Red Bolivariana, 19 de Mayo de 2003

La incomunicacion es un enemigo

Guillermo García Ponce

La joven revolución bolivariana ha tenido que cargar con una herencia abrumadora. Los años de la vieja política se caracterizaron por gobiernos que fracasaron en medio de una orgía de despilfarro y corrupción. Después de agotar los recursos de la renta petrolera, años tras años, el balance fue un terrible saldo de frustración y pobreza. Todos los niveles de la expectativa de vida del venezolano se deterioraron. En un acto de sinceridad, un ministro llegó a decir que todo cuanto había en educación no era sino "un fraude". La salud pública llegó a extremos tales que retornaron antiguas enfermedades que se consideraban erradicadas.

Además, la vieja política legó una pesada deuda externa que consume un tercio del ingreso fiscal, una economía en total dependencia, la agricultura en abandono, voraces monopolios en control de líneas fundamentales de la producción y abastecimiento y una clase política sin más aliento que la ambición por la riqueza fácil.

La joven revolución bolivariana ha tenido que abrirse camino en medio de penosas dificultades. La conspiración extranjera ha contado con el apoyo de influyentes medios de comunicación, poderosos empresarios sin escrúpulos y mafias sindicales pagadas por los patronos. En mitad del camino, la vil traición de un Judas la hirió casi a muerte. Oportunistas y trepadores han formado una emponzoñada y peligrosa "quinta columna" que sabotea y desacredita al gobierno. Y como si fuera poco, hubo que vencer a costa de profundas heridas un golpe de Estado y un complot económico en menos de doscientos cincuenta días. Al mismo tiempo, la joven revolución ha debido construir el complejo andamiaje institucional y legal en medio de un Poder Judicial hostil y una Asamblea Nacional casi inoperante.

Aún así, estremecida por la traición del Judas, prisionera de los laberintos y formalidades de la Cuarta República, bajo el ataque constante de los intervencionistas extranjeros, flagelada por una burocracia perezosa, descompuesta y sin principios, la joven revolución se ha prodigado en una obra de gobierno cuya envergadura no tiene precedentes. Bastaría citar los logros en las escuelas bolivarianas, los avances para incorporar a centenares de miles de niños a la educación, la impresionante disminución de la mortalidad infantil, el cooperativismo y la política crediticia, el rescate de PDVSA, la política de viviendas, los adelantos en la reorganización de la agricultura, la construcción de los metros de Valencia ,Los Teques, Maracaibo y nuevos tramos en Caracas, el progreso en el ferrocarril de los Valles del Tuy y el nuevo puente sobre el Orinoco, etc., para valorar el esfuerzo llevado a cabo por el gobierno del Presidente Chávez.

Sin embargo, los éxitos y logros de la joven revolución no son divulgados; no llegan al pleno conocimiento del país, mientras las campañas en contrario, las tergiversaciones que vulneran la credibilidad del gobierno, son las dueñas de los espacios de opinión. Hay un silencio, por carencia de recursos o por ineficacia, que se ha convertido en un enemigo implacable del proyecto bolivariano. El desafío es romper la conspiración del silencio. O creamos el poder comunicacional bolivariano o perecemos.

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