Rebelión, 28 de Marzo de 2003

Imperio y trabajo: Estados Unidos y América Latina

James Petras

Introducción

Diversos tipos de construcción imperial tienen diferentes impactos sobre la mano de obra, la política de clase y los movimientos anti-imperialistas. Un corolario a esto es que las diversas estructuras del trabajo y de su expresión sociopolítica tienen impactos significativamente distintos sobre el proceso de construcción imperial.

La formación de la mano de obra en regiones diversas no se puede deducir de categorías económicas globales abstractas, y aún menos pueden serlo las diversas formas de acción social y política. Este documento se centrará en el “Neoimperialismo” emergente de los EEUU en el período post-Vietnam, post-Soviético, la composición de su desarrollo de clases, modus operandi y su impacto sobre la mano de obra, tanto en los EEUU como en Latinoamérica. En segundo lugar examinaremos la naturaleza cambiante de la mano de obra en Latinoamérica y las nuevas formas de organización social que emergen para desafiar al “Neoimperialismo”.

El Neoimperialismo

El “Imperialismo” ha estado con nosotros durante mucho tiempo en sus varias expresiones y configuraciones. En épocas recientes, por lo menos desde la segunda Guerra Mundial, el imperialismo se ha asociado con el anhelo estadounidense de minar el anterior sistema colonial europeo y sustituirlo por un nuevo grupo de regímenes que son ‘formalmente independientes’, pero de hecho son estados-clientes de Washington. Este sistema imperial se ha descrito como “neo-colonialismo” puesto que los líderes locales son vistos como administradores del estado al servicio de las multinacionales y bancos estadounidenses. El “imperio informal” de los EEUU fue construido y sostenido por tres pilares inter-relacionados: (1) guerras e intervención militar, (2) operaciones encubiertas de espionaje (3) fuerzas de mercado, remiendos financieros de las instituciones financieras multilaterales (FMI, BM) y las agencias económicas del estado imperial (Tesoro, Comercio, EXIM bank etc). Las fuerzas impulsoras de la construcción del imperio estadounidense desde 1950 a1973 fueron el MNC estadounidense y los militares. Desde principios de los años 1970 a comienzos de los 1980 la expansión imperial estadounidense fue estimulada en gran parte por el MNC, los bancos, las fuerzas militares subrogadas en Nicaragua, Afganistán, Angola, Guinea Bissau, Mozambique y los regímenes militares de toda Latinoamérica. De modo más destacado, los colaboradores políticos importantes en la URSS y Europa del Este, promovidos y financiados por agencias estatales y privadas, convirtieron las anteriores economías colectivistas en estados vasallos de los EEUU, integrados y subordinados a la OTAN y dirigidos por regímenes depredadores íntimamente ligados a los sindicatos internacionales del crimen aliados con el imperio estadounidense.

El derrumbamiento de los regímenes colectivistas de Europa del Este y Asia Central y su subsiguiente conquista por medio de depredadores colaboracionistas dió un gran empujón al anhelo imperial estadounidense, ensanchando su objetivo hasta ' la conquista mundial ' - prevista por el “Nuevo Orden Mundial” de Bush padre después de la guerra del Golfo y la colonización del espacio aéreo Iraquí y la división de su territorio.

El Imperio recibió el mayor ímpetu con las Guerras balcánicas de Clinton, su arriesgada política nuclear con Corea del Norte, y la propagación mundial de la doctrina neoliberal. La Rusia de Yeltsin se convirtió en una casi dependencia de los EE UU y un arco de socios clientes desde el Mar Báltico (Lituania, Letonia, Estonia) pasando por Europa Central (República Checa, Polonia, Hungría) a los Balcanes (Macedonia, Montenegro, Kosovo, Albania) a Asia Central (Georgia) definió las nuevas fronteras del Imperio de Clinton.

Tomó forma un "Neoimperialismo" construido alrededor de bases militares USA, especuladores financieros de Wall Street, clientes capitalistas depredadores en los "los países anfitriones" y colaboradores neo-liberales en Latinoamérica, África y Asia. El final de la guerra fría fue el principio de una nueva y virulenta estirpe del imperialismo construido alrededor de un sentido de impunidad, una configuración de poder unipolar en la cual Washington se vio a sí mismo como el centro del universo.

La política pública del “Nuevo Imperio " manejado por medio de directrices económicas dadas a los estados-cliente, chantaje político y amenazas económicas a los “aliados” Europeos y Asiáticos, así como acciones militares y acciones encubiertas contra 'estados'.

El “Neoimperialismo" adoptó una forma y sustancia diferentes con la llegada de George W. Bush al Gobierno y la muerte de la burbuja especulativa de Wall Street. Las fuerzas motrices que apoyan la Presidencia imperial cambiaron de los banqueros inversores de Wall Street al complejo de energía/petróleo y militar-industrial. Los conservadores partidarios de la economía libre de mercado de la era imperial de Clinton fueron sustituidos por un gabinete dominado por ideólogos militaristas de ultra-derecha. La construcción imperial por medio de los ‘integrantes económicos’ del estado imperial fue sustituida por los ideólogos de la guerra permanente, conquistas militares y promotores-colonialistas (eufemísticamente “construcción imperial”).

El “Neoimperialista" se convirtió conscientemente en "imperialista" – algunos de los portavoces y publicistas abrazaron abiertamente la denominación poder imperial, aún cuando siguen atribuyéndole una misión "humanitaria". El Neoimperialismo en su variante militarista mira hacia las estrategias de guerra, la logística militar y la creación de enormes ejércitos y aparatos de seguridad y cuantioso incremento de los gastos militares. Los costes económicos y el deterioro de la situación económica son despachados sin rodeos: la recesión económica doméstica y la Euro-Japonesa son ignoradas. Guerra y terrorismo son todo lo que importa. Se planeó una secuencia de guerras imperiales: Afganistán, Irak, y otros objetivos señalados - el eje del mal ‘señalado por el imperio’, integrado en gran parte por estados independientes de los EEUU.

