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Red Bolivariana, 19 de Enero de 2003
Luces sin moral (La ignorancia alfabetizada)
Manuel Martinez
Esta es la idea: Mientras la condición de analfabeto o de alfabeto es un asunto que lo decide motu proprio cada paciente en particular, y de manera aislada, la ignorancia nos viene dada desde afuera, aun contra nuestra propia voluntad. En tal sentido, la sociedad, con su acerbo cultural, su grado de moralidad ciudadana y la mayor o menor dotación de sistemas educativos ora familiares, ora públicos, da cuenta en cada momento y lugar de la curiosa coexistencia de alfabetos, quienes pudieren estar cargados de una gran erudición, pero, igualmente incapaces de superar su estado de ignorancia, y viceversa.
Evidentemente, habría ciudadanos quienes posiblemente no
reconozcan la letra << o >>, ni por su redondez, pero con una gran
sabiduría acumulativamente adquirida a lo largo de una vida dedicada a la
observación del entorno, a la grata recepción y asimilación del consejo
oportuno y a las inferencias que autoreflexivamente puedan darle cuenta de una
información permanentemente actualizada, gracias al influjo de su medio
exterior, a pesar de no haber pisado una escuela ni haberse sentado en pupitre
alguno,
Ciertamente, podemos tropezarnos a menudo con gente muy leída y escrita, que es
esencialmente leída y escribida, por causa de haber recibido unas informaciones
que, aunque muy bien escritas, semántica y gramaticalmente, son
tendenciosamente tergiversadas para mantenerla como sujeto ignorante, según la
conveniencia de los antipopulares grupos de poder de cada país involucrado. De
aquí que se recomiende la enseñanza de luces moralmente impartidas, porque
puede perfectamente darse el caso de muchas luces en medio de una gran
ignorancia.
Semejantes contradicciones son frecuentes en las sociedades clasistas que constantemente han hecho de la estrategia de la ignorancia uno de los mecanismos de control social más eficaz sobre los estratos oprimidos. Una escuela de tercera, una literatura de paupérrima calidad y una carencia permanente de gobernantes y docentes con probidad dan cuenta para mantener un control absoluto de masas demográficas ignorantes, al mismo tiempo, y comercialmente, alfabetizadas.
Esta contradicción cobra importancia cuando en la mayoría de los países occidentales las políticas educativas se han reducido a una alfabetización in crescendo de sus habitantes, pero perversamente acompañada de una educación vaciada de contenido progresista tanto en lo humanístico como en lo tecnológico. Han hecho de la alfabetización un lucrativo e inmoral negocio mercantil, y que nos explica la decadente calidad de un sistema educativo, como el venezolano, donde la enseñaza de sus niños y jóvenes ha venido acusando una pobre calidad profesional, técnica y moralmente hablando.
Digamos que un ignorante es aquel que, habiendo podido cursar estudios sistemáticos en academias de alto prestigio nominal, se ha limitado a la consulta en bibliotecas uniformemente dirigidas a mantener sobre sus visitantes un severo control cultural que podría estar perfectamente por debajo de la información recibida hasta por analfabetos, cuando estos se mantengan en contacto con buenos <<profesores>> de enseñanza asistemática: un amigo más culto y mejor informado, unos padres menos ignorantes, y, sobre todo, de unos gobernantes que con sus mensajes desde sus tribunas radiales y televisivas, desde sus curules, sus concejalías y sillas presidenciales, estén moralmente enseñándoles de viva voz la actualizada verdad de lo que suceda en su país y en el resto del mundo.
Digamos que puede estarse en presencia de un alfabeto ignorante, y, contradictoriamente, de un sabio e ilustrado analfabeto; de una moral con luces, de moral sin estas, y hasta de muchas luces sin moral.