Panorama, 2 de Febrero de 2003

Arnoldo Luzardo cuenta cómo reactivaron la industria en el Zulia

"Dios nos iluminó para superar el saboteo en Pdvsa"

Ylich Carvajal Centeno

El nuevo gerente de coordinación operativa de occidente explica por qué se quedó sin gas el estado y hubo que apagar la refinería de Amuay. En su empeño por paralizar la industria dañaron los remolcadores Palmarejo y Toas. Llenaron los terminales de embarques, los patios de tanques y las refinerías de petróleo al mismo tiempo y ahogaron el sistema. El crudo de Tía Juana nos salvó.

Todo lo hace Dios, los conspiradores colapsaron el sistema de producción y bombeo de petróleo en el Zulia para mantener su "paro", pero en su soberbia, creyendo que nosotros no podríamos revertir el saboteo, dejaron abierta una hendija por la cual nos metimos y desmontamos todo.

El petróleo que se saca de los pozos es bombeado a los patios de tanques, Bachaquero, Lagunillas, Tía Juana, Ulé, Punta Gorda, H7, F6, Punta Palma y Palmarejo, donde se drenan, se les saca el agua que traen y luego se envían a los terminales de embarque, Puerto Miranda, Bajo Grande y La Salina, donde se terminan de secar y se despachan los buques.

¡Bueno!, ellos, en su desesperación, con petróleo fuera de especificación llenaron las refinerías de Amuay y Cardón , luego pusieron full los terminales de embarque y cuando allí no cabía una gota más llenaron los patios de tanques.

El colapso

¿Qué paso?, cuando tienes los patios de tanques, terminales de embarque y las refinerías llenas de crudo, no te queda más remedio que parar los pozos. Cuando haces eso creas un problema adicional, dejas de producir gas y automáticamente se detiene el complejo petroquímico El Tablazo y las refinerías que operan con gas. Crearon un círculo vicioso.

Además, para asegurarse que ningún buque atracara en Puerto Miranda y no se desocuparan los terminales de embarque, dañaron los remolcadores Palmarejo y Toas. Eso fue un canibalismo, les quitaron todos los inyectores, dañaron plantes eléctricas, cortaron cables, eso parece que no lo hizo gente que formó Pdvsa, sino que trajeron unos tipos del Retén El Marite y los dejaron de su cuenta.

En los puertos dañaron los "winches", crearon condiciones inseguras para producir un accidente si intentábamos reanudar las operaciones, cortaron los cables del sistema automático de válvulas, que permite cerrarlas y abrirlas a distancia, desde un centro de control, y hasta a las camionetas que usa el personal para movilizarse por las instalaciones les metieron tubos y les desprendieron las palancas, los volantes, ¡aquello era un desastre!

La iluminación

Nos tenían "trancaos" por todas partes, pero Dios nos iluminó. Como en Puerto Miranda no podíamos hacer nada porque dañaron los remolcadores, nos fuimos para La Salina, que en otros tiempos fue Lagoven, y lo primero que hicimos fue drenar el petróleo, sacarle el agua para ponerlo en especificación y de paso hacer espacio en los tanques.

En La Salina hay dos remolcadores, el Lukas y el Chivita Bella, que son de una empresa italiana que presta servicios a la industria y con el Decreto Presidencial 2172 convencimos a los propietarios, que habían sido amedrentados por algunos gerentes, para que accedieran a realizar las maniobras con el buque Marshall Chuykov, que tuvo que ser piloteado por Rómulo Contreras, veterano que buscamos, porque los otros se negaban a trabajar.

Cuando ese buque se movió Carlos Ortega salió por la televisión diciendo que habíamos dañado las tuberías y que había un derrame que llegaba al Centro Cívico, pero vino una juez y verificó el buen estado de las instalaciones.

Después de esa maniobra, que nos permitió sacar 329.554 barriles del terminal de embarque, podíamos hacer inventario, es decir, mover nuevamente el sistema.

Atracamos además el Kiowa Spirit, que se llevó otros 505.871 barriles y libramos más espacio en La Salina.

Llegó el momento entonces de decidir de qué patio íbamos a bombear petróleo para el terminal de La Salina y nos fuimos por el de Ulé.

El gerente de Ulé estaba identificado con la oposición y se negaba a bombear el crudo que tenía con el argumento de que era de propósitos generales, es decir, un crudo TM (Tía Juana) altamente cotizado que en condiciones normales se manda para Amuay, pero no lo podía enviar porque la tubería estaba full.

Le dije que no, que lo enviara a La Salina, que lo íbamos a preparar como mezcla para venderlo al mercado y de paso así desocupábamos el patio de tanques de Ulé.

