Red Bolivariana, 16 de Enero de 2003

Egoísta, consecuente y ex privilegiada clase reaccionaria venezolana

Manuel C. Martínez M.

Donde haya grupos sociales desigualmente partícipes en la riqueza nacional, donde hasta los puntos cardinales se usen para discriminar a unos ciudadanos respecto de otros, y donde a los más les toca los trabajos sucios, en el sentido amplio de la palabra, mientras que a pocos le asisten las labores suaves, en el peor de los casos, en semejantes sociedades, decimos, ha incubado siempre y florecientemente la yema del egoísmo.

Propio de un egotismo exacerbado es saber que cuando comemos, calzamos, vestimos y habitamos, hay quienes no lo hacen, o lo hacen en bajas proporciones, y no necesariamente por su culpa, ni mucho menos en obediencia a programas del más allá ni de la Naturaleza, sino porque muy posiblemente una buena parte de lo que consumimos les pertenece de partida, si no en todo, en muy buena cuenta, y que, sin embargo, semejante ventajismo no nos quite el sueño.

La clase reaccionaria venezolana, la sempiterna usufructuaria, usadora y disponedora de toda la riqueza nacional, sin más título de propiedad sobre ésta que su ventajismo social, hoy siente que su piso se le mueve. Lleva más de tres años mermando sus reservas, las que le quedaron después que fueron descamburados de la Cosa Pública. Ante semejante catástrofe económica, ha movido todas las variables disponibles: Su vieja guardia militar, la que aplastaba todos los conatos de <<disturbios públicos>> protagonizados por la gente del <<sur>>, de los desnudos cerros y de la ranchería de la suburbanidad. Ha contratado a sus mejores <<juristas>>, los mismos que le diseñaron el basamento legal que siempre los protegió. Ha emprendido manifestaciones clonadas de los chusmosos, de los lumpenosos y de los ranchófilos, tales como sofocantes marchas, aspavientos y vociferación de inmundicias verbales. Se ha metido a terrorista, se arma hasta los dientes, contrata sicarios, y se barbariza en sus conductas sociales. <<Feas>> cosas así, hoy llenan su desesperado mundo.

En su inevitable caída, su egoísmo le induce a llevarse consigo a todos los demás: A quienes le sirvieron durante toda su regalada vida, a quienes podrían adecuarse a un mejor reparto de la riqueza y a quienes ni siquiera han caído en cuenta de lo que al país le sucede. Digamos que son repitientes de su conducta habitual: No respetan niños, ni ancianos, ni la Fauna ni la Flora, ni los valores patrios, ni la república. Son ellos y sus privilegios perdidos, o nadie. Parecieran decirse para sí: O nosotros o nadie más. Siempre actuaron así, por eso son consecuentes.

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