Panorama, 11, 12 y 13 de Abril de 2003

Golpe y retorno: El testimonio del presidente Hugo Chávez

Alexander Montilla, Lolimar Suárez, Eduardo Fernández, Marinés Delgado

Trabajo publicado originalmente en http://www.panodi.com/golpe/index.html

En tres entregas presentaremos la narración y las conclusiones del Presidente de la República. Aquí, en la sede del periódico, contó sus horas más difíciles. Sus posiciones en la Opep y frente al Alca incidieron en la asonada. "En verdad para mí sí fue una sorpresa muy grande la voltereta de Miquilena al final de su vida. Algunos me dicen que nunca lo conocí bien, es posible. Algunos me dicen que siempre me engañó, es posible".

I.- "Caldera conocía del golpe"

II.- "Carmona ordenó matarme"

III.- "Ahora sí tengo cómo responder"

 

I.- "Caldera conocía del golpe"

-¿Hay elementos para pensar en el apoyo internacional en el golpe del 11 de abril?

-Les voy a dar este detalle que yo creo que casi nadie lo sabe. Unas horas antes del golpe, el mismo 11 de abril al mediodía, el entonces ministro de Finanzas, el general Francisco Usón Ramírez, llegó al Palacio, yo lo recibo unos minutos porque teníamos una situación muy comprometida. Venía muy asombrado porque le llegó la información de que estaban subiendo los bonos de la deuda venezolana en esos precisos instantes. Y en la tarde, aún con los muertos y aún con la sangre, me volvió a llamar el ministro y me informó que los bonos seguían repuntando y me advirtió que eso le parecía muy extraño, porque no se explicaba cómo en una situación como esa los bonos estaban repuntando. Yo le respondí que no me extrañaba, porque yo sí sabía lo que estaba pasando. Claro, ya todas estas casas evaluadoras de riesgo tenían los datos y estaban seguras de que yo me iba, y que al día siguiente amanecería un nuevo gobierno.

No es extraño que el Fondo Monetario Internacional fuera la primera institución mundial que se pronunció el mismo 12 de abril, diciendo que el gobierno llamado de transición, que no era otro que el gobierno golpista, tendría todo el apoyo del FMI. A confesión de parte relevo de pruebas.

-¿Y cómo logran estos intereses internacionales penetrar a la Fuerza Armada Nacional, a sectores de Fedecámaras, para ejecutar ese golpe?

-El golpe lo que hizo fue reverdecer... como aquellas matas secas de la sabana cuando llega el invierno. El golpe aquí se montó en el año 1998. Hay que recordar cuando este servidor era candidato, andaba un jefe del Ejército en campaña antiChávez en los cuarteles. El entonces jefe del Ejército decía abiertamente que Chávez no podía ser Presidente, que había que buscar una alianza y aquel hombre era sólo una voz de unos cerebros que estaban por detrás de él. Por ejemplo, el ex presidente Caldera conocía del golpe, así como en el 98 conocía del intento del golpe. Nosotros tenemos informes sobre gente que estuvo en casa de Caldera la noche del 10 de abril. No hay que olvidar que Caldera fue el último mohicano, ojalá viva muchos años más, pero él fue el último representante de un Pacto de Punto Fijo que pasó a la historia y que ellos sueñan con reinstalarlo, ¡sueñan lo imposible!.

Así que ese golpe del 98 contaba con un grupo de militares que estaba organizado. Yo recuerdo clarito cómo los militares institucionalistas desde entonces, los militares constitucionalistas, los militares patriotas, me alertaban. Yo era el candidato y siempre me llegaba un militar, a escondidas, a decirme cómo tenían en Fuerte Tiuna toda una unidad militar conformada para tomar el poder el día 6 de diciembre si el resultado electoral hubiese sido estrecho. Si la diferencia hubiese sido mínima, ellos tenían un plan para desconocer el triunfo nuestro y para dar un golpe de Estado bajo cualquier excusa. No pudieron hacerlo, primero porque chocaron con la estructura militar constitucionalista; desde entonces vienen chocando. Chocaron con la masa popular en la calle y con el triunfo aquel, avasallante. No podían poner en duda nuestra victoria. ¿Recuerdan que yo en una ocasión decía siendo candidato que teníamos que ganar por nocaut? Si ganábamos por decisión, nos podían robar la pelea. Teníamos que lanzarlos largo a largo, como quedaron. ¿Cómo se le quita la pelea a un boxeador que tire al otro allí y lo deje fulminado? Y además chocaron con la estructura institucional y patriota de la Fuerza Armada Nacional.