La relativa autonomía del componente militar del estado imperial en relación con la clase capitalista, particularmente sus sectores industrial y financiero, tiene un impacto importante sobre la mano de obra dentro de los EE UU y en todas partes. El régimen de Bush está vinculado principalmente a los sectores energía-petróleo y militar-industrial de la economía pero se asegura el apoyo de la mayor parte del resto de la clase capitalista por medio de fianzas judiciales, subvenciones, reducciones de impuestos masivas e intervención por cuenta de la patronal en conflictos laborales. El bloque cohesivo de capitalistas que gira en torno a la agenda del régimen militarista-imperialista de Bush, está reforzado por el apoyo de grandes empresas a la política neo-liberal promovida en el exterior. Esta política proporciona el acceso irrestricto a los mercados, compras de lucrativas minas privatizadas, industrias y bancos y legislación laboral favorable que disminuye los costes sociales e incrementa los beneficios. Sin embargo, lo mismo que los negocios alemanes prosperaron en las etapas iniciales de la expansión imperial Nazi sólo para caer completamente por causa de sus sobredimensionads operaciones militares y declinante base económica, también el imperialismo estadounidense ha acumulado desequilibrios comerciales, hinchados déficits presupuestarios y una estancada base industrial doméstica hiper-dependiente del proteccionismo, subvenciones y cuotas sobre importaciones. El Imperio crece, pero la república declina y con ella las condiciones sociales de los trabajadores, tanto los salarios como los grupos asalariados.

Imperialismo y Lucha de Clases en Latinoamérica

La guerra adopta muchas formas políticas y con frecuencia los políticos las combinan. En Latinoamérica, el imperio estadounidense fue edificado gracias a generales militares subrogados, autoritarios de partido-único e instituciones financieras internacionales. A partir de mediados de los años 1970 en adelante una serie de golpes militares aniquilaron físicamente a los anti-imperialistas, regímenes independientes y fuerzas de clase y puso en su lugar a militares-clientes e instituciones socioeconómicas que permitieron a los bancos imperiales y a las multinacionales conquistar las economías latinoamericanas. Después de los regímenes iniciales militares y la toma de posiciones económicas estratégicas por parte de colaboradores públicos y privados, el Imperio apoyó la transición hacia regímenes civiles-clientes que, indirectamente, profundizaron y ampliaron el proceso de construcción imperial.

La construcción imperial tiene un principal impacto negativo sobre el trabajo: El gobierno militar se mantuvo por medio del terror estatal y condujo a la eliminación física de todos los sindicatos autónomos, trauma mental y físico, y exilio de cientos de miles de técnicos expertos, profesionales e investigadores, eliminando así las fuentes autónomas de investigación y desarrollo y garantizando el monopolio imperial de estas áreas estratégicas de la economía.La privatización condujo al debilitamiento o a la desaparición de sindicatos, al desplazamiento masivo de trabajadores cualificados y no cualificados, a la creación de pueblos fantasma, y al pillaje y despojo de activos de muchas empresas privatizadas. Los trabajadores perdieron muchos beneficios sociales a causa de la "reestructuración" empresarial – entre los que se incluyen la proliferación de contratos de corto plazo y la mano de obra rotativa. Los resultados fueron el crecimiento masivo del paro estructural, la disminución del nivel de vida y el debilitamiento de los sindicatos y los contratos. Los nuevos propietarios privados - extranjeros y domésticos - pudieron aprovechar la nueva legislación laboral industrial favorable para debilitar aún más a los sindicatos y aumentar la polarización de ingresos entre los directivos y accionistas extranjeros por un lado y por otro lado los asalariados y los destajistas. Los trabajadores perdieron como productores (salario, seguridad en el puesto de trabajo, beneficios sociales) y como consumidores (calidad en el servicio público, transporte y gastos de salud/educación/pensión).

Gravosos pagos de deudas llevaron al incremento de transferencias masivas de recursos públicos fuera del país, vaciando al estado de capital público para financiar la infraestructura, obras públicas, mejorar la competitividad económica, investigación y asistencia social. El resultado fue que el empleo en la construcción disminuyó, las acciones de los mercados mundiales mermaron y la economía productiva pasó a ser subordinada del sector financiero, que prosperó bajo la nueva economía desreglada.

La liberalización del mercado basada en acuerdos comerciales indiscriminados y no-recíprocos eliminó las barreras comerciales en América Latina lo que condujo a la invasión de importaciones subvencionadas de los EEUU y la Unión Europea, la pérdida de mercados por parte de los productores domésticos y la bancarrota a gran escala de los campesinos y pequeños y medianos productores agrícolas. En el sector urbano las pequeñas y medianas industrias se hundieron llevando al crecimiento de un floreciente sector informal y a fábricas no reguladas donde se explota al obrero.

El virtual derrumbamiento del modelo neoliberal llevó al desempleo masivo, la desintegración del tejido industrial y productivo de las provincias, la desnutrición generalizada, la masificación de barrios de chabolas y la emigración para desempeñar trabajo basura mal pagado en los EEUU y en Europa Occidental. La construcción imperial invierte la pirámide de la renta con el crecimiento de transferencias masivas de ingresos y riqueza hasta el tope del 5% mientras el 80 % más bajo sufre importantes pérdidas significativas de ingresos.

La construcción imperial es esencialmente una forma de lucha de clases altas. La implantación de dictaduras militares y regímenes neo-liberales son los vehículos principales para realzar los beneficios de las corporaciones multinacionales y imperiales, los bancos y los poderosos grupos financieros locales. Las clases sociales que físicamente son excluidas de la toma de decisiones y quienes sufren las mayores pérdidas socioeconómicas son la clase obrera, el campesinado, los desempleados, los asalariados, las mujeres, la gente indígena y los jóvenes.

