Últimas Noticias, 28 de Abril de 2003

La oposición al trabajo

Augusto Hernández

La controversial década de los 60, cuando los movimientos de protesta surgieron por doquier, tuvo también su cuota de idioteces.

Una de las consignas más inútiles entre las voceadas en dicha época afirmaba "¡El sistema se hunde, haz peso!". Nunca supe a ciencia cierta en qué consistía "hacer peso". Supongo que no se trataba simplemente de que los promotores del hundimiento del sistema se dedicaran a engordar, sino más bien a realizar una especie de sabo teo por inercia, una "operación morrocoy" permanente, colaborando con los ineptos que nunca faltan en los organismos estratégicos de la sociedad a trabajar de la peor manera o, más sencillo aún, no trabajar.

Por fortuna aquella reacción contra el estado de cosas imperante en el mundo se distinguió por acciones de signo más positivo, como el Mayo Francés, la Primavera de Praga y los movimientos pacifistas en Estados Unidos y Europa. Ello evidenció que en ambos lados de la cor tina de hierro la procesión andaba por dentro. Por lo demás no podemos olvidar las innegables ventajas que aportaron la revolución sexual y los Beatles.

Pero existen personas u organizaciones capaces de copiar sólo lo negativo. Fue así como de aquella revolución ideológica los adecos adoptaron la táctica del saboteo para hundir a los gobiernos de signo contrario.

Alo largo de 45 años se atornillaron en la administración pública mediante fueros sindicales, congelación de cargos, decretos de inamovilidad y diversas leyes que consagran el mangüereo. Finalmente la "dedocracia" quedó disfrazada de "meritocracia", al estilo Pdvsa.

Por último el descubrimiento de que perderían los fabulosos negocios de la conchupancia durante el gobierno de Chávez los impulsó a un esfuerzo supremo. Al principio se dedicaron a la conspiración mediática y siembra de rumores contra la economía, luego optaron por la subversión patronalmilitar que culminó en el fraca so del 13 de abril. La impunidad de los golpistas los envalentonó para recurrir entonces a nuevas huelgas y paros de todo tipo, hasta culminar con las actividades conspirativas y los saboteos de diciembre y enero pasados.

Se las jugaron todas y perdieron la partida. Ahora retornan a las tácticas habituales, el sindicalerismo adeco vuelve a lo único que sabe hacer bien, o sea, usar a los trabajadores para oponerse al trabajo.

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