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El hermano Pedrito
Ah!... el hermano Pedrito. Era tan bueno. Era tan noble... Siempre recuerdo que antes de que llegase cualquier hermano a la iglesia, él ya estaba ahí. Siempre tan servicial. No podía ser de otra manera. Era el jefe de los diáconos de nuestra iglesia. A veces a los jóvenes les gustaba hacer sus sociales hasta tarde, y ¿quién cerraría la iglesia? Todos los diáconos se arrancaban, pero no el hermano Pedrito. El era distinto. El se quedaba hasta que no quedara nadie. Era el último en apagar las luces y ordenar todo. Pero algo le pasó. Me lo cambiaron. Desde que lo nombraron anciano dejó de ser el mismo. Ya no sonríe con la humildad y simpleza que lo caracterizaba. Ya no le gusta conversar con todo el mundo. Se da el "lujo" de saludar sólo a quien quiere y de llegar más tarde. Su caminar parsimonioso... Su sonrisa ha cambiado por un aire de aristócrata o señor feudal que me duele. Me duele en el alma. Está feliz con su cargo de anciano, pero ya no es tan servicial como era antes. Los diáconos no están funcionando bien en la iglesia, desde que el hermano Pedrito no está. ¿Será que el hermano Pedrito comprende bien qué significa ser anciano? Mientras más alto llegues, más humilde debes ser. Mientras más alto Dios te coloque, más servicial debes ser. Porque en el reino de Dios, todos están para servir. Desde el primero hasta el último. Y en el reino de Dios, los más humildes serán los primeros... Ejercer un cargo no implica no poder colaborar con otros si tú tienes la experiencia y el conocimiento. El hermano Pedrito no desea colaborar con los demás departamentos. "¡Que se las arreglen ellos!" parece decir con su mirada. "Yo ya hice suficiente". Yo me pregunto, ¿es suficiente lo que hemos hecho si lo hemos hecho bien? No. Nunca es suficiente y nunca será suficiente. Mientras estemos en esta tierra tenemos el sagrado deber de trabajar para el Señor. Tenemos que llenar los vacíos que vemos. Si alguien necesita una mano, para, deténte. Aunque estés para hacer otra cosa, aunque no sea parte de las funciones propias de tu cargo, siempre será parte de tus funciones como cristiano y líder ayudar y llenar espacios. Si te sobra el tiempo, colabora con otros. Un líder debe estar donde se lo necesite más. A veces pienso si tal vez el hermano Pedrito cumplía tan fielmente sólo para llegar a tener la "autoridad" que ahora tiene como anciano. Quería "ganarse" el puesto de anciano. Cree que por ser anciano tiene más peso. Cree que ahora debe ser más respetado. Bueno... ahora que recuerdo, muchos abusaron con el hermano Pedrito, precisamente por lo servicial que era. Pero ¿por qué tenía el hermano Pedrito que esperar ser anciano para hacerse respetar? ¿Acaso no hacía él con gusto todo lo que le pedían? ¿O tal vez él pensaba que el cargo de diácono implica servir de manera humillante, soportando todas los abusos sin derecho a reclamo? Es increíble, pero en realidad una persona puede hacer lo correcto por motivos incorrectos, y el caso del hermano Pedrito lo ilustra bastante claro, creo yo. El siempre fue un ejemplo de servicio y humildad para mí. Siempre me sentí a gusto en su presencia, y aspiraba a ser tan humilde y servicial como él. Pero me dolió pensar que su humildad no fuese sincera, sino reprimida, forzada por las circunstancias... No quiero creer que he perdido a mi hermano Pedrito. Aunque esta es una situación ficticia, probablemente se dé o se haya dado en alguna iglesia. Cuidémonos de estar actuando como Pedrito, o tal vez de abusar de nuestros hermanos que son serviciales. Respetémonos de corazón. No quieras hacerme o pedirme lo que no quisieras para ti mismo. Recordemos siempre el gran principio: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Escríbenos a [email protected] |