Pillaje y Explotación

Las teorías tradicionales sobre el imperialismo describen varias "etapas" en las cuales el pillaje inicial va seguido del comercio de mercantilista, luego por una división desigual internacional del trabajo entre productores de bienes terminados y exportadores de materias primas, seguido por "la última etapa" de intercambios entre países de remate-bajo con industrias manufactureras baratas y las economías de servicios de alta tecnología de los estados imperiales.

Este esquema es básicamente defectuoso. Para entender la naturaleza de la construcción imperial estadounidense hay varias dimensiones esenciales que no son tenidas en cuenta por la teoría de etapas tradicional.

1) La transferencia a EEUU de decenas de miles de millones de dólares procedentes de fondos de Latinoamérica mal adquiridos por bancos estadounidenses. Esto es una forma de pillaje evocador "de la primera etapa" de la construcción imperial y juega un papel vital en el sostenimiento del déficit comercial estadounidense de otro modo insostenible, en la fortaleza del dólar y en el análisis final la economía estadounidense. La transferencia de miles de millones de dólares de fortunas logradas ilegalmente se hace a través de bancos estadounidenses, canadienses y europeos (y en muchos casos por medio de bancos Euro-Norteamericanos). El alcance y la profundidad del fraude financiero y la apropiación de los millones pertenecientes a los ahorradores de clase media son de dimensiones sistémicas.

En México a partir de principios de los años 1990 hasta el final de la década, más de 100 mil millones de dólares en préstamos estatales a firmas privadas fueron “escamoteados” (robados). El gobierno intervino para conseguir la libertad bajo fianza de los bancos con cargo a los contribuyentes y a expensas de los gastos sociales. En el mismo período Ecuador experimentó un timo financiero de 40 mil millones de dólares que causó pérdidas masivas a los ahorradores y nuevamente el Estado le consigue a los bancos la libertad bajo fianza. En Argentina, un fraude bancario de 60 mil millones de dólares empobreció a millones de Argentinos de clase media y baja depositantes de sus de sus ahorros y pensiones

Estos casos de fraude masivo y transferencia de fondos han tenido un impacto profundo en el sistema financiero, presupuestos estatales y formación de clases. En el ajuste financiero más grande los perdedores principales son los “mercados” porque los pequeños inversores perdieron la confianza en el sistema y los pequeños prestatarios fueron exprimidos en el mercado crediticio por las nuevas altas tasas de intereses diseñadas para atraer a especuladores extranjeros. En segundo lugar las fianzas estatales condujeron a una reestructuración del presupuesto, eliminando programas sociales vitales y una reducción de financiación para los sectores productivos. Y de modo más considerable el fraude llevó al empobrecimiento masivo de la clase media de una manera directa y visible. El efecto fue la proletarización de las condiciones de vida y sociales de la clase media, reduciendo su tamaño y radicalizando su perspectiva. La clase media se volvió hacia la protesta pública militante y el establecimiento de alianzas sociales con los pobres. Esto está ilustrado muy gráficamente en Argentina donde las asambleas de vecinos de clase media y pensionistas se han unido con piqueteros desempleados, en las protestas de masas y levantamiento popular.

(2) La estrategia neo-liberal de la construcción imperial ha des-industrializado un número significativo de países en América Latina y los ha devuelto hacia mayor dependencia en una serie limitada de productos agro-minerales. La reversión a una anterior división internacional del trabajo en algunos países ha creado un fondo inmenso de antiguos trabajadores industriales en paro, que subsisten en los márgenes de la economía productiva. Los nuevos enclaves de exportación han introducido nuevas tecnologías simplificadoras de tareas que facilitan mayor integración mediante la subordinación a los circuitos imperiales, comerciales y financieros. Teóricamente este 'reversión' a una forma 'anterior' de la división internacional del trabajo pone en duda las concepciones lineales de la historia que excluyen el papel de las relaciones de clase y la lucha de clases.

(3) El aumento de subvenciones estadounidenses para exportaciones agrícolas, tarifas protectoras sobre productos agrícolas e industriales mientras se persigue el libre comercio en América Latina sugieren que el régimen de comercio inter-Americano más se parece mucho más a un imperio mercantilista que a uno de libre comercio. En otras palabras una reversión "a la etapa dos" en el esquema tradicional. El imperio estadounidense incluye las necesidades de la política electoral doméstica y estabilidad política y social en casa para reclutar soldados imperiales, para movilizar apoyo político y desviar los recursos a conquistar. Esto requiere que estén satisfechos los sectores no competitivos de la economía a los que pertenecen los componentes con influencia en la política nacional o regional (algodón, azúcar, cultivadores de cítricos, textiles, acero y otros fabricantes entre muchos). De ahí que el nuevo imperialismo combine el libre comercio que beneficia a sus sectores competitivos, con el proteccionismo para sus sectores no competitivos pero políticamente importantes sectores económicos.

4) La presión de Washington para imponer el Área Latinoamericana de Comercio Libre (ALCA en español) implica el establecimiento de una comisión de comercio e inversiones para supervisar el cumplimiento del tratado. Esta comisión probablemente estará controlada por los EEUU (¿Miami?) donde estará ubicada, eliminando así la soberanía latinoamericana. La política neoliberal ha creado un grupo principal de partidarios en América Latina para la re-colonización estilo ALCA. El alto perfil del papel de IFI en la toma de decisiones económicas latinoamericanas ya ha realizado el trabajo preliminar y ha promovido "a los líderes principales" para poner en práctica el ALCA. El punto clave teórico es que el ALCA provee la base, tanto de jure como de facto, para la eficaz re-colonización de América Latina, invirtiendo el proceso de las tres últimas etapas del imperialismo.

El proceso de recolonización significa que la lucha obrera está cada vez más politizada y enfocada sobre el ALCA como instrumento de dominación. Las masivas manifestaciones de campesinos y trabajadores contra el ALCA son el más visible y mejor indicador del aumento de anti-imperialismo con base obrera. El ALCA es entendido por muchos activistas obreros y campesinos como una extensión y profundización de la política neoliberal que ha tenido un impacto catastrófico sobre el nivel de vida y condiciones de trabajo.

