TopVen, 22 De Enero de 2002

Del sacrificio, al secuestro, a la violación... al suicidio y al asesinato

La Chiche Manaure

Hay que vivirlo, para creerlo. La conspiración fascista, que algunos llaman “oposición” en Venezuela, ha transitado por roles -a cuál más delincuencial y terrorista- que hoy somos testigos históricos de la expresión de locura y de autodestrucción, más grotesca de la que tengamos conocimiento. Como si las pasiones más primitivas, hubiesen inundado sus neuronas y un virus, más potente que el virus del Sida, hiciera estragos en su estructura mental y emocional.

El 2 de Diciembre de 2002, convocan a un “paro”o “huelga” -aun no lo sabemos- nacional, que a todaas luces solo podían acatar comerciantes o industriales que estuviesen desequilibrados mentalmente. Diciembre es el período de las más altas ventas en Venezuela y el mundo, porque es el tiempo en el que más dinero circula entre la gente. Para lograr convencer, a los que convencieron del paro, los Carlos prepararon el terreno y les vendieron la especie del sacrificio. Esa especie primitiva de los rituales que ofrenda a los dioses furibundos, vidas humanas o de animales, para en retribución apaciguar sus iras y recibir el perdón correspondiente. Furia legítima de los dioses vengativos que piden sacrificios para calmar su cólera. Estos arquetipos, propios de los inicios de la evolución humana, fueron manipulados por la conspiración fascista para llevar a la ruina a muchos comerciantes. Claro que ésta dirigencia no le informó a sus seguidores, que los dólares destinados para sostener este paro-sacrificio y sus pérdidas, no llegarían jamás a manos de insignificantes comerciantes o pequeños empresarios -todos rabiosos antichavistas, pero dioses mínimos- sino que estarían disponibles, en efectivo, para mantener a las grandes empresas y monopolios que imperan en Venezuela. Tampoco les informaron que sus negocios, que la inversión de largos años de trabajo, eran las ofrendas del sacrificio. Que sus bancarrotas económicas estaban fríamente calculadas y que después, si te he visto no me acuerdo.

Pero cosas más inauditas y asombrosas vivimos. Algunos comerciantes, estimo que los más sensatos, haciendo caso omiso al paro-sacrificio mediático, abrieron. Y es que estaba de anteojitos. Esa orden conspiraba en contra de su condición de clase, la que se supone han de defender a como de lugar, porque su tradicional meta es el lucro. Y como sentencia de lo absurdo, vimos a capitalistas rechazando la acumulación de capital y a la vez, ¡autoproletarizándose! Es decir, luchando por llegar a la condición económica de los que ellos llaman chusma, lumpen, etc. ¡Fin de mundo, Carlos Marx!
El látigo del paro-sacrificio era la herramienta implacable que anunciaba la autoflagelación de estos sectores. Si alguno de ellos se negaba a autoflagelarse públicamente, entonces, eso indicaba que no confiaba en los sacerdotes-brujos directores del “paro”, y por lo tanto, sería execrado del clan opositor. Con la autoflagelación alimentaban la intensidad del odio hacia el Presidente Chávez, que es el único vínculo que los identifica, pero además sacaron del baúl de la historia, la conducta de los primeros “mártires” católicos, quienes se infringían castigos públicos para reconocer su condición de pecadores.

Quienes desafiaron a los sacerdotes-brujos fueron “democrática y pacíficamente” paralizados, como suelen hacerlo los fascistas venezolanos. Recibieron sus dosis de cacerolazos, cuando no, asaltados por pandilleros motorizados encargados de reprimir la sacro santa “libertad de comercio”.
Es entonces, cuando aflora a la memoria Peña Esclusa y recordamos los “lavados de cerebros” denunciados por madres venezolanas, que prácticamente tuvieron que arrancarle a sus jóvenes hijos, en la década de los ochenta, a la secta “Tradición, Familia y Propiedad” dirigida por él. En este caso, todo el diabólico plan de lavado cerebral, contó con la ayuda mayoritaria de los medios comerciales de “comunicación” para condicionar, masivamente, la conducta de un sector de la población, principalmente de la clase media y media alta.

