Red Bolivariana, 25 de Enero de 2003

Lula y el Grupo de Amigos: Mi Opinión

Mario Silva García

La esperanza de los pueblos latinoamericanos, pudiera estar confrontando una de sus batallas más encarnizadas. Desde aquí, campo en el que estamos enfrentando una de las conspiraciones más feroces, vimos con ilusión las victorias de dos frentes importantes en Latinoamérica. Brasil y Ecuador, estimularon nuestra fe en los cambios necesarios para un continente que ha sido vejado por dictaduras y una casta de políticos corruptos que terminaron de hundirlo en la miseria. Lula y Gutiérrez llegan al poder con el apoyo de un pueblo que hizo similitudes entre el proceso bolivariano y la posibilidad de iniciar movimientos alternos que le honraran. De hecho, el fenómeno de su repentina alza en las encuestas, provino de este efecto. Pero, hay ciertos indicios que reflejan la posibilidad de una traición más a los intereses de nuestros pueblos hermanos. Primero, la noticia nada agradable y muy comprometedora de un Lucio Gutiérrez que permite el incremento del precio del combustible, cuestión que irremediablemente incidirá en el alza del costo de vida en Ecuador, y la posible petición de un préstamo al Fondo Monetario Internacional que comprometería la aplicación de políticas sociales.

En segundo término, Lula Da Silva, ante las reservas expresadas por Hugo Chávez hacia la conformación de los Países Amigos (Brasil, Chile, España, Estados Unidos, México, Portugal y Brasil), pidiendo la incorporación de Rusia, China, Argelia y Francia, se permitió declarar "Es mejor reconocer la fragilidad, apoyar al Grupo de Amigos y confiar en una solución razonable y justa". Mala respuesta de quien, creemos, un aliado de los cambios en nuestro continente.

Para nadie es un secreto que el gobierno norteamericano y el español aplaudieron el golpe de estado del 11 de Abril; incluso, hay pruebas que comprometen a ambos gobiernos en esta acción fascista. Con la victoria de Fox en México, el giro tomado por la cancillería de la mano de su ex ministro Castañeda, apuntó a un repliegue de su política tradicional de no intervención de los pueblos y acentuó los nexos con el departamento de estado. Pero lo más grave, es la vinculación de grupos anticastristas ubicados en Miami, con los miembros de la coordinadora democrática y financiados por los intereses petroleros representados de manera grosera en la actual administración Bush. Con amigos así, para que tener enemigos.

Suponemos que esto no es nuevo para Lula. Imaginamos que Lula también tuvo que soportar la presión de grupos poderosos enquistados en la oligarquía brasileña y no quisiéramos pensar que se arrodilló ante estos grupos para conquistar la presidencia de su país, a cambio de vulnerar la creciente influencia bolivariana en el hemisferio.

Hugo Chávez, asoma la idea de conformar este grupo de países amigos y la expone a quienes considera serán neutrales; todo esto ante la resistencia inicial del gobierno norteamericano. Sin embargo y no dejamos de ser suspicaces, Estados Unidos toma la batuta para conformarlo y, sin lugar a dudas, para ejercer presión ante sus integrantes. Hurta un ejercicio legítimo de defensa diplomática y de información veraz a los países del mundo en defensa de la situación venezolana, para seguir cerrando el cerco de un gobierno legítimo, nacionalista y en defensa de los intereses de su pueblo. Crítica y veta nuestra pretensión de incluir a países que podrían balancear los criterios, para abortar nuestro derecho a defendernos del fascismo y a no permitir que nos roben nuestra industria principal. Repito, Lula no puede esgrimir que desconoce este juego y pedir un supuesto reconocimiento de nuestras debilidades. Habría que acudir a la opinión de esos millones de excluidos que llevaron a Lula a la presidencia del Brasil, tomados de la mano de la esperanza que nació en la patria de Bolívar. Habría que esperar la reacción de un pueblo ante una nueva traición y la respuesta solidaria que emerge ante las injusticias.

Quisiera ser optimista y, tomando en cuenta la campaña mediática a que nos han sometido nuestros canales privados cómplices de las transnacionales de información, creer que se han manipulado sus declaraciones. Quisiera creer que Lula no le está haciendo el juego al imperio. De lo contrario, puedo predecir movimientos populares muy extensos y convulsivos en América Latina. Movimientos que solo podrán ser silenciados bajo la sombra de un genocidio.

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