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Red Bolivariana, 19 de Abril de 2003
Cuando la Oposición es el Dictador
Manuel C. Martínez M.
Históricamente, cuando se habla de dictaduras, se alude a gobiernos, a los mandatarios y, en general, al tipo de régimen político en ejercicio de mando, en una sociedad donde el pueblo no pueda asumir una postura crítica frente a sus gobernantes, so pena de ser reprimido de mil maneras.
Pero, así como un gobierno, hasta el más democrático, es susceptible de ser acusado, enjuiciado y sancionado como antidemócrata, porque asuma una conducta a todas luces y administrativamente desviada de los postulados que le llevaren al poder ora en la persona de sus principales autoridades, ora en la de sus subordinados tanto medios como inferiores, pensamos que también lo es la Oposición, esa que, desde su privilegiada posición de crítico per se, se dé a la tarea de poner en práctica, precisamente, las acciones que tradicionalmente han caracterizado a un gobierno despótico, dictatorial, fascista y antipopular.
Tal es el caso de la Oposición venezolana del último bienio. Sin cortapisa alguna, ha mediatizado y soliviantado la opinión pública a su antojo, a través de su omnímodo dominio sobre la TV privada y principales medios escritos; ha organizado y estructurado descarada y provocativamente sus actividades golpistas; dieron un golpe de estado, durante el cual ejercieron las formas más gorilescas que se conozcan en materia de persecución, privaciones de libertades, terrorismo; violan embajadas diplomáticas
Hasta han llegado a constituir embajadas oposicionistas, y de la manera más antinacionalista ha solicitado la intervención extranjera para que se violente la norma internacionalmente admitida de la <<no intervención>>.
Salen del poder tiránico ejercido sobre la sociedad durante sus efímeras, pero productivas 72 horas, y reasumen las mismas y dictatoriales posturas violatorias del derecho de los demás: llaman a paros cívicos, se declaran insubordinados, y llegan hasta promover conatos recesionarios, secuestran la alimentación, educación, el transporte y salud de toda la población, incluyendo al de quienes popularmente los siguen.
Por todo eso, concluimos en la tenencia de una oposición que funge de Dictadura sin cartera, por lo que se hace merecedora del mismo repudio nacional e internacional que tradicionalmente ha merecido la dictadura clásica, y no porque el gobierno u oficialismo así lo imponga, sino en respeto al proverbio: <<lo que es igual, no es trampa>>.
No puede seguirse amparando la impunidad de una oposición proclive al golpismo, ni a un liderazgo que ha dado sobradas demostraciones de ser potenciales y efectivos dictadores, potenciales y efectivos fascistas, potenciales y efectivos antidemócratas, y que cuando lleguen al poder, como lo han demostrado, lo redemostrarían. Esta dictadura oposicionista debe ser repudiada y o será en las próximas elecciones referendumarias después del agosto inminente, pero, en su condición Dictadura de oposición, debe ser repudiada por todo el resto de la población demócrata nacional y mundial.