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Últimas Noticias, 9 de Marzo de 2003
¿Dónde está la sociedad civil?
Eleazar Díaz Rangel
En un mes se cumple un año del golpe que derrocó al gobierno constitucional del presidente Chávez.
Siete fuerzas coincidieron en ese propósito: mediática, (la más poderosa), militar, empresarial, partidista, Pdvsa, sindical de la CTV y la “sociedad civil”, que entrecomillo sólo para señalar que es una parte de la sociedad civil. Apenas 48 horas se mantuvo el régimen provisorio.
La simultánea reacción en la Fuerza Armada y la movilización popular repusieron al gobierno derrocado.
Pero Chávez no tuvo capacidad para cobrar esa victoria.
Solamente pudo hacerlo en la Fuerza Armada, depurada de la cúpula golpista. Cerca de 200 oficiales fueron desplazados de sus posiciones, algunos retirados de la institución, y posteriormente, el Presidente fue consolidando y reforzando las suyas. Permanecen oficiales antichavistas, es natural que así sea, pero nunca ha estado tan fuerte como ahora, con una inmensa mayoría leal a la Constitución.
Quedaron intactas todas las demás. Los medios siguieron siendo la fuerza fundamental.
Chávez se mostró conciliador, inútilmente. No logró nada. Ni una concesión. Reenganchó a los gerentes petroleros y aceptó la renuncia de la Directiva de Pdvsa protestada. Promovió una mesa de diálogo que no le dio los resultados buscados.
La infame decisión del Tribunal Supremo según la cual lo que hubo fue un “vacío de poder” sirvió de manto a la impunidad.
Nadie fue culpable.
El 1º de mayo la “sociedad civil” demostró que conservaba su fuerza en un desfile que encabezaron empresarios y cetevistas.
Desde entonces salió a la calle cuantas veces la convocaron, siempre con el apoyo de los medios. En la historia política venezolana ninguna manifestación contó nunca con tanta promoción mediática como estas de ahora: prensa, radio y TV a su servicio. Ni en 1958 tuvieron ese apoyo cuando todos se movilizaban unidos en defensa del régimen provisional que presidía Larrazábal, y que en dos ocasiones debió enfrentar insurgencias militares.
Decenas, centenares de miles, tomaron las calles. Casi todos de clase media. Con menos éxito se desplazaron a algunas ciudades del interior. Nunca se atrevieron a acercarse a los sectores más populosos de Caracas.
¿Qué los hacía salir a la calle con sus banderas y pitos.?
Un solo objetivo. Se les hizo creer que la caída de Chávez no sólo era posible sino cercana.
El comienzo del paro y la “insurrección” de Altamira los entusiasmó más. La parali zación de la industria petrolera, el bloqueo de los puertos y la escasez de gasolina les hizo creer que la salida no sólo estaba muy cerca, sino que era inminente.
Declararlo “paro activo” les reafirmó más esa idea.
Hasta que comenzaron a contar las semanas y no pasaba nada.
Chávez seguía ahí. Finalmente, observando cómo el paro se desmoronaba, pese a lo que decían cada noche sus dirigentes visibles y destacaban casi todos los medios, quienes realmente lo conducían se convencieron de que esa no era la vía para desplazarlo del poder.
“El paro boquea”, nos atrevimos a titular en Últimas Noticias y al día siguiente Manuel Cova hizo el anuncio formal.
El paro había fracasado. No logró su objetivo. En la Coordinadora Democrática lo advirtieron.
¿Recuerdan aquella conversación de los Ochoa Antich? Hubo quien propusiera un paro de dos días, y conservar fuerza para otro en enero.
No sólo fueron derrotados, sino que agotaron sus mejores armas: el paro y Pdvsa.
La producción de petróleo está en 2.700.000 barriles diarios, las cifras de noviembre.
Ya no hay “fuerza mayor”. Las gasolineras llenas, sin colas.
En apenas dos meses se recupera Pdvsa con 12.000 empleados menos.
Y el Gobierno tiene ahora un nuevo mecanismo como es el control de cambios, que seguramente usará con los empresarios que más decididamente lo enfrentaron.
A toda estas, ¿qué es de la sociedad civil? No creo que ayer se movilizara para atender la invitación de los gerentes petroleros contra la “persecución política”. Se le supone desmoralizada.
Ni siquiera le explicaron qué pasó. No sé a quiénes responsabilizar, porque fueron engañados varias veces.
Por los dirigentes del paro, por los militares altamireños, por quienes le alentaron la ilusión del referendo consultivo. Pero tan extraordinarias movilizaciones, las más multitudinarias que en cualquier época la oposición haya hecho en Venezuela, no tienen cómo expresarse ahora porque esa sociedad civil careció de tres factores fundamentales: a) organización, pese a que la tienen potencial como lo demostraron cuando se preparaban en sus edificios y urbanizaciones para resistir supuestos ataques de los chavistas; b) objetivos permanentes, un programa mínimo; siempre se movieron en torno a uno inmediato: salir de Chávez, y c) liderazgo, aunque hubo quienes siempre se asomaron para cuando llegara el momento de escoger candidatos, ninguno fue reconocido como líder de un movimiento tan poderoso.
¿Serán capaces de crear sus propias organizaciones? ¿Se repartirá entre los partidos opositores? ¿Quedará en sus casas esperando nuevas ocasiones?