Estos rasgos heterodoxos de la construcción imperial estadounidense en América Latina requieren un replanteamiento de los procesos históricos y una comprensión más matizada de las complejidades de la relación entre la construcción imperial y la estructura de clases y la mano de obra en América Latina.

Desarrollo combinado y Desigual

A pesar de las antedichas reversiones estructurales históricas en forma y sustancia de construcción imperial contemporánea, las relaciones retrógradas están mezcladas con la introducción de formas modernas de producción y relaciones sociales. Industrias de alta tecnología - muy desinfladas y en algunos casos marginadas - coexisten con, o inter-penetran el crecimiento de una enorme economía de trueque entre los millones de empobrecidos. Trabajadores sin tierra y campesinos con la subsistencia quebrada son los trabajadores temporales en granjas agrícolas-de-exportación corporativas que utilizan lo último en semillas genéticamente modificadas y comercialización automatizada. Los minoristas de ropa elegante más moderna importan mercancía de subcontratistas que emplean a trabajadoras jóvenes pagándoles salarios de pobreza en fábricas donde se explota al obrero. Esclavos sexuales blancos/morenos/negros, niños incluidos, son explotados por bandas criminales organizadas internacionales que reinvierten el dinero en modernos edificios, pagarés del Tesoro y centros comerciales en EE UU, Europa y América Latina.

Las economías sumamente privatizadas siguen en tensión y en guerra con enclaves poderosos de empresas estatales defendidas por sindicatos militantes que funcionan en un mar de trabajadores no afiliados. Sectores estratégicos económicos como electricidad (México, Ecuador), petróleo (México, Brasil, Ecuador, Venezuela) siguen siendo estatales en medio de un mar de empresas privatizadas.

El desarrollo desigual y combinado también es evidente en las alianzas y relaciones de clase entre la mano de obra. Los trabajadores, en algunos países, empleados en enclaves estratégicos económicamente muy productivos se han aliado con movimientos rurales de masas - en particular movimientos indígenas/indios.

En México, trabajadores sindicados del sector eléctrico muy bien pagados apoyan a los Zapatistas mientras que los trabajadores del petróleo de Ecuador se alían con los movimientos indigenistas y trabajadores en paro. Por el contrario, los trabajadores de petróleo de Venezuela se han aliado con la élite empresarial de derechas apoyada por los EE UU que está intentando derrocar a un régimen nacionalista populista elegido. En Argentina sectores de la clase media empobrecidos y/o desempleados se han unido a los parados, mientras que la confederación tradicional del sindicato de obreros del metal y la industria - el CGT – se ha aliado con el régimen neoliberal.

El desarrollo combinado y desigual de la economía es evidente en los sectores hiperdesarrollados financiero-especulativos de alta tecnología y la des-industrializada y empobrecida economía productiva, los modernos centros comerciales y la enorme economía de trueque, las urbanizaciones de las élites del país, automatizadas/con fibra óptica y los desnutridos residentes de barrios sin electricidad, los súper-ricos y los indigentes. La construcción imperial estadounidense en América Latina combina lo moderno y lo retrógrado en sociedades de clases profundamente polarizadas.

La naturaleza cada vez más heterogénea del trabajo es un producto del desarrollo desigual y combinado que es resultado de la construcción imperial contemporánea. El “Neoimperialismo" no crea un creciente proletariado industrial moderno, ni tampoco los nuevos sujetos son uniformes en su composición étnica, racial o sexual. Lo que realmente une a los sectores laborales dispares son las declinantes condiciones del nivel de vida, el desplazamiento físico y ocupacional, el desplazamiento en sentido descendente y la intervención política de nuevos líderes sociales, nuevas estructuras de organización y una confianza creciente en la táctica de acción directa. Los sindicatos establecidos hace más tiempo (industria en Argentina, petróleo en Venezuela) que todavía persisten en defender sus posiciones estrechas, relativamente privilegiadas, han entrado en conflicto directo con los nuevos movimientos socio-político laborales.

Impacto del Desarrollo Combinado y Desigual sobre la Formación de Clases

Entender los procesos socioeconómicos es crucial para interpretar la formación de clases bajo el imperio estadounidense. Estos incluyen el enorme desplazamiento en dirección descendente, la emigración masiva de larga duración, la conversión de clase a través del espectro social, y lo más importante, la aparición de una estructura de clases sumamente polarizada en la cual el 0,1 % más alto (la décima parte del uno por ciento) de multimillonarios controla unas riquezas que exceden las del 50 % mas bajo.

La clave para la solución del problema "de la pobreza" o de "la pobreza extrema" es la eliminación de la riqueza extrema y la transferencia de los recursos financieros en sentido ascendente y centrífugo por medio de circuitos financieros internacionales y redes de “bancos corresponsales" de los 10 primeros bancos estadounidenses. La política neoliberal, la intervención estatal, las misiones militares estadounidenses y los nuevos regímenes reguladores integrados por economistas formados en los EE UU, representantes financieros locales y Banco Mundial/Fondo Monetario Internacional estadounidenses, han creado una nueva estructura de clases en Latinoamérica y han puesto en movimiento las dinámicas sociales dentro de la estructura de clases.

La Nueva Clase Dirigente

En lo alto de la estructura de clases están los multimillonarios poseedores de una serie diversificada de grandes empresas, bancos y empresas comerciales, que representan como mucho el 1 % de la población. Su ascendencia no ha sido por la actuación "normal" de fuerzas de mercado. La mayoría tuvieron sus orígenes empresariales como receptores de contratos gubernamentales - por lo general vía conexiones políticas. El segundo paso en el desplazamiento ascendente tuvo lugar bajo las dictaduras militares y los subsecuentes procesos de privatización neo-liberal. También en este caso gracias a íntimas relaciones de negocios con los militares y/o lazos con los ministerios neoliberales económico/financieros consiguieron asegurar el control monopolístico de lucrativas empresas públicas.

