Red Bolivariana, 12 de Enero de 2003

Reunión para un Paro Educativo

Mario Silva García

Asistir hoy a una reunión de padres y representantes de un colegio privado, es como pasearse por un campo minado. La cautela, el sondeo y, sobre todo, el sentido común, son los ingredientes necesarios para evitar una confrontación que afecte la educación de nuestros hijos; sobre todo, cuando se ha observado a la directora / propietaria de ese colegio privado, con una cacerola y una cuchara en la mano gritando en medio de la calle un "!Muera Chávez!" poco glamoroso. Sin embargo, una cosa es desearle la muerte a nuestro presidente y otra que, este propietario de un negocio llamado educación, corra el riesgo de ver afectado sus ingresos.

Lo cierto es que, cuando te encuentras frente a un auditorio de caras desconocidas y sospechas que debes mantenerte anónimo políticamente, tratas de ubicar en cada uno de los asistentes una seña que te indique que no eres una isla en medio del océano. No es para menos y me sucede con frecuencia cuando entro a un banco, a un restaurante o a un sitio que es frecuentado por la clase media. Soy un adepto y adicto a este proceso. En consecuencia, sin abandonar la precaución debida, me mantengo alerta a cualquier ataque que vulnere mi dignidad revolucionaria y responder así a los ya muy comunes argumentos de la reacción. Pero, vean ustedes, que esta vez tuve el honor de ser un representante oyente e inactivo que se enorgullece de este noble pueblo.

Mi esposa, que ha sido la consuetudinaria asistente a estas reuniones de carácter pedagógico, me alertó sobre una reunión de padres y representantes, que tenía como tema principal el paro del colegio privado de mis hijos. Mi reacción fue inmediata: Una, si no le dan clases, no pago un céntimo más al instituto y, dos, esta vaina no me la pierdo por nada del mundo. Quería ver cuales eran los motivos que expondrían para paralizar las clases. De hecho, eché a un lado cualquier previsión para moderar mi actitud e hice mío el slogan del pueblo "!Con mis hijos no se metan!".

Cuando llegamos a la cancha deportiva, había un número considerable de asistentes. Nos sentamos y solo atiné a escuchar conversaciones banales y alguna que otra consideración política que hoy es el plato de desayuno, almuerzo y cena en la mayoría de la población venezolana. Minutos después, hace su entrada la directora / propietaria (tengo siempre que hacer esta consideración) y, micrófono en mano, esgrime su discurso inicial sin ocultar cierto devaneo escuálido. Pero, ¡sorpresa!, aclarando que han decidido (la comunidad educativa y la dirección del plantel) mantener el colegio abierto para quienes deseen llevar sus hijos a clases. Un aplauso, no exagero, de la casi totalidad de representantes allí reunidos, cortó su inicial exposición. Me sentí emocionado. ¡Coño! Por que no esperaba que este apoyo fuera casi unánime. Había rumores de padres que protestarían la apertura del colegio e, incluso, que tratarían de abortar esta iniciativa. Pero, miren ustedes, como a veces dudamos de nuestra capacidad de respuesta ante la injusticia.

Con este aplauso casi unánime, cualquier consideración posterior que tratara de hacer efectivo el paro quedaba anulada. Ciertamente, hubieron exposiciones de padres que estaban preocupados por la "apocalíptica" situación y el "riesgo" que corrían sus hijos a estar "expuestos" a las "bombas lacrimógenas", los disturbios, los asesinatos y los "círculos del terror". Pero, haciendo referencia a una intervención final de un representante que selló la intencionalidad golpista de esta reunión, cito: "Me hago responsable de la asistencia de mi hijo a clases. Pago los sueldos de estos maestros y por ello exijo que le den educación a mi hijo. Si no hay gasolina, lo traigo a pie. Si están aquí los "Círculos del Terror", es por que desean que nuestros hijos se eduquen y aquellos que no quieran verlos, que se queden en casa viendo los "Medios del Terror". Esta es una decisión personal de cada uno de los representantes. Así que, no permitiré que politicen la vida de mi hijo. No voy a permitir que instalen otra Plaza Altamira en la escuela de mi hijo..." ¡Carajo si lo aplaudieron!

A manera de reflexión final, quisiera recordarle a los golpistas que si existe un pueblo digno exigiendo respeto. Que si existe una clase media que no desea que le idioticen con campañas miserables que solo conducen a deprimir nuestra cultura educativa. Que si existe un cambio en proceso para lograr que no sigan vulnerando nuestros derechos. Que si existe la posibilidad de hacer realidad la revolución bolivariana.

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