Los sacerdotes-brujos, los visibles, los Carlos y el Juan, cumplieron al pie de la letra las indicaciones de las trasnacionales y junto a las campañas mediáticas, exacerbaron el sentimiento religioso primitivo, hasta llevarlo a la histeria y al fanatismo más sorprendente. En realidad, poco les importa. Dentro de los planes de enriquecimiento económico post-Chávez, ellos no estarán jamás incluidos. Ellos son el rebaño, ellos son el bulto anónimo. Terriblemente irrespetados por los sacerdotes –brujos, por los partidos-cofradías, por la sociedad civil-cúpula, quienes los utilizan como carne de cañón de sus ambiciones de poder, arriados a la quiebra y a la desesperanza. Este es el estilo de la oposición terrorista que pretende derrocar al gobierno constitucional y legítimo del Presidente Hugo Chávez.
Quienes somos sensibles sentíamos pena de los comerciantes aterrorizados, asaltados por turbas amigas de “ni un paso atrás”. Muchos avizoraron, tardía y penosamente, que ahora las víctimas del veneno de los sacerdotes-brujos, de los dirigentes del “paro indefinido” eran ellos. Estaban secuestrados -pacífica y democráticamente- en sus locales comerciales, al igual que sus inversiones y sus deudas. Los obligaron en nombre de la libertad a dar muchos pasos atrás: al abismo de la ruina y la desesperación.

No pudiendo paralizar y secuestrar a todos los comerciantes e industriales, menos a los trabajadores, los sacerdotes-brujos del fascismo decidieron pasar a la espectacular fase de secuestrar a un país. ¡¿Cómo?! Si, secuestraron y paralizaron con acciones terroristas, la industria petrolera. De sacrificados mártires, pasaron a la actitud feroz de los secuestradores. Dejaron sin producción petrolera y sin combustible a todo un país. El turno era ahora de la tecnocracia PEDEVECA, la omnipotente ilustración de los genios de la perversión. Esa sí garantizaría con sus acciones que el Presidente Chávez cediera, y que por fin, acatara la orden de las trasnacionales de renunciar al poder que el pueblo mayoritariamente le confirió. Entonces, en la novedosa condición de rehenes-ciudadanos de Venezuela, fuimos sometidos todos los días por cadena nacional de medios comerciales, a la exposición pormenorizada de los daños heroicos que la nómina mayor pedeveca le causaba a la nuestra - no de ellos- principal industria, al corazón económico de la nación. Era el perfecto chantaje, el dolor más intenso para derrotar espiritual y políticamente al Presidente Chávez.

Como siempre –el fascismo venezolano- subestimó al gigante popular de la unidad cívico-militar. Y accionamos y marchamos y resistimos y liberamos a PDVSA, como los hijos defienden a su madre, como los patriotas abrazan la Patria, como nos enseñó Bolívar, como nos cantó Alí Primera, como los venezolanos y las venezolanas sabemos hacerlo: desprendidos y en un solo bloque, combatiendo por la dignidad de nuestro pueblo. Y es que al amor por la Patria ¡no tiene marcha atrás!... y ese es el milagro de la conciencia de nuestra gente.

Por si fuera poco, los sacerdotes-brujos-secuestradores, decidieron que Jesucristo -nuevo perseguido de los fascistas venezolanos- no debía nacer en diciembre… menos después que el Presidente Chávez lo había reconocido como su Comandante en Jefe, en la humana y divina sentencia cristiana del “amaos los unos a los otros”.

Como Herodes, en cadena nacional también, decretaron la postergación de la Navidad. A partir de este nuevo reinado satánico, Jesús nacería en enero o en febrero o nunca más. La alegría quedaba prohibida desde ese momento, así como los juegos o las sonrisas de los pequeños y las cartas al Niño Jesús. Igualmente prohibidos los aguinaldos y las gaitas, los abrazos y la fraternidad.
Entonces, su ejército de desquiciados participantes del paro-sacrificio-secuestro, dirigidos por sus sacerdotes-brujos, cumplían las órdenes de hacer prisioneras a las personas en largas colas, producto de las trancas de calles, autopistas y avenidas. Algo así como la euforia desbordada de clanes bárbaros, sin control social de ningún tipo, sin respeto por el prójimo, con sus banderas de muerte y consignas de odio racista reprimían la libertad de tránsito y de libre circulación por el territorio nacional.