El tercer paso por lo general implica la inserción en los fraudulentos circuitos bancarios financiero-especulativos-de fondos de pensiones. Hicieron miles de millones mediante préstamos exteriores y especulación monetaria, tipos de intereses diferenciales (entre los préstamos exteriores y “domésticos”), y la privatización de fondos de pensiones (donde los honorarios de dirección casi siempre están cifrados en dobles dígitos) y el fraude bancario de miles de millones de dólares.

La clave de la ascensión de esta nueva clase dirigente es la desregulación de la economía y sus "dobles vínculos" - la facilidad con la que mueve el capital dentro y fuera del país, dentro y fuera de los sectores económicos. El poder estatal es fundamental para la ascensión y la consolidación de esta nueva clase dirigente. Esto se traduce en la seguridad de que sus representantes estén implicados directamente en ocupar los puestos clave del Estado: Banco Central, Ministerios de Economía y Finanzas. La nueva clase dirigente es un híbrido de propietarios y directores de empresas de capital extranjero y también "nacionales" - y todos ellos gobiernan por medio de la política local (Presidencia) y de instituciones financieras internacionales (IFI - Banco mundial/Fondo Monetario Internacional). La formación de la nueva clase dirigente es el resultado de las oportunidades económicas abiertas por el poder político institucional. Su ascenso no es fruto del “esfuerzo personal” ni del resultado de las fuerzas de mercado.

Lo que es teóricamente importante para la formación de clase es el proceso de “conversión de clase ". Al nivel de la clase dirigente hay una conversión de la actividad empresarial a la actividad financiera y especulativa, que causa las transferencias al exterior a gran escala. Este cambio en la configuración de clases de la clase dirigente ha llevado a cambios dramáticos sobre el resto de la estructura de clase. Igualmente significativo este cambio ha conducido al establecimiento de un grupo principal que favorece el ALCA y la recolonización de América Latina.

La Clase media: Los Nuevos Desacuerdos

Las "clases medias" ascendentes abarcan un grupo de la elite de políticos, consultores, economistas, agentes de bolsa, bancos de inversión, publicistas y mediadores políticos, que sirven a la clase dirigente directamente. Les acompañan proveedores de servicios que incluyen a médicos/cirujanos (cirujanos de cirugía estética), abogados mercantilistas y laboralistas, agencias privadas de seguridad, políticos, generales, jefes de policía, alcahuetes y prostitutas de alto nivel y otros que atienden a los intereses económicos, la seguridad, el bienestar y los caprichos de la clase dirigente. Este segmento de la clase media que se desplaza en sentido ascendente se ha enriquecido gracias al “proceso de privatización”. Estos son los estratos visibles, accesibles y ruidosos que atraen la atención de los científicos políticos que estudian "la política democrática".

La mayor parte de la clase media está integrada por funcionarios públicos, que incluyen a profesionales médicos y docentes, gente de la pequeña y mediana empresa, agricultores y fabricantes. Este sector mayoritario de la clase media ha sufrido simultáneamente tres procesos negativos: desplazamiento social en sentido descendente (tanto en nivel de vida como en ingresos), pérdida de empleo, y carencia de representación en el proceso político.

Por consiguiente hay un nuevo proceso de “conversión de clase" forzado - de clase media a desempleados, de trabajos basura a clase obrera. En todas partes de América Latina la clase media ha disminuido de tamaño, su calidad de vida se ha deteriorado bruscamente y se ha vuelto más activa tanto en las urnas como en las calles, aliándose con movimientos políticos diametralmente opuestos, dependiendo del país.

En Argentina, a la clase media le estafaron miles de millones de dólares de sus ahorros durante los gobiernos de Menem/De la Rua. Desde la recesión de 1999 a la depresión y la devaluación de 2001-2003, el nivel de vida de la clase media bajó un 60%. El paro se elevó a más del 25 % y la mayor parte de la clase media se empobreció. Se convirtieron en vendedores ambulantes, prostitutas de mediana edad, taxistas, y se implicaron en la economía de trueque. La importancia de la experiencia Argentina es teóricamente importante porque plantea preguntas importantes sobre el impacto que la política neoliberal tiene sobre la clase media. Antes de 1998, la mayor y más abundante clase media de América Latina se encontraba en Argentina, y fue el país que llegó más lejos en la aplicación de las recetas neoliberales.

El impacto regresivo de la política neoliberal sobre la inmensa mayoría de la clase media desmiente las reivindicaciones de los ideólogos y economistas pro-imperio de que la política "de libre mercado" conduce a la prosperidad creciente y a una clase media más grande y más opulenta. El empobrecimiento de masas y desplazamiento en sentido descendente de la mayor parte de la clase media ha sido un factor determinante en su conversión en anti-ALCA y anti-imperialistas.

La polarización interna de la clase media es sumamente sesgada, con la minoría íntimamente unida que clama a favor de ALCA mientras la mayoría empobrecida se opone a él..

La respuesta en América Latina de la clase media desencantada y desplazada es, sin embargo, sumamente variada. En Argentina, la clase media, sobre todo el sector de funcionarios y los pensionistas, se han inclinado hacia la izquierda - organizándose en asambleas populares de vecinos, que participaron en el derrocamiento régimen de De la Rua, uniéndose a los trabajadores en paro en marchas y bloqueos de carreteras, proporcionando apoyo a los trabajadores que ocupan las fábricas. En Brasil, la mayor parte de los activistas, cuadros y delegados a los congresos del Partido de los Trabajadores (PT) son funcionarios, aún cuando la mayor parte de votantes son obreros y pobres urbanos y rurales. La política moderada reformista de la presidencia de Lula refleja la composición cambiante del partido y su liderazgo – el hecho de convertirse de facto en el partido de la clase media declinante. En Bolivia y Ecuador, el apoyo al izquierdista Evo Morales y al populista Lucio García vino de sectores de la clase media declinante.

