Red Bolivariana, 8 de Enero de 2003

Remedios que enferman

Manuel C. Martínez M.

Hablamos de la sustitución consumada de la Corte Suprema de Justicia por el actual Tribunal Supremo del mismo nombre.

Efectivamente, jamás se sufrió en Venezuela de un organismo judicial más incapaz ora por negligencia, ora por omisión o intención, que este triste cuerpo de abogados cargados con un currículum inspirado en esa cultura de mercachifles que caracteriza el ejercicio del Derecho Burgués.

Es así cómo a los entes judiciales del país los hemos visto actuar con sobrada prontitud para la solución de casos particulares donde obviamente el factor crematístico inclina forzosamente su balanza.

Hoy, cuando confrontamos una situación contenciosa pública y general , con Poderes Ejecutivo y Legislativo empeñados en reformular el piso legal, el piso jurídico, el piso constitucional y el piso social del país, el máximo tribunal de esta nueva república se halla paralizado ante su ínsita contradicción , habida cuenta que está conformada por personas cuya conciencia y voluntad fue moldeada por las artificiosas manos de la vieja república , y concomitantemente las exigencias que les exige el país corresponden a novísimas necesidades colectivas que jamás respetaron.

De resultas, ahora tenemos un cuerpo judicial que de hecho está inmovilizado, y cada vez se anquilosa más en la medida que a él va llegando el cúmulo de solicitudes de amparos, casaciones, y demandas varias que evidentemente sobrepasan y desbordan su ya enfermiza capacidad decisoria. El caso es que mientras más diligencias se ventilen ante sus oficinas, más pesada les resulta la carga de obligaciones, razón por la cual su inoperancia se hace inevitable, por lo que poco autoconfiguran un auténtico círculo vicioso de ineptitud.

Tal es el caso de un remedio que nos ha resultado marcadamente peor que las dolencias jurídicas adolecidas en el cuerpo social de la Venezuela prebolivariana.

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