Red Bolivariana, 1 de Enero de 2003

Las cumplibles profecías de Nostradamus

Manuel C. Martínez M.

De adivinos, unos, y de premonitores, otros; de agoreros y charlatanes, los más, con semejantes calificativos suele darse cuenta de las exclamaciones y gritos de alarma que muchos pensadores han lanzado al voleo, luego de profundos análisis sociales practicados, durante todos los esos tiempos y lugares, caracterizados por injusticias, desequilibrios económicos, ventajismos, egoísmos grupales y pare de contar.

Las guerras locales e internacionales, las revueltas protestatarias y los atropellos gubernamentales han marcado la conducta la social de los países del orbe donde sólo unos pocos lo tienen todo y las mayorías casi nada. En tales escenarios, desequilibrados de partida, las predicciones futuristas han sido frecuentes, pero sólo algunas han trascendido hasta nosotros. Este es el caso del médico y astrólogo francés, Michele de Notre- Dame, quien allá por los años medios del siglo XVI lanzó sus conocidas profecías en su libro: Les centuries. Entre las más sonadas y de alarmante vigencia se halla la del final del mundo al término del segundo milenio cristiano.

Curiosamente, durante el último lustro del siglo pasado, o terminación contable del segundo milenio, esa profecía se conjugó con los agoreros de la Informática, y les sirvió de base a los comerciantes del software y a sus artífices y programadores para anunciar el colapso económico de aquellas empresas que dependían del sistema operativo Windows, habida cuenta que les conminaron a tomar onerosas medidas de prevención para que, premonitoriamente , su data pudiera actualizarse con la nueva digitación de los años, más acá del 2K.

Cierto que arribó el tercer milenio y el mundo no se acabó, pero la profecía de Notradamus, si bien fue ignorada y despreciada por la intelectualidad astronómica y universitaria modernas, por las personas de alta incredulidad religiosa, no es menos cierto que durante estos años pudiéramos estar dando pruebas corroborativas de sus aserto y cumplimiento, si caemos en la cuenta de que el viejo mundo socioeconómico, tan real y material como la masa telúrica que pisamos, también está dando asomos de derrumbamiento, para dar paso al mundo que se regirá por nuevas formas de vida y producción.

Efectivamente: Los países como Cuba, China comunista y, más recientemente, Venezuela, y posiblemente Brasil y Ecuador, nos están alertando sobre la inminencia de un cambio radical en la manera de vivir, de hacer y de pensar de todos esos pueblos, lo que podría significar un nuevo basamento social donde impere la aspirada y centenaria justicia, que acabe con el mundo donde hemos vivido, y se abran las puertas de un verdadera era de equidad, confraternidad y hermandad, tal como lo vislumbró ese eminente pensador y observador fisicosocial que fue Nostradamus.

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