En esta etapa, los secuaces de la conspiración fascista, enloquecieron totalmente, perdieron los limites de sus roles. De sacrificados súbditos pasaron a secuestradores y violadores. O mejor dicho, no sabían qué rol estaban representando, como el fenómeno de personalidades múltiples, asumían sus papeles o la mezcla de ellos según la orden que recibían de los canales de televisión. ¡Sodoma y Gomorra en las calles del Este de Caracas!
Atropellaban, insultaban y vejaban, todos los derechos de quienes no participábamos en esa orgía de descontrol psíquico. Sobre todo, violaron hasta el cansancio los derechos de los niños y niñas de nuestra patria. Con ellos y ellas se ensañaron especialmente. Les robaron la Navidad y en su lugar, los obligaron a presenciar escenas y mensajes terroristas en nombre de la libertad y la democracia. Les quitaron sus escuelas, maestras y maestros golpistas que se unieron al paro-sacrificio-secuestro-violación de un país. Así, todos los pequeños y pequeñas de Venezuela fueron víctimas indefensas de la programación de guerra de las televisoras comerciales, quienes sin duda, al igual que la mayoría de emisoras de radio y periódicos del país, planificaron la campaña terrorista mediática y de transfusión de violencia y de odio, más intensa y espantosa, que pueblo alguno haya padecido en la historia de la humanidad.

Pero como no hay soledad ni pecado, ni final oscuro, cuando a un pueblo lo asiste la justicia, el golpe petrolero de diciembre de 2002, fracasó. Más bien aceleró las tareas históricas en defensa de nuestra soberanía, de nuestra independencia económica; así como el crecimiento concreto y contundente del poder popular, el fortalecimiento de la unidad cívico-militar y la capacidad creadora de la repuesta organizada del pueblo, en cualquier terreno y ante cualquier ataque fascista, sea éste del tipo que sea.

La oligarquía fascista perdió a PDVSA y finalmente, mostraron al mundo sus verdaderos rostros. Sus rostros de terroristas ilustrados, de mercenarios y parapoliciales disparando contra concentraciones propias y ajenas. Sus rostros de cultos criminales protegidos por un poder judicial corrupto, que declara “vacíos de poder” como patente de corso para la impunidad y la delincuencia. Sus rostros de “desobediencia civil” sangrienta, secuestradora y violadora de toda una nación. Sus rostros de apátridas, manipuladores de envilecidos seguidores que levantan banderas ajadas de violencia y de oscuridad diabólica, cuyas imágenes recorren al mundo y arrancan exclamaciones de asombro y rechazo. Por eso no es de extrañar, que como ocurre con algunas sectas en fase terminal, esta conspiración de ánimas en pena, trastornadas mentalmente, que deambulan por las noches velas en mano, comiencen a manifestar conductas de autoagresión, conductas suicidas. Como por ejemplo, la de celebrar el hambre con el acaparamiento y la escasez de alimentos por parte de los grandes monopolios. La de festejar la violación de los derechos de los niños, niñas y jóvenes, con el cierre de escuelas y universidades. La de dar ¡vivas! a la muerte con el cierre de hospitales y centros asistenciales. La de disfrutar la destrucción económica con el horario restringidos de los bancos. Pero por sobre todo, la de alabar la violación de los derechos humanos consagrados universalmente y que representan, los preceptos de avance y desarrollo por los que ha luchado durante siglos la humanidad. En fin, preparémonos a asistir a un capítulo más de la locura mediática, con la que a control remoto, la oligarquía fascista y sus sacerdotes-brujos, conducen a sus lacerados seguidores en Venezuela. Así las cosas, hay que vivirlas, para creerlas.

Hosted by www.Geocities.ws

1