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Panorama, 7 de Mayo de 2003
La administración pública contra Chávez
Noé González
E l aparato público de administración nacional, heredado del régimen de partidos demolido por voluntad popular, pero mantenido y exacerbado en sus perversiones, es una emboscada a los anhelos de transformación de las estructuras nacionales.
Esta telaraña de procedimientos, requisitos, trámites, actos discrecionales, burocracia inepta, constituye tremendo fardo sobre la gestión del Gobierno Nacional, inhabilitándolo para responder a las expectativas de las mayorías ávidas de oportunidades de vida más o menos dignas.
La capacidad de respuesta ante las oportunidades de inversión de semejante armatoste institucional son casi nulas y un proyecto, aunque de magna significación económico / territorial, se sostiene sobre el empeño de sus promotores porque la administración pública, esta que padecemos, carece de resortes en los que aquellos tengan anclaje y avancen gracias a la dinámica particular para tales fines. Cualquier proyecto, estudio u obra nace en alguno de nosotros y muere en un escritorio de Parque Central, justificando el modus operandis de un cuerpo de funcionarios que vive de que el mismo no se realice.
No está de más decir que es la administración central guarida del sindicalismo adeco, de allí se alimentó durante todos estos años su voracidad clientelar. Y es en esta hidra donde se tejen la madeja de intereses privados, burocráticos y gremiales que hoy por hoy son una bomba de tiempo contra la legitimidad del Presidente Constitucional, en la medida que ahogan cualquier iniciativa de intervención pública asociada a la ejecución de un proyecto cuya realización inmediata se traduce en empleos y reactivación de la economía sectorial o local. Por supuesto, nada más favorable a la convivencia de mafias e industria de la corrupción que esta administración pensada y desarrollada para el negocio privado no para el bien público, para el clientelismo no para la carrera funcionarial, para la vida rentista no para el acto productivo.
Un análisis elemental de economía política del funcionamiento del aparato público devela al sector financiero como el gran beneficiario de la inoperancia estatal. En la medida que no se ejecute el presupuesto los funcionarios deben colocar robustecidas partidas en la banca que a su vez adquiere, con ese dinero público represado en algún despacho letras del tesoro. Abonan réditos miserables por la colocación al tiempo que reciben altos intereses del Banco Central. Así, qué estimulo tiene la banca para eficientar sus servicios o estimular el crédito y el ahorro. ¡Viven de este andamiaje rentista y parásito!
Esta administración pública no nos sirve. Urge la construcción de una estructura económica productiva y vigorosa que genere empleos dignos y competitivos, como mecanismo de distribución de la riqueza nacional. Para ello habrá que recurrir a un revolcón administrativo e institucional que se lleve por delante los intereses creados en el propio corazón de la administración nacional, cautiva de los nuevos buscadores de renta y de los vividores añejos desgraciadamente hoy como si nada, eso sí erosionando a ritmo de vértigo el aliento popular a favor de los cambios.