Algunos habían sido objeto de señalamientos personales o despectivos por parte del presidente Chávez, pero no era eso lo que les quitaba el sueño.
Así pues, algo grande se traían entre manos. No se trataba, simplemente, de acusar a Chávez en la OEA como el chico malo, sino más bien mostrarle al Departamento de Estado la aparente unidad de los editores venezolanos en su afán por derrocar al régimen.
Mucho antes del golpe del 11 de abril del 2002 los editores golpistas quemaron las naves en un viaje sin retorno hacia el derrocamiento de Chávez. Orquestaron el paro del 10/12/01. Alebrestaron a sus lectores y oyentes con noticias incendiarias y tendenciosas. Redactaron el libreto para los pronunciamientos militares y utilizaron las oficinas del magnate más cercano a los gringos como comando para la toma del gobierno el 11/4/02.
Tras el fracaso, insistieron con la huelga de fin de año y el saboteo petrolero. "Calentaron" la calle con noticias envenenadas y desquiciaron a más de uno, dejando a miles de personas con los nervios destrozados. Curiosamente, mientras más despotricaban contra Chávez, más lo acusaban de no tolerar la prensa libre.
Todo les salió mal. La gente no confía en ellos, son traficantes de la falsedad. El Canciller de la República los denunció en la OEA con un discurso signado por la valentía y la dignidad.
Sus compatriotas se lo agradecemos.
Periodista