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Red Bolivariana, 1 de Mayo de 2003
Redistribución de la riqueza e histéresis de los salarios
Manuel C. Martínez M.
En todo momento y lugar, todos los salarios pactados por patronos mercantiles han estado tendenciosamente deprimidos o menguados. El acervo de sus anales así lo prueba. Para mantener esa tendencia, el patrono ha gozado de muchos colaboradores, tales como: asesores jurídicos, sindicalistas, legislaciones interesadas, jueces mercachifles, y hasta, paradójicamente, el propio trabajador, en la persona de sus contadores, abogados internos, y demás <<profesionales>> conquistados con los perfumitos del pequeñoburguesismo.
Tradicionalmente, cuando las protestas laborales han exigido una mejor distribución de la riqueza, luego de satisfecho su sangriento pago, aquella ha quedado reducida a meros ajustes inflacionarios, es decir, a la periódica indexación de los salarios, y, en agravante añadidura, sistemáticamente tales <<ajustes>> entran en vigencia posféstum, o sea, luego que ya la inflación misma ha reempezado su nueva tendencia alcista, por inducción automática de un mayor poder de compra en los mercados..
Es un hecho cumplido que en todos los países industriales lucrativos, una vez que se redactan y aprueban macroeconómicamente los tabuladores salariales, su aplicación se eterniza en una suerte de reposo que mantiene a los salarios de todos los trabajadores al margen de toda productividad personal; y cuando esta es tomada en cuenta el salario temporal de jornada es trocado por el destructivo e inhumano pago a destajo.
Total, que los subsalarios se han hecho una constante recicladamente mantenida. Por ejemplo, el reciente aumento de un 30%, aprox., decretado por el presidente Chávez, y pagadero en dos partes (independientemente de las razones administrativas y financieras que le asisten) no es ni bueno ni malo: es una manera de hacer que el hambre de los más necesitados no los mate del todo; que sobrevivan para destinos mejores. Siempre ha sido así, y la reciente República Bolivariana no puede cambiar un estilo de pago, que llena toda la historia del trabajo asalariado, en menos de un lustro de gobierno, y muchísimo menos, accidentado y amenazado de muerte como frustradamente lo ha estado.
Desde aquí queremos hacer notar que el sistema de indexación errática de los salarios, que es como se ha venido ajustando el ingreso salarial nominal a los aumentos del valor de la <<cesta alimentaria>>, lleva consigo un peligro de efectos irreversibles y que mantiene en permanente lucha a los trabajadores frente a unos patrones que (dándoles el beneficio de la duda) podrían tener razones reales para la congelación de los s.
Y es que, por un lado, la inflación inducida por los grandes monopolios u oferentes de primer orden, y por otro, la inexistencia de una política que dé cuenta de aumentos salariales acordes con la productividad del trabajador, está devaluando progresivamente todas las monedas del mundo sin salida aparente para robustecerlas de nuevo.
Nos explicamos: Una vez que los salarios son incrementados idexacionalmente, para adecuarlos al nivel de precios de los insumos básicos del trabajador, en ese nivel tienden a quedarse. Por supuesto, cuando la productividad del trabajador mejora, el patrono tiende a represar para sí dichos incrementos, y por eso a los mercados no llega el correspondiente abaratamiento como efecto de dicha mejora productiva.
Los excedentes productivos causados por esas mejoras productivas son asimilados constabilística y plusvalísticamente a sobreganancias, y mercantilmente terminan saturando los inventarios que forzosamente son distribuidos globalizadadamente y mediante su atomizada colocación en mercados puntuales. Un buen ejemplo de esa estratégica salida macroeconómica e imperializada es el caso ALCA
De resultas, los salarios se ajustan a los precios de la cesta y no a su productividad, no se le paga al trabajador por su trabajo, sino según lo que estén dispuestos a cederle en bienes y servicios los dueños de la oferta de esos bienes de supervivencia laboral.
Si a eso le sumamos que las nóminas oficial o burocrática y la de la empresa privada, que coge cola por rebote de las erogaciones de la primera, han ido recibiendo ajustes in crescendo en función lineal con los incrementos de petrodólares, (caso venezolano), entonces, los tabuladores salariales han venido mostrando una tendencia unidireccional y creciente, por dos razones: mayor disponibilidad bruta de los ingresos petroleros, y adecuación inflacionaria o indexación coyuntural.
Una curva de salarios así desenvuelta en el tiempo y el espacio suele no regresar jamás por la misma trayectoria del ascenso. A esto se le llama <<histéresis>> del costo salarial. Dicha histéresis, es apuntalada por un patronato privado y oficial que ha venido limitando la distribución de la riqueza de ellos con sus trabajadores a simples reacciones termométricas del calor mercadotécnico y no a la dinámica productiva del jornalero. Se trata de uno de los mejores indicadores económicos representativo del Neoliberalismo: Un divorcio absoluto e irredimible entre la prestación aportada por los trabajadores y su paga, y un contubernio seminterno entre la inflación y el consumismo y los salarios que absorban la poca producción lanzada a los mercados de los pobres.