En contraste en Venezuela y México, la clase media se ha vuelto hacia la derecha. En el caso de Venezuela, la clase media declinante se ha alineado con la extrema derecha golpista apoyada por EEUU, implicándose en manifestaciones callejeras, culpando al régimen por la pérdida de poder adquisitivo y resintiéndose profundamente por la influencia creciente de los partidarios de Chavez, predominantemente negros pobres. El caso de México es más complejo porque el desplazamiento en sentido descendente de la clase media primero llevó a un giro hacia la izquierda a finales de los años 1980 y a principios de los años 1990 y luego a un cambio a favor del derecho de libre mercado apoyando al Presidente Fox en el 2000.. El desplazamiento descendente, la conversión de clase y la pérdida de nivel social de las clases medias en América Latina han llevado a la expresión política divergente, en función del contexto político, principalmente quien está en el poder y quien puede ser identificado como la fuente de su malestar. No hay ningún factor "intrínseco" que predisponga en una u otra dirección a la clase media declinante.

Clase obrera e Imperio

La construcción imperial basada en la política neoliberal y la intervención militar ha tenido un efecto profundamente negativo sobre la clase obrera, la legislación laboral y la organización sindical. Ante todo la política económica puesta en práctica por los gobiernos-clientes ha llevado a la conversión masiva de trabajadores activos en parados, infra-empleados y vendedores ambulantes “independientes” de escasos ingresos, así como trabajadores itinerantes. En Argentina donde más del 35 % de la mano de obra estaba empleada en la fabricación hace 30 años, quedó reducida al 17 % mientras la tasa de paro oscila alrededor del 20-25 %, y en barrios de clase obrera en más del 50 %.

En Bolivia, hubo pérdidas masivas de empleos en la industria y la minería, y el crecimiento de un sector informal que se aproximó al 80 % de la mano de obra. Patrones similares se desarrollan en Perú, Ecuador y Colombia. En Brasil, el paro y subempleo exceden el 40 % de la mano de obra con un sector informal creciente. En México, el sector maquila ha estado decreciendo a medida que muchas plantas de montaje se trasladan a China, causando la pérdida de cientos de miles de empleos mal pagados.

Las consecuencias sociales han sido la fragmentación y dispersión de empleo, descenso de afiliación a sindicatos y cambios radicales en legislación laboral. Lo que empresarios y economistas ortodoxos denominan "reforma de la legislación laboral" provee a los empresarios de mayor poder para despedir a trabajadores con menores gastos en términos de indemnización por despido y mayor control del lugar de trabajo y de las condiciones de trabajo, con frecuencia causando jornadas más largas sin pago de horas extraordinarias. Igualmente importante, los empresarios evaden los pagos de seguros sociales, sistemas de jubilaciones y retrasan cada vez más los pagos de salarios. Muchos empresarios han retenido las nóminas durante varios meses y luego han cerrado la fábrica, levándose la maquinaria y rechazando indemnizar a los trabajadores. Con frecuencia se han bajado arbitrariamente los salarios.

El impacto negativo de la construcción imperial abarca la mayor parte pero no todos los sectores de la clase obrera. Trabajadores muy organizados de sectores estratégicos en algunos países han sido capaces de resistirse a la ofensiva general de la patronal así como al empuje del Imperio para privatizar sectores estratégicos. En Ecuador y México, trabajadores de eléctricas y petroleras han defendido satisfactoriamente su nivel de vida por medio de la acción militante y la organización disciplinada. En algunos países estos sectores militantes bien pagados han desarrollado lazos con otros movimientos populares urbanos para oponerse a medidas y regímenes neoliberales - como el caso de Ecuador. En otros paísees los cuadros sindicales se han aliado estrechamente con privilegiados y corruptos altos ejecutivos y han tomado medidas contra la legislación positiva que favorece a los pobres urbanos, como es el caso de los trabajadores del petróleo en Venezuela.

En Argentina, después de la privatización, se cerraron muchas refinerías de petróleo, llevando al paro masivo y a la organización de movimientos militantes de trabajadores en paro, como en la Provincia Neuquen.

En Colombia, la intervención militar estadounidense por medio del Plan Colombia ha causado asaltos crueles, matanzas y tortura de cientos de líderes sindicales, activistas y afiliados. En algunos casos los patronos han contratado a grupos paramilitares para eliminar a líderes sindicales - como es el caso en la planta de Coca-Cola.

El proceso de construcción imperial incluye la apropiación directa de industrias estratégicas, la eliminación de barreras comerciales y el desmantelamiento de la legislación laboral, todo lo cual aumenta la tasa de beneficio de sus corporaciones multinacionales. Los efectos sobre la clase obrera incluyen una profunda disminución de la organización y condiciones de vida y laborales.

Como consecuencia los trabajadores de la industria y minería de muchas partes de América Latina han perdido el papel central en las luchas populares para la transformación social o la reforma. Los sindicatos sólo han sido capaces de proteger las condiciones de vida y de trabajo mediante alianzas con grupos urbanos y rurales más dinámicos.

En Argentina los funcionarios públicos sindicados pudieron forzar la dimisión del gobierno de De la Rua después de que impusiera un recorte de salarios del 13 %. Su régimen fue derribado por las protestas de las masas por las asambleas populares de la clase media y los bloqueos de carreteras de los trabajadores en paro.

En Bolivia, las demandas salariales de pensionistas y trabajadores urbanos están incluidas en una lista de diez demandas planteada por la confederación militante de cultivadores de coca, organizadores de bloqueos de las carreteras principales. Las confederaciones de campesinos son la organización de masas de oposición política más efectiva.

El punto teórico es que los nuevos sectores del campesinado, la clase obrera y trabajadores asalariados empobrecidos han emergido para proporcionar liderazgo, organización y espíritu de clase como un todo.