-¿Qué tiene que ver con el del 11 de abril?

-Bueno, cuatro años después ellos relanzan el golpe. Lo rearman con las mismas estructuras: Fedecámaras...o una cúpula de Fedecámaras... que es representativa de lo más degradado del empresariado histórico venezolano, los que siempre contrabandearon, los que nunca pagaron impuestos. Ellos no son los verdaderos empresarios.

Entonces, el apoyo externo fue determinante para ese golpe, porque el apoyo externo es el que los reordena y los pone de acuerdo. ¿Cómo es que se ponen de acuerdo, por ejemplo, empresarios de medios de comunicación que durante muchos años fueron rivales?, medios que ahora tú los ves alineados en torno de un proyecto, al proyecto de sacar a Chávez, en torno de un golpe de Estado. ¿Cómo se ponen de acuerdo unas cúpulas sindicales con unas cúpulas empresariales? ¿Cómo se ponen de acuerdo cúpulas de Acción Democráticas con cúpulas de Copei?, que por años estuvieron enfrentados. Todos fueron ordenados con el apoyo externo. Lo que hicieron fue reordenar y reorganizar el viejo golpe, la vieja idea golpista de 1998. Pero chocaron igualmente. Se estrellaron de nuevo.

-Lograron infiltrarle gente muy cercana al gobierno. ¿Cuál de esas fue la que más le sorprendió?

-Me sorprendió un poco el caso del general Efraín Vásquez, aunque ya venía desde hacía algunos meses teniendo yo algunas dudas. Ustedes lo conocen porque yo lo nombré comandante de la Guarnición del Zulia. Conozco a su padre. Una vez el general Vásquez me solicitó una reunión con su padre, quien es un coronel de la época del general Pérez Jiménez, y yo una noche con todo gusto accedí. El viejo me habló con un gran sentimiento cómo ellos fueron al exilio durante el gobierno adeco de Betancourt; cómo fueron perseguidos, sólo porque había sido un funcionario con un cargo de mediana importancia en el gobierno de Pérez Jiménez. Ni siquiera fue una figura relevante, pero no lo perdonaron los adecos. Los adecos no perdonan cuando están en el gobierno. Esos sí persiguen, hostigan y hasta matan. Aquel hombre me recordaba aquello. Sí, me sorprendió, de alguna manera el general Vásquez. Otros militares, como el general Manuel Rosendo... pienso que él no estaba en la componenda. Yo no puedo decirlo. No. Él estaba ahí como entre dos aguas, pero al final creo que la presión lo dominó, fue una presión muy fuerte. En el momento, por ejemplo, de la ejecución del Plan Ávila yo estoy llamando a Rosendo... y es aquella famosa grabación que sale de "Tiburón", un radio que me han dado para comunicarme con los jefes militares, y llamo a Rosendo, "Tiburón cuatro", creo que era, y resulta que no respondía...lo mando a llamar por teléfono y me dice su ayudante que el general está encerrado en su oficina y no quiere atender a nadie. Él estaba como en una gran lucha consigo mismo en ese momento. En algún momento, me contaron, le dio un golpe a la mesa y se encerró. Luego apareció al lado de ellos, pero creo que producto de la presión. Incluso, él fue a Palacio en la noche a hablar conmigo y recuerdo que me dijo "reléveme, yo no soy capaz de estar en el cargo en esta circunstancia". Así que hoy no considero a Rosendo como un traidor, creo que fue un hombre metido en unas circunstancias muy difíciles, luchando entre dos corrientes y se dejó arrastrar por la corriente golpista. De lado civil no hubo para nosotros ninguna traición. El caso de Luis Miquilena ya lo conocíamos. En verdad para mí sí fue una sorpresa muy grande la voltereta de Miquilena al final de su vida. Algunos me dicen que nunca lo conocí bien, es posible. Algunos me dicen que siempre me engañó, es posible. Yo delante de él soy un muchacho.

