Red Bolivariana, 16 de Enero de 2003

75 + 25 = Ciento y Pico

Mario Silva García

No he podido entender y perdonen mi obtusa, premeditada y contumaz percepción, como este sector talibánico de la oposición que se taladra el cerebro día a día con la malsana inyección fascista de los medios, no hace un simple ejercicio mental de lógica para saber que están haciendo el papel de pendejos.

Hoy, Carlos Fernández en su exposición ante los amigos de Gustavo Cisneros (léase: Capitalismo de Las Américas), sin ningún rubor ni asomo de dignidad, sacó unas cuentas porcentuales totalmente desfasadas que no soportan ni siquiera el análisis de un carajito de primaria. Con todo el desparpajo triste y común demostrado en sus intervenciones públicas, afirmó alegremente que en Venezuela hay "un 75 % de la población a favor de la oposición y un pequeño grupo de un 25 % que defiende el régimen de Hugo Chávez". Hagamos ahora el papel de aquellos que han gastado sus ahorros en franelas negras, en banderas gigantes, en pitos, en sombreros y en baterías nuevas de Rena Ware, para tratar de aceptar este mayúsculo error matemático (amén de la mentira que esgrime del apoyo a los sectores fascistas): Setenta y cinco más veinticinco es igual a cien. En consecuencia ¿Dónde están aquellos que no comulgan con ambas partes? O ¿Es que vamos a reinventar a Pitágoras y le van a meter con un espéculo una sumatoria mayor a cien?. No puede ser, y me quitó de encima el disfraz de estúpido, que existan personas que se suponen de clase media; que se suponen profesionales; que se suponen la crema y nata de la burguesía cultural de este país y que no hayan sacado una cuenta tan elemental como los dibujos de un Jardín de Infancia. Definitivamente, los colegios privados deben ser revisados en profundidad. Incluso, habría que revisar los títulos otorgados por las diferentes universidades del país, a todos aquellos "intelectuales" que hoy se babean por las intervenciones de este nuevo espécimen de las cuentas menores. Una cosa es ser simpatizante del fascismo asumiendo el rol de neoliberal confeso y otra, aceptar que te vean la cara de cretino sin ser crítico a ese insulto.

Si vamos a un barrio de cualquier ciudad de Venezuela, podrás observar un léxico limitado y una educación precaria producto de ese abandono a que se vieron sometidos en los años de la IV República, cuestión aún no subsanada pero con rasgos de superación. Pero lo que no podrás ver, es a un pueblo estúpido. Sácale cuentas a un albañil sobre la construcción de una casa o a un obrero cuando le vas a pagar sus horas extras, el salario o las vacaciones, para que veas a un ilustre matemático en acción. Su apoyo hacia Hugo Chávez, ese que es mayoritario y el matemático Carlos Fernández pretende esconder, no se basa simplemente en la entrega desmedida e incondicional con el líder del proceso revolucionario. Ellos sacan muy bien sus cuentas y las defienden con encono. Más de un alcalde o gobernador ha probado estas conclusiones numéricas. No es solamente sumar, restar, dividir y multiplicar. También tienen un olfato digno de un catador profesional para rechazar los vinos malos. No basta que hables bien del proceso; también tienes que demostrar con hechos la defensa del mismo. Ahí es donde no entienden de retórica, ni de negociaciones raras y asumen posturas críticas que envidiarían los de la Plaza Altamira que, repito, se suponen dignos exponentes del gentilicio venezolano. Un Carlos Fernández, un Carlos Ortega o un Juan Fernández, no resistirían una asamblea de estos humildes y valientes participantes, si le sacaran esas cuentas chucutas que llevaron a Nueva York.

No me molesta que Carlitos saque mal sus cuentas deliberadamente. Ese es un Kino seguro a ganar; más aún, cuando es esto lo esperado por cada uno de los insignes asistentes al foro. Lo que me molesta es este empecinamiento mío por ubicarle a esta clase media, un gramo de inteligencia en medio del cráneo. A no ser que la educación audiovisual "pitiyanki", reduzca la capacidad de entendimiento.

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