Lu19enero04
Estimados amigos, con el solo propósito de compartir una reflexión me
permito enviarles la siguiente, que pudiera presentar, el propósito que nos
impulsa a superarnos cada día. Con todo
respeto para el autor la transcribo para ustedes.
DIEZ
RAZONES MAESTRAS DE LA RAZÓN DE SER DEL MAESTRO
POR: HECTOR AGUILAR CAMÍN
1. Nadie aprende
en cabeza ajena, dice el dicho. Pero todo lo que hay perdurable en nuestra
cabeza lo hemos aprendido de otros. Esos
otros de los que hemos aprendido no han sido al fin y al cabo sino nuestros
maestros.
2.
Si alguien fue nuestro maestro alguna vez, lo sigue
siendo el resto de nuestra vida. Porque no hay nada tan memorable como la
propia iniciación en algo, el deslumbramiento de entrar por primera vez a un
mundo que no habíamos visto, a una realidad que no habíamos sospechado, a un
conocimiento que multiplica lo que sabíamos hasta entonces. Ésta es la tarea profesional del maestro: la
iniciación en el saber.
3. Como la del
ministro religioso, la tarea del maestro tiene algo de revelación. Como la del
político, tiene algo de guía. Como la de los padres, tiene algo de ejemplo
supremo y autoridad definitiva. No es casual que sea una de las profesiones
llamadas vocacionales, una profesión que exige clara predisposición, temperamento
adecuado y gusto por ella. El maestro
como los artistas, nace y después se hace.
4. Las estadísticas internacionales demuestran que no
hay inversión mejor y más rentable para una sociedad que la inversión educativa. Ninguna
nación moderna ha conocido la prosperidad sin antes haber construido un
eficiente sistema educativo. Las historias de países exitosos de la segunda
mitad del siglo XX, como Japón –prácticamente destruido después de la segunda
guerra mundial – o los llamados “dragones” del sudeste asiático –Singapur,
Taiwán, Corea del Sur- que hace treinta años padecían graves síntomas de
subdesarrollo, han tenido como eje la inversión en su sistema educativo.
5. Hacia el fin
del milenio, se hace evidente que la
fuerza que mueve y transforma al mundo no es la de las armas, la de las
máquinas, ni la del dinero, si no la fuerza del conocimiento. Quien
transmite y reproduce mejor el conocimiento, transforma mejor el mundo en que
vive, crea sociedades más justas, economías más productivas, instituciones más
eficaces, en una palabra; países más fuertes.
6.
Así como se asientan los intensos cambios del siglo
XX, la profesión de maestro aparece como decisiva en el desarrollo de las
sociedades. Es el eslabón profesional
clave de la institución social clave: la escuela.
7. Los países
necesitan ingenieros que construyan carreteras, médicos que curen enfermedades,
abogados que apliquen las leyes, agricultores que siembren los campos,
trabajadores que hagan producir las fábricas. Pero para tener todo eso
necesitan, primero, tener maestros: gente que enseñe a los ingenieros a
construir, a los médicos a curar, a los abogados a legislar, a los agricultores
a sembrar, a los trabajadores a producir y, a todos ellos, a ser maestros de los demás y de sí mismo.
Porque el que deja de aprender deja de
reproducirse.
8.
No hay recurso natural más rico que la cabeza de los
niños. De esas cabezas, debida y oportunamente educadas, han de salir todos los
bienes materiales y espirituales que una sociedad pueda producir. En esas
cabezas frescas, abiertas, receptivas, maleables, se escriben cada día los
guiones, los anticipos, las rutas múltiples de los que nuestro país será en lo
futuro. El encargado profesional de modelar esa materia preciosa en el maestro.
Está obligado, por ello, a ser el orfebre
mayor.
9.
Los maestros y las escuelas de nuestro país son
responsables de una hazaña cultural que no hemos acabado de reconocerles. En el
curso de este siglo han llevado a todos los puntos del país el mensaje de la
identidad nacional de México. En el aula, día con día, al pasado incesante de
las generaciones, la escuela y los maestros han difundido, construido y
generalizado los sentimientos de la Nación. Han
enseñado a millones de mexicanos la primera de las cosas esenciales que hay que
aprender en la escuela: quiénes somos y de dónde venimos, en qué país hemos
nacido y qué pasión le debemos.
10.
El mayor elogio y la prueba mayor de la razón de ser
del maestro es el recuerdo, vivo en cada quien, de los maestros que cada quien
ha tenido.
Héctor Aguilar
Camín