Después del golpe él me pidió una entrevista y yo con mucho gusto lo atendí. Estábamos los dos solos por allá en la montaña, en Fuerte Tiuna. Nos sentamos en silencio. Yo le miro los ojos, él estaba muy callado y le digo una frase: "oye Luis, como son las cosas. Dieciocho de octubre de 1945. Golpe de Estado contra Isaías Medina Angarita, a quien tú ni conocías. Según supe, saliste a la calle a defender aquel gobierno con el que no tenías ningún compromiso, agarraste un fusil y te fuiste a defender ese gobierno contra los adecos, contra Betancourt y los que tumbaban al viejo Medina, quien fue un buen hombre, un buen Presidente, un general civilista...Cincuenta y cuatro años después, golpe de Estado contra quien ha dicho no sé cuántas veces públicamente que se siente un hijo tuyo. No dudaste en ir a unirte a los enemigos de quien ha dicho ser tu hijo. Ve como es la vida". Luego seguimos hablando...

-Queremos preguntarle si usted considera que el golpe del 11 de abril guarda relación con sus posiciones frente al petróleo y frente al Alca. Usted ha defendido precios superiores a 20 dólares por barril y ha dicho que el Alca debería estudiarse más allá del 2010, lo cual toca intereses internacionales. ¿Qué piensa?

-Sí, el golpe de abril, como ustedes reseñaron, tiene connotaciones internacionales. Es parte de una batalla mundial. Venezuela se ha venido convirtiendo, como Ignacio Ramonet lo viene diciendo desde hace dos años, en punto de referencia del globo.

Es una propuesta alternativa que está en marcha; una propuesta alternativa al modelo neoliberal globalizante que pretende imponerse al mundo entero. Es una propuesta frente a la aldea global que pretende borrar del mapa las naciones, las Repúblicas y debilitar los Estados al mínimo. Esa aldea pretende desconocer las constituciones de los países y pretende establecer una especie de Constitución mundial, pretenden crear un poder mundial y desconocer la soberanía de los pueblos.

-¿En qué incide lo de la Opep?

-En Venezuela está en marcha un intento supremo de ir abriendo un camino contra viento y contra marea, contra mil vientos y mil mareas. Hay que ver lo que nosotros hemos resistido: presiones; amenazas, algunas veladas, algunas soterradas, otras abiertas, otras muy descaradas. Cuando nosotros asumimos la política de fortalecer la Opep, por ejemplo, o cuando nosotros levantamos desde el primer día la bandera llamando la atención acerca del periodo del Alca, Venezuela se convirtió en algo así como un gobierno incómodo frente a la pretensión hegemonista. Eso, por supuesto, influyó en el golpe.

-¿De qué manera?

-Por el apoyo externo que aquí llegó. Una oposición que estaba minimizada se sintió guapa y apoyada. Les dieron luz verde y pensaron "ahora sí, Chávez está out, estamos listos, vamos a arremeter contra él". Guapos y apoyados intentaron lo que intentaron y fíjense el daño que le han hecho al país.

 

II.- "Carmona ordenó matarme"

¿Cómo fueron esos momentos de su llegada a Fuerte Tiuna esa madrugada ya del 12 de abril?

-Me llevaron directamente al edificio del comando del ejército por un sótano. Subimos a la sala de conferencias en el cuarto piso. Ahí me extrañó ver a dos obispos. Por qué digo que me extrañó, porque yo los había llamado temprano a Palacio y no fueron.

Bien, allí estaban Baltasar Porras y otro obispo. Ahí había de todo. Ví algunos rostros solidarios; otros más exaltados; algunos pedían abiertamente que debían matarme; a otros los ví dudosos, temerosos. Había mucha gente, había de todo. Había ambiciosos y estaba el grupito realmente conspirador.

Ese grupito se veía muy activo, tratando de coordinar aquello que habían liberado, aquella caja de pandora que abrieron. Saludé a algunos y me senté al lado de los dos obispos.

¿Estaba Carmona Estanga?

- Alguien me dijo que Carmona estaba allí, yo no lo ví en verdad. Yo estaba sentado frente a una mesa y la puerta de entrada a aquel salón me quedaba casi de espaldas y a la derecha. Alguien me dijo que en un momento él se asomó, yo no lo ví. Pero sí estaba en el salón de al lado, eso sí es absolutamente cierto.

- ¿Qué más sucedió?.

-Yo me senté allí, llega un general y toma la palabra. Me dice 'teniente coronel' y yo le respondo 'sí general'...él me dice 'aquí está su renuncia'...yo le digo 'ustedes están equivocados, ustedes parece que no me conocieron nunca, yo no voy a firmar eso, ni lo voy a leer'. Entonces sentí que comencé a tener influencia sobre algunos que empezaron como muy serios a observarme, como a interiorizar. 'Ustedes están equivocados' les dije, 'yo no voy a firmar esto, ni voy a renunciar ni nada, ustedes tienen dos alternativas: me meten en una prisión o me fusilan, ustedes tomen la decisión'.