Al hombre hubo que destituirlo porque se negaba a destrancar el juego, él sabía que en cuanto el petróleo fuera a La Salina y liberáramos espacio en el Ulé podíamos arrancar los pozos.

Pero, ¿qué pozos íbamos a reactivar primero? como petróleo era lo que sobraba, nos fuimos por los pozos TM, que en promedio producen 80% de gas y 20% de crudo.

Eso nos permitió terminar de destrabar el saboteo, porque hubo de nuevo gas para la industria y el uso doméstico.

Eso fue una bendición de Dios, en este proceso no es el interlocutor quien tiene el crédito, fue Dios quien me iluminó, él esta comprometido con Venezuela.

23 años de experiencia

Para ese momento ya habíamos reparado los remolcadores de Puerto Miranda y habíamos drenado los patios de tanques, lo que permitió en diciembre, a pesar del saboteo, sacar 2.585.719 barriles.

Pero estos señores, los capitanes que fondearon los buques, nos hicieron mucho daño, porque comenzaron con su campaña mediática de que los terminales no eran seguros, cuando allí estábamos trabajando gente que hemos sido formados por la industria.

Yo tengo 23 años en Pdvsa, desde que me gradué de técnico petrolero en Cabimas, gracias a una oferta que nos hizo la Shell.

He pasado por los terminales de embarque, laboratorios, trabajé con el sistema de presupuesto, me gradué de licenciado en administración y para el momento que comienza el paro, el dos de diciembre, trabajaba en el piso 11 del edificio de 5 de Julio con la unidad Bachaquero Lago.

Las maniobras se hicieron siempre con la tripulación habitual de los buques y los remolcadores, pero ellos -con su campaña por la televisión- hicieron que otras embarcaciones se negaran a venir a puertos venezolanos.

Ellos sabían que la maniobra se las tumbaba, lo que hicieran, porque parte de la formación que tienen ellos se las di yo, pero como no me alinié con las marramucias me evaluaban siempre 4 de 5.

Ellos decían que nosotros eramos puros "bates quebrados", pero superamos el saboteo y ahora estamos sacando jonrones.

Y eso lo hicimos sin recursos. Ellos se llevaron las llaves de los carros, las computadoras, los radios, los teléfonos, cerraron las oficinas, dañaron equipos.

Durante los días más difíciles teníamos que dormir en los carros, abandonamos prácticamente la familia, pero por Venezuela valía la pena, no podíamos dejar que ellos se salieran con la suya, porque lo que buscan es privatizar la empresa, quitarle al país su principal fuente de recursos.

Nosotros sabíamos que ellos estaban conspirando contra el país, que el paro venía y comenzamos a prepararnos.

Varias veces fui a Caracas, a veces con recursos propios y otras con el apoyo de gente que creyó en mí y me apoyo, para alertar al presidente Chávez de lo que venía.

Le envié mensajes con funcionarios cercanos a él, algunos le llegaron, otros no.

Comenzamos a reunir la gente comprometida, que sabíamos que no iba a apoyar esta vagabundería, algunos activos, otros jubilados a los que le habían dado "la cajita feliz", y muchachos, algunos incluso de 18 años, que se sumaron a esta pelea con vocación de servicio, sin esperar nada a cambio y arriesgando mucho.

Ellos me tenían "precisao", me tenían en la olla para darme "la cajita feliz", porque cuando el golpe de Estado del 11 de abril yo no me sumé a eso, porque la privatización es un sueño fatuo y el mío, el que yo quiero hacer realidad, es que algún día este país desarrolle todas las riquezas que Dios le dio, no sólo el petróleo, sino también la agricultura, el turismo, que cada venezolano tenga un trabajo y que pueda echar "pa´lante".

El 12 de abril, cuando ellos estaban celebrando, no se qué, pero estaban felices, yo me presenté a trabajar, me volaron encima y me quitaron el carnet y comenzaron a gritarme "fuera, fuera, fuera".

A mí no me importó, no tuve miedo, yo estaba decidido a enfrentarlos y me la jugué por mi país, porque de lo contrario en Venezuela hubiera ocurrido una tremenda desgracia.

Pero no guardo odios, con eso no se va a ninguna parte, ellos tienen que pensar y reflexionar sobre lo que hicieron, si de verdad quieren tanto a Venezuela y se valoran como venezolanos, tendrán que reconsiderar el daño que le ocasionaron a la industria y después sumarse, sin rencores, a desarrollar el país, para todos, sin discriminaciones, como un solo pueblo.

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