En Argentina, el movimiento de los trabajadores en paro ha estado en la vanguardia de bloqueos de carreteras masivos exigiendo empleos, comida y viviendas. Las asambleas vecinales urbanas de la clase media declinante han tomado parte en las protestas militantes urbanas y en los bloqueos de carreteras en Argentina, Perú y Bolivia. Coaliciones urbanas que abarcan una amplia serie de fuerzas sociales urbanas han estado en la vanguardia de las huelgas generales en Cochabamba (Bolivia) -protestando por la privatización de utilidades públicas y agua-, en Arequipa (Perú), en Quito (Ecuador), en Santo Domingo y en Bogotá (Colombia).

La organización del movimiento se ha trasladado del lugar de trabajo al vecindario. Las tácticas han cambiado de huelgas en las fábricas a la obstrucción de redes de transporte. En muchos casos estas movilizaciones de masas urbanas de los trabajadores han tenido éxito para derrotar la puesta en práctica de medidas de privatización o para obtener concesiones inmediatas.

Teóricamente, lo que es significativo es la capacidad de los antiguos trabajadores industriales (en paro) para organizar movimientos cohesivos fuera de la fábrica - en barrios – y aportar nuevas tácticas que inciden en la circulación de materias primas y la realización de beneficios. El declinar del sindicalismo y del empleo en la industria ha sido "compensado" por el crecimiento de movilizaciones de masas urbanas basado en el desplazamiento descendente de la clase obrera y la clase media que han sido desalojadas, explotadas y empobrecidas.

Trabajo Rural

Probablemente el impacto más devastador de la construcción imperial ha sido sobre la mano de obra rural, en particular los campesinos, pequeños agricultores, agricultores de subsistencia, trabajadores rurales y comunidades indias. La entrada masiva de productos agrícolas subvencionados de los EEUU y la Unión Europea ha arruinado a los pequeños productores y ha llevado a la bancarrota a las cooperativas rurales. En México más de dos millones de familias campesinas - sobre todo pequeños agricultores e indios han sido desalojados de la tierra desde que se puso en práctica el NAFTA. En Brasil bajo el gobierno neoliberal del Presidente Cardoso (1995-2002) más de 1,5 millones de campesinos y agricultores familiares han sido desalojados de las tierras. En Ecuador han desalojado en la pasada década a aproximadamente un tercio de pequeños agricultores y campesinos, la mayoría de los cuales son indios. Los regímenes neoliberales han financiado los sectores de exportación de productos agrícolas y han privado de sustento, crédito y ayuda técnica a los pequeños productores agrícolas, mientras abrían las esclusas a importaciones baratas de alimentos subvencionados. El resultado ha sido cuádruple: (1) migración en gran escala a barrios de chabolas urbanos que aumentan los sectores en paro e informales y emigración al extranjero; (2) el cultivo de cosechas alternativas, como la coca que proporciona un ingreso de subsistencia (Bolivia, Colombia y Perú); (3) el crecimiento de una mano de obra rural sin tierra; y (4) el resurgimiento de movimientos radicales campesino-indios y sociopolíticos.

La “conversión" de campesinos a la actividad urbana informal es un resultado de los efectos "de des-industrialización" de la política neoliberal. La industria no puede absorber emigrantes rurales. Para desactivar el potencial para levantamientos urbanos el Banco mundial ha financiado un ejército de más de 10,000 ONGs para implementar proyectos "antipobreza" y de "autoayuda", también llamados actividades de "fortalecimiento local" , para prevenir la aparición de movimientos de masas sociopolíticos que desafíen al Imperio y a su estado-cliente. En Ecuador, Bolivia y Perú, organizaciones basadas en ONGs se han unido a comunidades y en algunos casos a movimientos indios, reorientándolos hacia una dirección más conservadora. Unas cuantas ONGs escasamente financiadas se han dedicado a tratar de defender los derechos humanos de los activistas de movimientos sociales que fueron sometidos a torturas, encarcelamiento y violencia estatal y paramilitar.

La emigración rural a urbana ya no es un vehículo para la movilidad ascendente. Los emigrantes compiten con el número creciente de parados urbanos, por los trabajos temporales mas mal pagados que surgen. En algunos casos, los emigrantes rurales se han unido a movimientos urbanos embrionarios.

Sin embargo, la respuesta subjetiva de los campesinos y trabajadores agrícolas en primera instancia es recurrir a intercambios rudimentarios de apoyo a la subsistencia basados en relaciones recíprocas tradicionales. Los amplios lazos familiares y comunales ayudan a “compartir” los escasos recursos para la supervivencia. Estas estrategias de supervivencia se perciben, no obstante, como inadecuadas. Los recursos familiares financian a menudo a miembros de la familia para que emigren al extranjero en busca de trabajo y después transfieran parte de sus ingresos para sostener a la empobrecida familia rural.

Movimientos rurales más fundamentalmente poderosos basados en demandas económicas y étnicas han surgido en todas partes de América Latina. Los más relevantes son el Movimiento de Trabajadores Sin tierra (MST) en Brasil, en Ecuador (CONAIE, FENOCIN y otros grupos), los Cocoleros de Chapare y varias otras federaciones campesinas en Bolivia, la Federación de Nacional de Campesinos en Paraguay, por citar a unos cuantos. Estos movimientos han tenido un impacto enorme sobre los cambios de la tenencia de tierra: el MST ha ocupado tierras y ha establecido a 350.000 familias en menos de 20 años. En Ecuador los movimientos indios-campesinos derrocaron a dos regímenes neoliberales corruptos. Por toda Latinoamérica los movimientos indios-campesinos son una fuerza muy importante en el movimiento anti-ALCA y antiimperialista. En el caso de Ecuador estaban en una coalición que ganó las elecciones presidenciales, mientras que en Bolivia los Cocaleros quedaron de segundos en las recientes elecciones.