Luego les dije "ustedes como que no se dan cuenta de lo que están haciendo, va a amanecer en un rato y ahí está un país, ¿qué le van a decir ustedes a ese país?". Ellos se quedan en silencio. De repente uno de los golpistas más furibundos se da cuenta de que mis palabras están teniendo algún impacto sobre el grupo y rompe con un grito muy violento el mensaje que yo estaba dando. Yo me quedé callado y les dije "bueno hagan lo que quieran".

Así que los llamaron, se fueron a reunión, entiendo que con Carmona, a analizar el problema. Yo me quedé con los dos obispos y mi jefe de Casa Militar que estaba allí y otro coronel.

Recuerdo que me pregunta Baltasar Porras que cómo me siento y yo le respondí "me siento bien, pero muy angustiado por lo que aquí puede ocurrir, por lo que se puede desatar, yo creo que esta gente no está midiendo bien las consecuencias, ¿ustedes han hablado con ellos?".

Les dije que me sentía bienporque yo estoy aquí sentado en esta situación por muchas cosas, pero una muy vertical es el haberme mantenido fiel a un compromiso.

Yo le decía al obispo "estoy aquí porque pasaron tres años y yo no me rendí ni a los halagos, ni a los ofrecimientos, ni a los chantajes, ni a las presiones de esa oligarquía grosera, ni de esos poderes hegemónicos nacionales e internacionales".

Si me hubiese rendido, hubiese sido alabado...alabado sea Chávez, hasta la verruga le queda bonita, ¡qué lindo es Chávez!, ¡qué bonito!, pero como no me rendí ante ellos, soy el diablo.

Yo me sentía tranquilo conmigo mismo, preocupado por todo aquello, pero aquí en mi interior, yo decía:pareciera que tenía que ser así; y me aferraba a este Cristo que me regaló mi general Pérez Arcay saliendo de Palacio (Chávez saca del bolsillo derecho de su camisa la cruz azúl de bordes nácar y la aprieta con las dos manos) y me dije "si me voy a morir hoy, me voy contigo". Estaba dispuesto a morir con el espíritu en paz a pesar de que estaba rodeado por mucha tormenta. Más a o menos así fue lo de Fuerte Tiuna.

Después ellos volvieron como a la hora, ya estaba amaneciendo. Recuerdo que yo le decía al obispo y al otro general que estaba allí "miren, díganles que apuren una decisión porque está amaneciendo". A mí me preocupaba mucho el amanecer. ¿Qué va a pasar, qué va a hacer el pueblo, qué van a hacer los militares constitucionalistas?

Entonces cuando regresan, vuelve otro general a tomar la palabra y me dice "hemos decidido que usted se quede aquí para que asuma su responsabilidad, usted es el responsable de los muertos y será juzgado".

Yo le respondí "bueno, yo asumo mi responsabilidad, usted asuma la suya también". Él me dice "aquí está, firme la renuncia, de aquí no salimos si usted no firma la renuncia". Yo le dije "llévese ese papel, ni me lo muestre, ustedes hagan conmigo lo que ustedes quieran, pero yo no voy a firmar".

En un arrebato de desespero, uno de ellos agarra el papel y dice "bueno no importa que no lo firme, de todos modos, renunció". Le dije "ustedes saben que eso es mentira". Se fueron y me mandaron preso a una habitación de la Policía Militar...

-Suponemos que después de eso, ese general le hizo creer a los medios que usted había renunciado, porque así lo aseguraron...

-Estoy seguro que fue después de eso. Claro, me llevan a prisión condenado a muerte. Porque cuando ellos toman esa decisión de anunciar mi renuncia siendo una de las grandes mentiras, la única forma en la que yo no hubiera podido desmentir aquello, era muerto. Ellos dicen que no importa que no firme, porque están condenándome a muerte. Y en verdad, me iban a matar.

