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Responsables, pero ¿Ante Quién? Recursos para Adventistas
Los dirigentes de nuestra iglesia tienen una hermosa responsabilidad, pero esta responsabilidad se puede tomar de tres maneras distintas, dependiendo de la manera en que usted asuma el significado de su llamado. Así existen tres tipos de personas "responsables": 1) Los que son responsables ante ellos mismos. Este grupo corresponde a aquellos hermanos que al asumir un cargo, tienen una idea de cómo ejercer sus funciones, y pretenden cumplirla cabalmente, pero por orgullo personal. No les importa lo que piensen los demás. Ellos están tranquilos en la medida en que estén haciendo lo que creen que deben hacer. Este tipo de personas es dañina para la iglesia. No buscan el consejo, porque no creen necesitarlo. Son autosuficientes, trabajan solos. Pueden hacer muchas cosas, y muchas cosas buenas, pero por motivaciones equivocadas. Con este tipo de hermanos se engaña una buena parte de la feligresía, porque se los ve trabajar arduamente. Gustan de los elogios y rechazan que se los critique. Pueden sentirse aprobados por ellos mismos y "auto-convencerse" de ello, pero es Dios quien califica nuestra labor. 2) Los que son responsables ante los demás. Este grupo comprende a aquellos hermanos que asumen sus cargos como una designación humana y no como un llamado divino. Hacen sólo lo justo y necesario para que no se los critique. A poco andar de su ministerio si se cansan o vislumbran problemas, renuncian y dejan todo botado (después de todo, no reciben remuneración alguna -piensan ellos). Este tipo de personas es tan dañina como el anterior. Se sienten responsables ante los hombres, y por eso cuando cometen errores se excusan sólo frente a ellos. No tienen su mira puesta en ganar o preservar almas, sino en cumplir un cargo que se les ha asignado para no quedar mal con los demás. No se apasionan con el evangelio y no lo viven en su ministerio. No están dispuestos a desgastarse trabajando para la iglesia. "¡Que trabajen los demás!", es el típico pensamiento de este tipo de personas. Gracias a este tipo de personas nuestra iglesia se estanca. No hacen más pudiendo hacer más. Esperan que los demás den el primer paso. Tampoco son serviciales. No les gusta colaborar con otros departamentos. Si se les pide un favor, lo hacen mal o de mala manera, "total, es un favor que me pidió el hermano para su ministerio, no para el mío", "Después es él quien se lleva los elogios". Olvidan que todo trabajo dentro de la iglesia se hace para el Señor, y que todos somos parte de la misma Causa. 3) Los que son responsables ante Dios. Este grupo consiste de aquellos hermanos que no sólo se "sienten" responsables ante Dios, sino que "saben" que son responsables ante Dios. Son los que cuando vislumbran problemas caen de rodillas porque saben que están peleando la "buena batalla" de la fe. Saben que tenemos una guerra con el enemigo y están dispuestos a pelear del lado del bien y la verdad. Este tipo de hermanos se da por entero al Evangelio, y lo viven plenamente en su ministerio. Son tiernos, comprensivos, saben escuchar, aprecian los consejos, desean hacer todo el bien que sea posible dentro de la iglesia, para beneficio de la causa. Les gusta propiciar compañerismo entre otros dirigentes. Se ofrecen para colaborar con otros ministerios. Invitan a todo hermano que ven desocupado para trabajar dentro de la iglesia. Les gusta capacitar, motivar, enseñar. Son espirituales. Buscan en Dios todo consuelo y dirección. Desean trabajar para el Señor con todas sus fuerzas, pero no mueven una pestaña en alguna dirección sin estar seguros de que Dios irá con ellos. Este es el tipo de hermanos que nuestra iglesia necesita. Hermanos que comprendan que en la Causa de Dios no hay lugar para aquellos que dudan, se cansan o tienen temor. En la Causa de Dios sólo hay lugar para los que aprenden a depender de El, bajo cualquier circunstancia.
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