Red Bolivariana, 21 de Enero de 2003

Cuando los débiles se aburguesan

Manuel C. Martínez M.

Uno de los logros más significativos de esta revuelta de conciencias que está ocurriendo en Venezuela es la criba de sus intelectuales. Con ella se ha logrado separar a los pertenecientes a una cultura de progreso salarial y de adquisición de un mediano confort familiar en términos individuales y no colectivos, los mismos quienes han creído que esos logros dinerarios son la medida del progreso social, separarlos, decimos, de quienes pertenecen a la cultura que siempre ha intuido que un ciudadano cualquiera sólo progresa cuando disponga de una conciencia tranquila, con su orgullo siempre por delante y con su apego y respeto a las leyes de sus país, valores, estos últimos que fueron todos enterrados por los mediocritizadores del Puntofijismo.

Efectivamente, los pseudointelectuales venezolanos, ahora desenmascarados como vulgares peseteros, cómoda e improductivamente sentados en sillas académicas, o disfrutando de jugosas jubilaciones, se han declarado, a través de los medios de la reacción, con sus propios puños y lenguas, antiprogresistas y reaccionarios, y en buena parte pertenecen a aquel egresado universitario, que otrora consiguió un trabajito o un contratico, que se carnetizó sin conciencia propia alguna, a cambio de humillaciones y entregas abiertas de su voluntad, y prestó un servicio público o privado de la manera más ciega y servil. Coadmitieron complacidamente lo que se conoció como <<bozal de arepas>>.

Y es que no hubo alternativa para el <<progreso salarial>> en la Venezuela de la IV república: o te entregabas a la cultura burguesa, fofa, boba e inmoral, o te mantenías dentro de los bajos márgenes de la pobreza donde se hallaban durante el pregrado.

Esos intelectuales de la ignorancia se dedicaron a panegíricos para los gobernantes de la IV república, a la frívola loa, al interesado detallismo teórico de la lengua, con su sarta de tendenciosas reglamentaciones académicas, a la historia superflua y a la data tecnológica inasequible a las grandes masas populares, y a las menudencias tecnológicas sin ir jamás al trasfondo de las solapadas estructuras sociales que los han convertido idiotizadamente en su instrumento para seguir reclutando débiles e intelectuales, quienes, vestidos con ropitas y zapaticos de <<Sabana Grande>>, terminaron creyendo que habían salido de abajo, sin jamás haberse detenido en medir la dilatada y ancha banda de la pobreza que ahora terminó por pauperizarles hasta su intelectualidad.

La historia y conducta de esos falsos intelectuales, muchos con altas dosis de erudición, y usufructuarios de buenas prebendas en academias oficiales, es la historia de la penetración ideológica de una clase que termina aburguesando para sí hasta los más débiles de sus oprimidos.

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