Ellos deciden sacarme de Fuerte Tiuna porque ya han puesto a correr por el mundo la tesis de que yo renuncié. Impiden que me vea nadie, pero empiezan a aparecer las pequeñas lealtades, que son gigantescas. Recuerdo ahí, en un cuarto, sentado en la mañana, no podía dormir y tenía a un capitán allí, sentado, en silencio. Pero yo sentía la mirada del capitán. De repente le veo los ojos y siento unos ojos de solidaridad y él en algún descuido de quienes seguramente lo estaban vigilando, me da una piedra y me dice "frótela mi comandante, eso le da fuerza".

Yo agarro mi piedra, pero yo ya sé que no es la piedra sola, ya es el hombre que está con la piedra ahí, es la piedra y el hombre. Entonces yo me le acerco al muchacho y le digo "no te muevas, pero tú tienes que conseguirme un teléfono y un televisor, de lo que tú hagas puede depender en mucho lo que aquí pueda desencadenarse".

Y el muchacho no sé como hizo, pero me consiguió un televisor pequeño y es cuando yo veo la renuncia. Veo que le están anunciando al mundo: "¡renunció Chávez!" y leyendo un papel "que firmó". Le dije al capitán que eso era mentira. Allí le insistí en el teléfono. Claro, cuando yo veo aquello digo "estoy muerto", porque si están diciendo esa gran mentira al mundo para montar un gobierno, "yo estoy muerto, no me van a dejar hablar nunca más, me van a desaparecer", entonces llamo a mi hija y a mi esposa desde el teléfono prestado. María Isabel logra hablar con CNN y María Gabriela habla con Fidel y Fidel la puso por el mundo. Ahí se comenzó a romper la mentira.

Luego vino la intervención de Isaías Rodríguez, pero antes de esa intervención, fíjense, se dan otras de las pequeñas lealtades silenciosas: las únicas personas que pudieron entrar allí donde yo estaba, me imagino que para cuidar apariencias, fueron dos muchachas muy jóvenes, abogadas, fiscales militares.

Afuera ya había mucha presión con eso de "dónde esta Chávez, queremos ver a Chávez". Entonces, como no dejaban entrar fiscales civiles, llevan dos muchachas pensando que como eran subtenientes, iban a cumplir una orden a ciegas.

Ellos contaron con eso, con la obediencia ciega, pensaban que todos los militares iban a cuadrarse y a decir "sí, entendido"; no conocen la Fuerza Armada, y estos generales conspiradores y golpistas se ve que no pasaron por la Fuerza Armada, o ellos pasaron pero la Fuerza Armada no pasó por ellos, no la conocen, no conocen la institución, eso es sorprendente.

Yo le preguntaba a ellos "¿ustedes creen que los muchachos de los tanques los van a obedecer?, ¿ustedes no ven que los muchachos de los paracaidistas no los van a obedecer?, ¿ustedes creen que los subtenientes se les van a cuadrar?", y ellos respondían "no chico, eso está todo controlado, tu estás equivocado, toda la Fuerza Armada está contra ti". En ese momento, casi al amanecer, me quité el uniforme allá en Fuerte Tiuna.

-¿Qué más sucedió con las dos fiscales militares?.

- Ellas habían entrado muy tiesas porque detrás venía un coronel golpista, quien además es abogado y fue uno de los jefes de la conspiración. Ambas venían a verificar mi estado. Me hacieron unas preguntas y de inmediato les respondí que no había renunciado y que estaban diciéndole al mundo una gran mentira. Les pedí que lo anotaran y que también colocaran que me tenían incomunicado, que estaban violando mis derechos, que no había podido hablar con mi familia y que necesitaba decirle al mundo que yo en ese momento era un Presidente prisionero.

Las muchachas anotan y me dan luego para que firme una hoja manuscrita, pero no colocaron lo que les dije de que yo no había renunciado. Las miro y ellas siguen allí tiesas. Comprendí porque allí seguía el coronel golpista. Firmé la hoja y me dejaron solo. A los dos días me enteré que ellas le habían mandado un fax secreto al Fiscal Isaías Rodríguez con la misma hoja que después de las firmas decía en letras chiquiticas "nota, manifiesta que no ha renunciado". El coronel golpista se había llevado la hoja original, pero ellas, con un coraje infinito, hicieron una copia y le anexaron la nota.

Con ese documento en su mano, el Fiscal Isaías Rodríguez aparece en la televisión diciendo "yo no he visto la renuncia firmada por el Presidente Chávez, por lo tanto él sigue siendo el Presidente".

REVELACIÓN.

"En situaciones difíciles soy más aplomado"

El Presidente Chávez asegura que jóvenes militares encargados de servir el café en el despacho presidencial oyeron asuntos muy graves el 12 de abril.

