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Red Bolivariana, 30 de Abril de 2003
Lo que aun falta por aprender...
Guillermo García Ponce
En la literatura política europea del siglo pasado se conocía con la denominación de limpenproletariak a los bajos fondos de la clase obrera. Era ese estamento envilecido por los vicios de la burguesía; sin conciencia, principios ni moral, dedicado al crimen y la prostitución. Al lumpenproletariak lo describían como un manadero podrido donde la contrarrevolución reclutaba agentes provocadores, sicarios a sueldo, mercenarios para cualquiera aventura, metiendo la mano en el estiércol de toda suerte de renegados, traidores y personajes sin principios.
En Venezuela no tiene la misma denominación. En Europa de explica por la existencia de un proletariado de larga historia en las luchas sociales. Aquella denominación permitía establecer una diferencia entre los trabajadores involucrados en la acción clasista política e ideológica y las capas de la clase obrera pervertidas por la mentalidad y las prácticas oscuras de la sociedad burguesa.
Sin embargo, el resultado es el mismo. También en nuestro país existe una capa que se desprende de las filas sindicales o de las organizaciones populares y que degenera hasta transformarse en un vulgar hamponato político. Es un bajo mundo en donde se origina toda esa abigarrada especie al servicio de los peores intereses de la vieja política ya sea por dinero o por simple descomposición personal. Allí se recluta el personal de choque que poseído por pasiones irracionales es capaz de la agresión armada, de violar una Embajada, de llevar a cabo la provocación política o física o de armar camorra pendenciara con cualquier pretexto o ser usada para el brutal atentado terrorista.
De ese mismo mundo es el hamponato de cuello blanco. Después de la derrota del segundo golpe de Estado en diciembre y enero nuestro lumpenproletariak de cuello blanco no ha tenido más remedio que dedicar más espacio a los oficios solapados y encubiertos. Traficante de calumnias e intrigas, activista de la murmuración difamante, periodista tarifado, supuesto amigo presto a la renegación, infiltrado o quinta columnista que se dedica a dividir y descalificar, pero, sobre todo, supuesto revolucionario o “comentarista imparcial” que oculta bajo disimulo su verdadero rol para acometer la traición vil en el momento dado.
Las fuerzas que concurren en apoyo al Presidente han aprendido a derrotar a sus implacables enemigos en las batallas abiertas. Ahora la joven revolución bolivariana deberá aprender a derrotar al calumniador, al divisionista, al periodista dedicado a la chismografía difamatoria; deberá aprender a identificar al provocador, al sucio murmurador, al que difunde las especies tendenciosa fabricadas en los laboratorios de la contrarrevolución; descubrir la “quinta columna”, aislar y desenmascarar al lumpenproletariak de cuello blanco, verdadera escoria social y política.