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Red Bolivariana, 12 de Enero de 2003
Chávez, El Docente Magnífico
Manuel C. Martínez
En tiempos de revolución social, hasta la educación cambia, y lo hace radicalmente. Este es el caso, que para muchos ha pasado inadvertido, de nuestro Presidente, Hugo R. Chávez F., quien ha fungido excelentemente como docente, como líder político, como consejero popular y como magnífico estratega militar.
De todo su pueblo y conciudadanos es sabido su ingente y tesonera labor como divulgador de materias extrapolíticas e informativas de amplio espectro pedagógico, que ha convertido a su programa televisivo y radial,<< Aló, Presidente>>, en una fuente permanente de actualización y divulgación de buena parte de la programación escolariega, liceísta, tecnológica y universitaria para la inmensa mayoría de los venezolanos, con inclusión de hasta quienes han recibido formación educativa sistemática, pero con toda esa carga de pésima calidad que sigue caracterizando la Educación venezolana, en la cual sus maestros y profesores fueron políticamente convertidos en asalariados de la docencia, por encima del abnegado, diligente y vocacionista docente de otros tiempos.
La coyuntura que ahora define a nuestra sociedad como un país permanentemente saboteado, acosado y atacado fratricidamente por la fracción social que hoy ve restringidos los privilegios sociales que usurpó durante los últimos 172 años, ha puesto en clara evidencia cómo los venezolanos mayoritariamente ni siquiera conocieron sus verdaderos derechos constitucionales, a pesar de que buena parte del articulado que contiene la carta magna bolivariana es copia fiel de los que estuvieron vigentes hasta la Constitución del '61.
Concretamente: el derecho a la educación gratuita jamás fue divulgado con la fuerza y amplitud ciudadana que hoy toma. Ningún se prestó para ello, salvo dosis de mezquina cuantía. Este derecho, al igual que otros y otras garantías de todo tipo, fueron siempre acalladas, y su conocimiento jamás tuvo el impacto de popularidad que ahora el Presidente Chávez y la coyuntura actual le imprimen, habida cuenta que saber de esas cosas era privilegio, primeramente, de quienes supieran leer y escribir, cuestión ésta, ya restrictiva en una sociedad caracterizada por sus consuetudinarios y elevados, constantes y hasta crecientes índices de analfabetismo. Las escuelas ad hoc jamás tuvieron el alcance necesario para armonizar rítmicamente los índices del crecimiento vegetativo y demográfico con su capacidad docente en lo cualitativo ni cuantitativo.
Además, el acceso a la Constitución, su discusión y divulgación siempre estuvo marginada a los especialistas del Derecho, a algunos profesionales y, sobre todo, a la poliquería que, ocasionalmente y durante sus esporádicas sesiones mitinescas, enarbolaban como consignas y banderas de marcada intención demagógica y transitoria. Para nadie es un secreto que los perores índices académicos que se siguen exigiendo exigen en los centros pedagógicos universitarios son los más deprimidos, mientras para las profesiones, de menor responsabilidad social y colectiva, como la Medicina y las ramas ingenieriles, son elevados y muy poco asequibles a la gente menores recursos, lo que convierte a esas profesiones en privilegio de pocos, y al ejercicio de docente, en ejercicio de las mayorías. Es decir: una docencia de tercera para profesores de la docencia, dirigida a las mayorías de bajos recursos o población, así entendida, también de tercera.
Es así cómo ahora el pueblo, lector empírico y personal de su Constitución Bolivariana, con la brillante guía de su magnífico profesor, colectivo y gratuito (los domingos trabaja ad honórem), el Presidente Chávez, conoce por primera vez y con propiedad lo que significa su derecho a la educación gratuita. Los epígrafes que han engalanado los frontones de algunos centros docentes: <<Moral y Luces son nuestras primeras necesidades>>, no pasó de ser una carga económica que los padres y representantes responsables, de bajos recursos, sintieron siempre en sus bolsillos, al verse obligados a los tradicionales y onerosos desembolsos para la matriculación de sus hijos, y la adquisición de los, las más de las veces, <<inútiles>> escolares de comienzo de año escolar.