-¿Cómo se iba a concretar su muerte?.

-La tesis era que traté de escapar y que agarré una pistola. Ellos iba a decir "bueno, recuerden que es violento, que es loco y que está manchado de sangre; el que a hierro mata, a hierro muere". Ellos venían preparando todo eso, pero en situaciones así yo me voy aplomando. Igual ocurrió el 4 de febrero cuando pensé, ví la situación y dije "vamos a deponer las armas". Luego asumí aquello y hablé por un minuto al país. Después fui a prisión y superé nuevas dificultades.

-¿Quién dio la orden de matarlo?

-Pedro Carmona dio la orden. Entonces aceleran mi salida de Fuerte Tiuna, me llevan muy cerca del comando del ejército donde operaban los golpistas. Allí está el batallón O´Leary, que ellos creían tener controlado. Ahí no duré ni media hora porque me montan en un helicóptero y me llevan a Turiamo. Serían como las diez de la noche. Hasta allí llegó la orden de matarme, pero se formó un conflicto entre quienes querían acatarla y quienes no querían.

Fíjense como sería que en Turiamo no me tenían reservado dormitorio ni sitio de reclusión. Por fin, me metieron en una enfermería del puesto de la Marina y así amaneció.

 

III.- "Ahora sí tengo cómo responder"

-Al amanecer del 13 de abril usted estaba en la enfermería del comando naval de Turiamo. ¿Quiénes le acompañaban?

-Unas muchachas también militares, una médica y otra enfermera llegan a tomarme la tensión. Una se pone a llorar y me dice "ay Presidente, mi comandante, yo sí quería conocerlo a usted, pero no así". Yo estaba en shores y en chancletas, con una franelita, ella lloraba y decía "qué pensaría mi mamá si lo viera así". Me ablandó el corazón y me hizo llorar por las cosas que me dijo.

La doctora fue muy solidaria. Me preguntó por las medicinas que yo tomaba y las mandó a buscar. Buscó para el colesterol, los ojos y otros achaques que uno carga por ahí.

Las muchachas empiezan a comunicarse y a permitirle entrar por allá por la parte de atrás a algunos soldados que venían a saludarme.

El cuartico empezó a ser objeto de visitas, incluso creamos una seña. Me decían que si tocaban la puerta tres veces eran ellas, entonces yo les abría porque yo la trancaba por dentro. A cada rato llegaba alguien y tocaba.

En una de esas me llega un teniente bien plantado y me pregunta si yo había renunciado. Le dije que no y de inmediato me dijo "señor Presidente, cuente conmigo, tengo veinte hombres listos, Maracay está todo en la calle, mi esposa vive allá, la llamé ahorita por teléfono, mi general Baduel está alzado y los paracaidistas salieron a la calle a favor de usted, cuente con nosotros. En lo que usted me ordene detengo al capitán de navío aquí y a los oficiales jefes de esta base y nos vamos a Maracay".

Recuerden que estábamos en Turiamo, estado Aragua, y Maracay está como a dos horas. Y ese plan lo estábamos haciendo.

Yo les digo que me den un permiso para ir a trotar, que quería coger aire y el sol estaba muy sabroso.

Salgo a darle vuelta a un patio y a correr un rato. Algunos se incorporan al trote. Llegan dos más y me dicen que están listos para cuando yo diga.

Les dije "esperemos la noche, en la noche nos vamos". Pero no llegó la noche porque en la tarde me llevaron a La Orchila. Ahora, ese grupo de muchachos ya tenía listo un plan para rescatarme y llevarme a Maracay. Con esto quiero decirles que ya yo al mediodía dije "las horas de Carmona están contadas".

- ¿En ese momento estaba viendo por televisión lo que estaba pasando?

-No. Absolutamente nada. Yo sí vi lo de Carmona juramentándose pero fue en el televisor de Fuerte Tiuna. Recuerda que a mí me sacaron de Fuerte Tiuna anocheciendo. Yo vi el horror de aquel decreto y el grito de la jauría. Gritaban ¡democracia! y estaban apuñaleando la democracia. ¡¡¡Viva la Patria!!! y estaban enterrándole el puñal por la espalda a la Patria.

