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Aporrea, 23 de Enero de 2003
Cianuro en Gotas, 23 de enero
Unidad de Análisis
La oposición da pena. Cada día recibe no una mala noticia, sino un golpe demoledor. Como era inevitable, el Tribunal Supremo congeló el referéndum. No va. Era tan manifiestamente inconstitucional que no queda sino liquidarlo. Lo más sorprendente de todo este fraude es que personas decentes de la oposición daban por buena una votación organizada por un CNE espurio, con testigos sólo de un bando, sin automatizar, con las actas transportadas por un bando, con las firmas solicitándolo evidentemente forjadas, financiado sólo por un bando, sin supervisión internacional y carente de toda garantía para uno de los bandos. A qué extremo de manipulación llegaron los medios, que personas honorables veían con buenos ojos una elección en esas circunstancias. En cualquier caso, el referéndum es agua pasada. La oposición tiene ahora que reunir firmas para, en agosto, ir al revocatorio, que sí es constitucional. Por cierto, una inspección ocular realizada en la tarde del 22 de enero comprobó lo que siempre se supo: los efebos de Primero Justicia falsificaron las firmas solicitando el referéndum. Eran chimbas; se las dieron otros sujetos de similar calaña, como Oscar García Mendoza.
Pobre Leonardo Pizani. Al final se terminó de desacreditar y no cobró. Se vendió a Carlos Fernández a cambio de ser ministro de Educación en el hipotético gobierno que sucediera al de Chávez. Y encima no le dejaron tocar ni medio en el CNE, pues no supieron manejar las partidas y los fondos del año pasado revirtieron al Tesoro. Y ahora viene lo más complicado ¿Cómo devolverle la plata a los ilusos, a esos pobres ciudadanos engañados, que aportaron al Dividendo Voluntario para la Comunidad y así costear el referendo? Conociendo a esa gente, sin duda que se roban esos cobritos. A nadie le devolverán su dinero. Es que ese Pizani se le olvidó enchufar el cerebro. Darle crédito a Carlos Fernández. ¿Quién le compraría un carro usado a alguien con la cara del sucesor de Carmona Estanga en Fedecámaras?
La malignidad de los capos opositores no tiene límite. Son verdaderos desalmados. Seres sin entraña capaces de cualquier canallada. Los días previos al 23 de enero, la Coordinadora Democrática generó una verdadera psicosis de guerra. Sembraron la idea de que para la fecha señalada, los chavistas asaltarían las urbanizaciones de clase media. Los pobres ciudadanos que allí viven están aterrorizados. Algunos ancianos han sufrido infartos por el simple miedo. La idea de que un gobierno, cualquier gobierno, vaya a alterar el orden público es simplemente idiota. Eso sí, como a través de los medios lograron inutilizar el cerebro incluso de personas instruidas, los logran convencer de cualquier cosa. Es el mundo al revés. Resulta que las autoridades son las interesadas en alterar el orden y la oposición, comprometida en un golpe de Estado y realizando acciones terroristas, la que quiere restaurarlo. El objetivo opositor es doble. Por un lado, creen que con esas provocaciones, como el cierre de calles, la instalación de concertinas y otras medidas incitantes al desorden, lograrán que efectivamente haya choques y ataques. Pero, además, confían que al tener miles de personas inexpertas actuando de "soldados", con armas de fuego, bombas molotov y otros objetos peligrosos, se produzca por error algún incidente grave. Por cierto, siempre tienen en reserva no sólo a los delincuentes de Bandera Roja, sino que cuentan con una parte de la Policía Metropolitana, además de las de Baruta, Chacao, Carabobo y Zulia.
Delincuentes a sueldo de las Alcaldías caraqueñas controladas por la oposición se encargaron de aterrorizar a la población. Tras recibir entrenamiento para ello en oficinas de la Alcaldía de Baruta, estos hampones contactaron asociaciones de vecinos y condominios para empujarlos a trazar planes de emergencia ante los "inminentes" asaltos chavistas. En eso se gastan el dinero de los impuestos...
Otro hampón que trabajó en eso de sembrar el terror fue Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica. Este sujeto impulsó campañas "inocentes" para desatar el pánico, que van desde la petición de donantes para los bancos de sangre hasta hablar de planes de contingencia para casos de decenas de miles de muertes violentas.
Aunque sólo sea por curiosidad, los ciudadanos que creen que Chávez perdió su popularidad deberían ver la gigantesca marcha chavista del 23 de enero a través del canal 8. A pesar de la escasez de recursos de éste, limitado al uso de una sola cámara, se verá el gigantesco tamaño de ese acto. La movilización y el respaldo al Presidente es tal que se dan el lujo de dividir en dos la marcha y que cada una de estas resulte impresionante.