La “conversión" de campesinos en trabajadores sin tierra o agricultores de subsistencia ha tenido un impacto de radicalización en todas América Latina. En algunos casos como Bolivia el cierre de las minas de estaño y la conversión de mineros en cultivadores de coca ha radicalizado los movimientos rurales. El desalojo y apropiación de tierras de los campesinos en Colombia por fuerzas narco-paramilitares y militares ha aumentado las filas de los dos movimientos guerrilleros de Colombia.

El resultado de la conversión y organización social es que la oposición principal radical a la construcción del imperio estadounidense en muchos países latinoamericanos está localizada en el campo. En México es claramente el caso del Movimiento Zapatista que lanzó su rebelión en Chiapas el 1 de enero de 1994 - el día que se inauguró el NAFTA. En 2003 la oposición principal a la plena implementación del NAFTA ha sido una protesta rural a escala nacional que incluyó bloqueos de las autopistas principales, huelgas de hambre y amenazas con desestabilizar el tráfico comercial entre EE UU y México. En la segunda semana de enero importantes sindicatos urbanos prometieron apoyo a las demandas planteadas por los campesinos para la revisión del NAFTA. Ninguna otra fuerza social en México muestra tanta capacidad como los trabajadores rurales para la movilización y toma de acción directa para confrontar la construcción imperial y los tratados comerciales.

El desarrollo desigual y combinado en América Latina está enraizado en la concentración de inversión, control y extracción de riqueza en los enclaves corporativos imperiales financieros, agro-minerales y de trabajo intensivo. Esto ha causado la regresión y el empobrecimiento del sector rural. La ofensiva Imperial y la toma de posesión de los ingresos por exportaciones y excesos de presupuesto así como los pagos de deudas han llevado a los campesinos a "abandonar" el campo.

El resultado es que la geografía de Imperio se construye alrededor de “enclaves" de riqueza (bancos urbanos, instalaciones mineras y energéticas y puertos, agro-negocios, plantaciones y transporte y redes comerciales y plantas de montaje) y ejército y aparato policial para reprimir la población circundante, regiones y clases excluidas.

Conclusión

La naturaleza particular del imperio estadounidense - la fuerza relativa del ejército, y los sectores petrolíferos y energéticos - y el impacto de la política neoliberal ha llevado a una transformación radical de la mano de obra latinoamericana. Han surgido nuevos activistas laborales y nuevas tácticas y estrategias para combatir al imperio. Los eslabones más débiles del imperio son encontrados con precisión entre sus colaboradores principales – los clientes-estados neoliberales. La debilidad de los estados-clientes se encuentra en sus medidas económicas draconianas que han destruido el sustento de millones a través del espectro social.

El imperio no ha desarrollado o no ha ampliado las economías industriales, de servicios y comerciales de América Latina. Esto ha creado bolsas, o enclaves, de crecimiento de exportación y afluencia, en un mar de fábricas vacías, campos abandonados y abigarrados barrios de chabolas. Esto ha devastado e invertido medio siglo de desarrollo social y económico - con todas sus víctimas de clase, raciales y sexuales. En el proceso de construir un imperio neo-mercantilista de libre comercio y proteccionismo, Washington ha transformado una clase obrera urbana estable en un ejército empobrecido de masas desempleadas y subempleadas. El imperio ha desarraigado y desplazado a millones de campesinos por el desigual trato comercial, la violencia estatal y la expansión de los negocios derivados de la agricultura.

La primera consecuencia de la naturaleza heterogénea de las víctimas del imperio fue la fragmentación social que llevó a luchas esporádicas 'localizadas' y organización. Ideólogos de ultramar sin contacto con la dinámica de movimientos prepararon teorías sobre el "anti-poder". Argumentaron que la aparición de luchas locales y demandas limitadas son un substituto de la toma del poder estatal. Hoy, conforme las luchas se intensifican, un rico mosaico de movimientos sociopolíticos organizados desafía a los colaboradores-cliente del imperio estadounidense. Cada movimiento desarrolla una particular organización de base: movimientos de base étnica arraigados en comunidades indias; trabajadores en paro basados en organización vecinal; movimientos con base en las fábricas se vincularon a la ocupación de firmas quebradas; trabajadores sindicados en industrias estratégicas que se oponen a la privatización. La clave para el avance de estos movimientos es su recurso para la acción directa de masas, bloqueo del transporte de bienes y servicios y paralización de la actividad gubernamental. A medida que los movimientos han sido desviados hacia la política electoral como vehículo político primario político para la acción, los movimientos han perdido ímpetu y dirección política.

La ideología Anti-imperialista rápidamente gana adherentes dentro de estos nuevos movimientos de campesinos y obreros que sustituyen la retórica antiglobalización de las ONGs y sus abogados académicos. En 2003 el anti-imperialismo ha establecido luchas programáticas contra ALCA, Plan Colombia, intento estadounidense para derrocar al gobierno Chavez y en las luchas diarias de los agricultores Mexicanos para derrotar el NAFTA.

La debilidad del imperio se encuentra en la pérdida de hegemonía de su estrategia económica neomercantilista de pillaje, desindustrialización y especialización de la exportación. El imperio estadounidense no ejerce la "hegemonía" fuera de los círculos de gobierno y entre elites sociales liberales intelectuales. Entre los movimientos activistas antiimperialistas - identificado con la oposición al pillaje estadounidense - EEUU recurre a la intervención militar, acción encubierta y represalias económicas.

El choque entre el imperio y la clase obrera latinoamericana, las masas en paro, las clases rurales desalojadas y las clases medias declinantes puede verse por toda América Latina. En la Venezuela socialmente polarizada, en el movimiento de masas agrario anti-NAFTA en México, en la guerra civil de Colombia, en las luchas de los cocaleros Bolivianos, entre las masas de trabajadores en paro y las asambleas populares de la clase media en Argentina la izquierda está devolviendo el golpe. Cuándo los excluidos gritan "Que se vayan todos" (Políticos marcharos)!, incluyen a generales estadounidenses, banqueros y golpistas.

Traducido para Rebelión por Marina T.

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