Hay un momento muy profundo, se los voy a confesar. Me lo produjo esta muchacha de Turiamo, porque ella me habla de su hijo, de su mamá y se pone a llorar; pero sobre todo me habló de su hijo y yo por los niños tengo una sensibilidad muy especial. Me dijo que su hijo tenía un añito, que estaba empezando a caminar, y ahora sentía miedo por él, por el futuro, "qué va a ser de mi hijo, qué va a pasar aquí", me decía ella.

Cuando ella se va, yo me voy a llorar al baño, pero ¡a lloraaar!

Me empiezan a asaltar imágenes de los niños, como en ráfaga, veo muchos rostros de niños, sobre todo de niños pobres. Después que lloro y me lavo la cara, busco un cigarro de una cajetilla que me habían regalado y me puse a fumar. Volví a fumar. Cuando me recuperé dije "no, yo no puedo rendirme".

Y yo salí de ese baño, después del lloro, fortalecido y dispuesto a volver. Y empecé a hacer planes para volver, pero jamás pensé que sería tan rápido.

- ¿Y ahora cuál es la situación frente a una hipotética rebelión?

-El 11 de abril yo no tenía un plan alterno. Hoy, ¡miii!.. Hoy yo tengo mi propio plan de respuesta y tengo mis propias redes de comunicación directamente con las unidades de combate.

A la hora en que a alguien se le ocurra inventar algo, directamente me comunico con los muchachos de la Aviación, los Mirage, los F-16, los helicópteros, los tanques, con los infantes, con los paracaidistas.

- Ahora cuando se cumple un año del regreso al poder ¿en qué etapa está el golpismo?

-El golpismo en este instante está viviendo una etapa de desespero, lo cual lo hace peligroso porque el desespero puede conducir a locuras. Sí, hay locuras por ahí sueltas. Y sobre todo, dado esto de la impunidad. La sanción tiende a ser ejemplarizante, pero como no ha habido sanción ellos se sienten libres de hacer y deshacer, y aquello puede convertirse en la base de nuevos intentos de locura.

Pero en este instante todo ese proceso que se soterró después del triunfo electoral del 98 y se disfrazó, y estuvo por allí moviéndose, y luego se activó ante una circunstancia, según ellos apropiada, ese golpismo hoy está derrotado, desmoralizado, sin un liderazgo claro. Ese golpismo está fragmentado, dividido entre ellos mismos, pero con cierto grado de desespero e intentando captar militares, intentando captar grupos civiles, incluso corrientes civiles que asumen el golpismo y se han dividido ahora de la llamada Coordinadora Democrática; ahora ha salido por allí un bloque democrático o algo así...yo leía por allí declaraciones de uno de esos dirigentes quien dice que no está de acuerdo con la coordinadora, se han separado, que esto de las elecciones es una mentira, que el referéndum es una mentira, que ellos sólo quieren un pronunciamiento militar.

Es decir, esa es la expresión civil del golpismo y sin duda que algunos militares, sobre todo los de Altamira, lo que queda de esos grupos, van a continuar intentando dar forma a un movimiento golpista, pero serán derrotados. Claro, soy de los que cree que la mejor guerra es la que se gana sin disparar un tiro. Y nuestra principal tarea ahorita debe ser desmontar, neutralizar y apagar esas pequeñas llamas que andan por ahí antes que puedan convertirse en un candelero de nuevo.

Ahí es cuando creo que otros factores de la vida nacional, entre ellos los medios de comunicación, en vez de estar alentando el candelero deberían contribuir, porque ya bastante algunos medios lo alentaron. Sin la participación de estos medios que se comprometieron con el golpe, no hubiese sido posible levantar todas aquellas fuerzas y lanzar todo aquel plan.

"Los venezolanos necesitamos un poder judicial valiente"

Al término de la entrevista, el presidente Chávez queda convencido que el país necesita un poder judicial imparcial, lejano a las presiones de grupos.

Respecto al esfuerzo de los militares por preservar el hilo constitucional, admite que han sido gallardos al resistir cacerolazos, vejámenes y descréditos.

-Al cumplirse un año de su retorno al poder, ¿que ha sucedido con la justicia?

- Tenemos un poder judicial penetrado por mafias, corrompido, ¡cómo cuesta conseguir un juez que tenga valor y coraje!. Sí los hay, jueces y juezas, pero es una minoría ínfima para enfrentar el gran drama venezolano de hoy. No tenemos un poder judicial idóneo. Y por eso ocurre lo que aquí pasó. Los golpistas según un grupo de magistrados no son golpistas. Algunos incluso están manejando la tesis de que yo soy el golpista, de que yo tumbé a Carmona, y que tengo que ir preso, porque el golpe se lo di yo a Carmona; y que los generales García Montoya, Raúl Baduel, García Carneiro y todos estos muchachos son los que tumbaron a Carmona. ¡Es el colmo!.