Las últimas encuestas, las de verdad, las que no se publican, arrojan resultados que desesperan a la oposición. La popularidad de Chávez está creciendo considerablemente, sobre todo por el rechazo a la táctica de tierra quemada opositora. Claro, son muchos los factores que influyen en ese cambio del electorado. Sin duda que el más influyente es que todo el mundo se arrima a ganador y ya nadie cree que Chávez pierda la pelea. Además, los jefes opositores demostraron ser verdaderos enemigos del país, recurriendo a acciones terroristas, como sabotear el abastecimiento de gasolina, poner en peligro instalaciones petroleras, bloquear el suministro de medicinas y alimentos, entre muchos otros crímenes.
Por cierto, mientras Rafael Alfonzo Hernández, capo de Cavidea, se llena la boca diciendo que la agroindustria trabaja y abastece al país de alimentos, la Maizina Americana, único producto de su fábrica (Alfonzo Rivas y Compañía) que se vende y es conocido, se encuentra totalmente desaparecido del mercado. Ese "señor" lo tiene acaparado. Rafael Alfonzo Hernández era presidente de la cámara de molineros de trigo cuando se detectó el gigantesco robo perpetrado por esa industria con los dólares de Recadi. Él mismo está señalado como "presunto" ladrón, con sobrefacturaciones que le dejaron una ganancia delictiva estimada en más de ocho millones de dólares. Estamos hablando de un ldrón, aunque use corbata y sepa hablar en inglés.
Al opositor de a pie, al ciudadano corriente y decente, parece gustarle que le mientan. La manipulación mediática le arrebató el sentido crítico y todavía le cree a personas que reiteradamente le engañaron. Por citar un ejemplo indiscutible: ¿Recuerdan cuando Juan Fernández y otros de Gentuza del Petróleo afirmaban, garantizaban, que los carros que usaran gasolina importada durante el paro sufrirían daños irreversibles? Es más, decían que toda la gasolina vendida durante la huelga era "chimba", de pésima calidad, mezclada con altas dosis de nafta y quién sabe cuántas porquerías más que destruirían los vehículos. Ahora hay que preguntarse si eso era verdad. La respuesta es una sola: Juan Fernández es un mentiroso. Eso sí, la pobre gente de la oposición sigue creyéndole. La verdad es que a pesar de los inmensos daños causados por el paro petrolero, ahora lucen baratos pues gracias a ellos Pdvsa se librará de esa cuerda de parásitos embusteros e incapaces.
Otra de las mentiras que a cada rato le clavan al pobre ciudadano opositor es el paro del transporte. Desde el 2 de diciembre lo han anunciado docena y media de veces. Todas fueron falsas alarmas. Los capos de la Coordinadora Democrática usan eso de la amenaza de paralizar el transporte no para asustar al gobierno, que sabe por dónde van las cosas, sino para insuflarle moral a sus seguidores, necesitados desesperadamente de noticias de su arado, aunque sean falsas. Es que unos no se cansan de mentir y otros de tragarse la mentiras.
Los periodistas son una de las principales víctimas del paro. Desde diciembre hasta hoy se perdieron definitivamente más de 500 puestos de trabajo para estos profesionales. Los reporteros se terminaron creyendo sus propias mentiras. Pensaron que eran importantes. Que sus jefes los apreciaban. Se olvidaron de algo elemental: para sujetos como el narcotraficante Caín Cisneros o Marcel Ganier (bragueta eléctrica), un profesional está exactamente en el mismo plano que una cachifa. Su abogado, su contador, su médico, su reportero o su cocinera son simplemente personas prescindibles; condones a usar y botar. Habrá que ver qué dice ahora Levy Benshimol que tanto apoyó el paro, con los despidos masivos de periodistas. Claro, cómo él se metió un realero con la huelga...
El 22 de enero en la noche, El Cafetal vio una parodia de misa celebrada por curas de la iglesia de nuestra señora de la Caridad del Cobre. La celebración eucarística fue, en realidad, una ceremonia de odio, de rechazo hacia los más pobres. Una misa negra o un aquelarre. Pero también fue una apología de la mentira. El sacerdote mintió descaradamente. Afirmó que había 20 cuadras llenas de personas, diez manzanas en cada sentido. La realidad era bien distinta y mucho más modesta: no llenaron ni siquiera cien metros. Menos de tres mil personas participaron en esa ceremonia impía, donde el cura cada vez que decía "amén", lo que en realidad decía era "muera Chávez". Al final del aquelarre, metieron a Natacha Velandria Ruiz, nieta de Leonardo Ruiz Pineda, para que dijera que Chávez era un tirano.
La pregunta más difícil de responder es si los adecos y copeyanos hicieron más daño durante los cuarenta años largos que gobernaron o durante los cuatro que llevan en la oposición.