Red Bolivariana, 8 de Febrero de 2003

De la superficialidad a la Universidad

Por Irving M. Vierma

El culto mercantilista del consumo vano, superficial y estéril, ha obligado a la "sociedad civil" a desarrollar vastos establecimientos llenos de aromas extranjeros y necesidades "innecesarias". Estas grandes edificaciones donde miles rinden culto al consumismo, se han edificado en los últimos años por todos lados. Su presencia en determinados centros poblados le ha ganado la impresión de ser los últimos bastiones del desarrollo mundial, donde se despliega una variedad de alternativas a las múltiples "necesidades" de consumo de una sociedad que cada día, se identifica menos con sus orígenes y más con los extraños. Sin embargo, luego de las grandes y continuas equivocaciones de esta misma "sociedad" en función de las propuestas políticas de sus devaluados líderes, han abierto caminos inimaginados al proceso de cambios que vive la nación.

Y entre esa inmensa multiplicidad de alternativas, surgen ideas que podrían causarle alguna molestia más a quienes frustradamente, ven sus anhelos desvanecidos.

Una señora humilde, caminando a mi lado en una de las tantas marchas a las que he asistido, dijo: "¿Qué SAMBIL? ¡Una universidad!..." y la verdad es que no atrapé el contexto de lo que venía conversando con uno de sus acompañantes, pero me dejó la semillita sembrada en el pensamiento por varios días. Y germinó la idea.

¿Por qué no convertir esos inmensos centros comerciales en centros culturales, universidades, bibliotecas o ateneos?... Tienen todo lo necesario: amplios locales, salas de cine, escaleras, ascensores, baños, estacionamiento, comedores... todo. Hasta la ubicación es la mejor en la mayoría de los casos...

Tendria que ver la cara que pondrían los dueños del Sambil si alguien les dijera que algo parecido podría pasar si los ciudadanos llegaran a proponerlo de alguna forma... pero no los vayan a asustar todavía, es apenas una idea. Una idea que probablemente me haría pagar con cárcel, torturas y demás hierbas si, en el poder, estuvieran los secuaces de Carmona y sus lugartenientes. Menos mal que en democracia, en una verdadera democracia como la nuestra, esto puede ser escrito y leido sin mayores inconvenientes.

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