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Red Bolivariana, 25 de Enero de 2003
La reacción es la oposición
Manuel C. Martínez M.
En tiempos de paz política, las repúblicas democráticas suelen llevar al poder a los representantes de uno o más partidos políticos, y quedan así los demás aspirantes que hayan perdidos las elecciones en el papel de lo que suele denominarse oposición política.
Esta oposición, por lo general, juega un importantísimo papel como termómetro crítico de las gestiones del gobierno triunfador, por aquello de que <<cada pulpero alaba su queso>>, y siempre hay el riesgo de que el gobierno le mienta al país.
En USA, <<republicanos>> y << demócratas >> se turnan alternativamente las funciones de gobierno y oposición, en una suerte de estado dicotómico donde, si es gobierno, hay que enfrentar las funciones opositoras del partido perdedor, que suele dedicarse a magnificar los desaciertos gubernamentales con miras a la preparatoria de la próxima campaña electoral. Se diluye así el propósito evaluatorio de dicha oposición.
En el caso venezolano, oposición y gobierno dejaron de tener límites propios y durante las últimas dos décadas de la IV república no se distinguía quien mandaba o se oponía a quien. Sus partidos solieron distribuirse y compartir <<fifty-fifty>> el Presupuesto Nacional mediante un reparto piñatero de la cosa pública. En tal caso, la oposición política sólo servía para garantizar la alternancia de uno u otro partido en las labores ejecutivas, y quedaba el ministeriato en manos ambiguas y promiscuas. Lo mismo ocurrió con los demás poderes de de la tripotencia rouseauniana. Es por eso que ser oposición o ser gobierno terminó siendo un asunto meramente circunstancial y no estructural ni largoplacista
De resultas, los ciudadanos jamás logran ni aquí ni allá informarse diáfanamente de las verdaderas funciones de sus gobernantes, y sólo les queda el sempiterno reciclaje de lo mismo, o de la abstención in crescendo.
El escenario de las funciones de oposición política dentro de la actual V república venezolana ha cambiado casi radicalmente. Efectivamente, ahora los viejos y decadentes partidos políticos, al verse desplazados de la contienda electoral, por carecer de liderazgo confiable y de una programación política capaz de nivelar o reemplazar el programa del partido emergente, representado revolucionariamente por Hugo Rafael Chávez Frías y su movimiento político denominado V república, han cambiado su rol de oposición por la de reacción.
En esta conducta política reaccionaria, asumida por la tribuna de los partidos salientes y obsoletos, rayana en desafueros golpistas, terroristas e insurreccionales, los acompañan complacidamente todas las fuerzas sociales ultraizquierdistas y conservaduristas que ya venían utilizando al liderazgo del Puntofijismo para conservar su status por encima de los reclamos populares, que desde hacía muchas décadas venían molestando a las clases privilegiadas por el logro de esas mejoras públicas, mismas estas que habían servido de bandera a los demagogos de marras y que, obviamente, jamás y ni siquiera medianamente les fueron cumplidas.
Con la llegada y ascenso al poder del equipo que actualmente gobierna ejecutivamente la República Bolivariana de Venezuela, la oposición política, como tal, es inexistente, o en el mejor de los casos, está reducida a una permanente función de posturas reaccionarias con miras a la toma abrupta del poder político sin pasar por los filtros democráticos y republicanos, habida cuenta que, como oposición política tradicional, su liderzazo actual resulta extemporáneo y obsoleto, es decir: no tienen con qué ni cómo hacer oposición. Carecen de parlamento propio; el pueblo les perdió la confianza y ni siquiera están gozando de los viejos privilegios que la Economía les brindaba por el apoyo que directa o indirectamente les garantizaron siempre los gobiernos vacuos de la IV y conservadora república, es decir, sólo les queda la insurrección urbana o la reacción.