-¿Cree usted que los cacerolazos de los cuales son objetos muchos militares pueden terminar desmoralizándolos?... Allí está el caso del general Acosta Carles...

-Tratan de desmoralizarlos. Pero ellos no se desmoralizan. Yo creo que más bien asumen sus responsabilidades con mayor rigor. El caso de Acosta Carles es un ejemplo. Él era coronel el día del golpe, y esos muchachos tomaron la Efofac, y su hermano, que es coronel del Ejército, con otros muchachos tomaron la Academia. Los dos hermanos Acosta Carles, con los cadetes y un grupo de oficiales, echaron al director de la Academia que estaba con el golpe y asumieron ellos el control de la Academia Militar y de la Efofac. Luego, asciende a general porque le correspondía y ahora es jefe de un Comando Regional de mucha importancia estratégica. Ahí lo tienen a punta de presión el gobernador de Carabobo con partido y todo, las televisoras y los periódicos regionales. Pero aquel general está ahí cada día más firme.

-¿Tiene algún recuerdo en especial de sus momentos más difíciles?

-Son muchos. Pero jamás olvidaré el temple de mi madre cuando me llevaban preso y ella me dijo "hijo, que Dios te bendiga, tu pueblo te ama".

EVALUACIÓN

ALFREDO PEÑA

"Ustedes recuerdan que yo nombré a Alfredo Peña como ministro. Me lo metieron por los ojos con el cuento de que era un periodista combativo en la lucha contra la corrupción. Yo me tragué el cuento. Sí, con mi inocencia. Yo era virgen políticamente...sí...¡perdí la virginidad políticamente!...y de qué manera. Empezó a hacer nombramientos y la gente patria o muerte que tiene años trabajando conmigo me alertó. Peña era la punta de lanza cuando llegaban dueños de canales de televisión o de grandes periódicos caraqueños a pedir créditos para hoteles y otros asuntos. A todos les dije que Miraflores no era una casa de negocios".

LUIS MIQUELENA

"Yo no tengo compromisos materiales o grupales con nadie, pero Luis sí los tuvo y fuertes por muchos años. Cuando aprobamos las leyes habilitantes, él se opuso. Era ministro del Interior. Recuerdo un extraño viaje que hizo a los Estados Unidos pocos días antes del paro del diez de diciembre del año 2001. Yo ni me enteré. Se quedó como ocho días por allá para unos tratamientos. Cuando él retorna me entero de una reunión donde invitan a que se desconozca mi autoridad para que suspenda la Habilitante. Cuando hablé con Luis, se puso pálido y me lo negó. Le dije 'tengo pruebas, sé quiénes estuvieron'. Cuando se ve descubierto me responde que no está de acuerdo con esas leyes. Entonces le dije 'renuncia, no te queda más alternativa que renunciar porque lo que estás haciendo es traición, tú estás conspirando a mis espaldas'. Hasta allí llegó la relación".

JOSÉ VICENTE RANGEL

"Debo decirles que José Vicente Rangel se agigantó en los momentos más difíciles. El once en la noche me dijo 'aquí estoy, no me voy a ir, no me voy a rendir, le dije a Anita que si este día llegaba iba a perder a su marido y a su hijo, ahí está Pepe', y mandó a pasar al alcalde Rangel Ávalos al despacho. José Vicente me dijo 'a mí no me dé ningún fusil, yo no soy hombre de armas, pero aquí me quedo'. Estaba imperturbable José Vicente. Aquel día yo aprendí a respetar mucho más a este hombre, a nuestro vicepresidente y amigo".

CLÍVER ALCALÁ

"Conversé con el coronel Clíver Alcalá el once de abril como a las diez de la noche. Era el comandante del Batallón Blindado Bravos de Apure en Fuerte Mara. Me dijo que tenía sus cuarenta tanques encolumnados y que se iba para Maracaibo cuando recibiera mis órdenes. Además tenía contacto con trece comandantes de batallones en otros lugares del país. El general Raúl Baduel ya se había puesto a la orden. A todos les dije que esperaran. Pero luego nos sabotearon las comunicaciones y no pudimos hablar más".

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