Últimas Noticias, 8 de Junio de 2003

Regla de oro de la democracia

Eleazar Díaz Rangel

El meollo de la crisis estaba en la Comisión de Legislación, que con el salto de talanquera pasó a ser controlada por la oposición y de esa manera, toda la labor legislativa:
sin su visto bueno la plenaria no podía conocer ningún proyecto de ley. Esa comisión no refleja la correlación de fuerzas de la Asamblea como ocurre en todas las demás.

Cerrada toda posibilidad de acuerdo para cambiar su composición, el MVR decidió aprobar una reforma reglamentaria según la cual, transcurrido determinado período sin que esa comisión presente su informe, el proyecto respectivo pasa directamente a la Asamblea.

Todo lleno de lógica y racionalidad.

¿Cómo reaccionó la oposición, que ha hecho cuestión de honor impedir que pase la Ley de Radio y TV? Siendo minoría, salvo que cambiara esa condición y deviniera mayoría, no tenía como. En la vida parlamentaria mundial son frecuentes las tácticas obstruccionistas para alargar ciertos debates, pero siempre dentro de la reglamentación correspondiente.

En Diputados hubo intervenciones hasta de ocho horas para demorar la aprobación de alguna materia. Estudiaron inscribir a toda la bancada en cada artículo, pero al final los votos deciden. Es entonces cuando se les ocurre impedir que la directiva de la AN asumiera sus posiciones en el recinto y se produjo el zafarrancho del miércoles.

¿Qué hizo el oficialismo?
Desbordado por esta acción, convocaron para el Calvario.

Otras veces se habló de esta posibilidad, de reunirse en el 23 de Enero. El Reglamento no es claro cuando habla de la necesidad de un “acuerdo de la mayoría” para mudar la sede. El Bloque del Cambio demostró conservar la mayoría, y la aumentó con los suplentes llamados a última hora. El Reglamento fue reformado. Posiblemente la oposición irá al Tribunal Supremo.

Confío en que ahora, cuando ni se han secado las firmas al pie del celebradoAcuerdo, suscrito “con espíritu de tolerancia para contribuir al fortalecimiento del clima de paz en el país”, persistirá la voluntad de ambas partes de cumplirlo y ajustar sus acciones a los principios allí contenidos. No creo que en la oposición tengan interés en desconocer la regla de oro de la democracia: el sometimiento de la minoría a lamayoría.

Si fuese así, le darían la razón a quienes piensan que habrían intentado un golpe de estado contra la Asamblea.

Esfuerzos han hecho por cambiar su correlación, se dice incluso que hubo hasta ofertas de soborno; por razones políticas, la amplia ventaja que al comienzo tuvo el gobierno ha venido mermando, pero esa mayoría, por precaria que sea, debe ser respetada, tanto como las aplanadoras de AD y del MVR en las dos Constituyentes (1946 y 1999) y las de AD-Copei en el viejo Congreso.

En tales condiciones, ambas partes tendrán que proceder dentro del espíritu del Acuerdo de la mesa de negociaciones, y de la letra del artículo tercero: “Somos conscientes de que en el momento histórico que vivimos es necesario ponerse de acuerdo sobre lo fundamental para garantizar una democracia participativa, pluralista, vigorosa y auténticamente representativa, donde continuaremos teniendo espacio para todos y donde la justicia social, la tolerancia, la igualdad de oportunidades, el estado de derecho, la convivencia democrática sean los valores esenciales. Tenemos conciencia de que hay que colocar esos valores más allá de la controversia política y partidista, y que los mismos deben guiar las políticas, especialmente en materias de preponderante interés social”.

No creo que la oposición sea tan ciega para no ver que políticas como ésa de desconocer la regla de oro de la democracia y no aceptar que son minoría, gradualmente les mina el campo de los indecisos que se desplazan hacia el oficialismo.

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