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Inteligencia espiritual Recursos para Adventistas
¿Crees que se necesita inteligencia para ser líder? Bueno, la pregunta puede parecer un poco tonta ¿cierto? Sin embargo a veces preguntas tontas nos enseñan cosas profundas que muchas veces no vemos. Dios dio inteligencia a los seres humanos para que la utilizaran en su propio beneficio y en el de los demás. Y cuando Dios aparta un líder, Dios desea especialmente que éste consagre su inteligencia a Él. Por ello, para los efectos del liderazgo cristiano, debemos saber que existen cuatro formas básicas en que se manifiesta la inteligencia de una persona cuando trabaja como obrero del Señor. Cada una de estas formas no es excluyente una de la otra, ya que más bien trabajan o funcionan en forma interrelacionada en cada persona, con la diferencia que en cada uno la proporción de cada una de estas esferas de inteligencia es lo que hace la diferencia. En algunos individuos se acentuará un tipo de inteligencia, mientras que en otros, los demás.
Primero: la inteligencia puramente racional. "Órgano que no se usa, se atrofia", es un principio fundamental en biología, y que es usado actualmente por deportistas y educadores en todas las esferas. De ahí que nos acostumbremos a prestar especial cuidado a uno de los órganos más importantes: nuestro cerebrito. Hay personas que son naturalmente más inteligentes que otras. La inteligencia es la capacidad que el cerebro tiene para procesar la información que recibe del exterior, y de recoger esta del mundo que le rodea. Cuando nos enfrentamos a las situaciones diarias de la vida, debemos tomar un sinnúmero de decisiones, cada una de las cuales requiere un proceso intelectivo consciente e inconsciente. Indudablemente, una persona en promedio más inteligente sabrá salir de mejor manera ante cualquier obstáculo que otro que no alcanza dicho nivel de inteligencia.
Segundo: la inteligencia empírica En un segundo grupo, se encuentran aquellas personas que sacan mejor provecho de su educación. Hay cosas que se aprenden en la escuela de la experiencia y de la enseñanza. Como dice un dicho: "Aprendemos a vivir viviendo", es decir, aprendiendo de las experiencias vividas o aprendidas de otras personas. Este tipo de personas sabe sacar provecho de su memoria, recordando las buenas y malas experiencias, a fin de intentar no cometer los mismos errores en situaciones similares a las ya vividas o conocidas.
Tercero: la inteligencia emocional Pero también hay personas que tienen un agudo sentido de las emociones en sus relaciones diarias, lo que a su vez les permite trabajar con un criterio mejor (es decir, la capacidad de tomar buenas decisiones). Las investigaciones modernas han demostrado que en cada decisión la emoción está siempre unida al razonamiento. Y en la aplicación externa de este tipo de inteligencia hacia los demás, está siempre presente lo que llamamos "sentido común", porque se refiere a la situación de poder escoger las salidas más lógicas y obvias en circunstancias determinadas, de acuerdo con usos y convenciones sociales, comúnmente aceptadas como "prudentes". El problema es que el sentido común muchas veces es el menos común de todos los sentidos, y lo que para nosotros puede ser algo muy lógico, bueno o prudente, para otras personas no lo es. Ello demuestra que si bien todos tienen un cerebro, no todos lo utilizan de la misma manera. Es necesario aprender a pensar correctamente, realizando disquisiciones morales equilibradas e inteligentes.
Cuarto: la inteligencia espiritual En nuestro actuar, los errores que muchas veces cometemos se pueden deber a deficiencias en cualquiera de las áreas anteriores. Sin embargo, existe un sentido que suple todas nuestras falencias, y que por lo tanto es el sentido infaltable. De hecho podrían faltar todos los demás, menos éste. Nos referimos al sentido espiritual, que sólo se desprende de nuestra vida de oración y consagración. Dios da sabiduría celestial para suplir nuestras deficiencias. Y la da a todo aquel que la busca con sinceridad y humildad (Sant.1:5), esto es, cuando su sincero deseo no es otro que cumplir fielmente la voluntad de Dios (1 Juan 5:14). Es cierto que una persona puede esconder su falta de consagración si es muy inteligente, o si tiene una buena educación o un sentido común muy maduro. Sin embargo, Dios desea que ante todo, seamos consagrados. Es importante tener ganas de hacer cambios y de mejorar las cosas, pero sólo Dios puede mostrar qué es lo que necesita ser cambiado, y lo más importante, sólo Dios nos puede mostrar la forma en que debemos realizar esos cambios. Quien no actúa de esta manera, simplemente va a correr con colores propios toda la vida, cometerá muchos errores, será piedra de tropiezo a muchos, y atornillará al revés en todo lo que Dios desea. Todo aquel que no posee el colirio del Espíritu Santo es un en términos espirituales un ciego (Apoc.3:18). Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo (Lc.6:39). Por lo tanto, un líder debe procurar no ser ciego, es decir, procurar la dirección de Dios en todo, y no caminar en ninguna dirección sin estar completamente seguro que es Dios quien dirige sus pasos. Sin el colirio espiritual, el hombre juzgará todas las cosas como cualquier otro. Sólo una persona espiritual puede ver las cosas como las ve Dios (1 Cor. 2:14). Y como Dios no se equivoca, el líder que aprende a depender de Dios, y no de su educación, inteligencia o sentido común, será quien tendrá verdadero éxito en cada plan que ejecute. Dios desea nutrir nuestra vida de inteligencia en forma integral, pero como hemos visto, en la Biblia ella está íntimamente relacionada con nuestra santidad. Al respecto, veamos la siguiente declaración que una mujer con una inteligencia espiritual extraordinaria hizo hace ya muchos años:
"La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero para esto no tienen ningún poder [para vencer el pecado]. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre en el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Solamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraerlas a Dios, a la santidad". (Elena de White, El Camino a Cristo, págs. 16 y 17).
Dios dio a todos los seres humanos inteligencia, pero a los cristianos les dio algo más que inteligencia: se dio a Sí mismo. Dios les da a los hombres de Su propia Inteligencia cada vez que la necesitemos (Efe.1:8). Sólo tenemos que unir nuestra debilidad a su "fortaleza" con humildad y sencillez de corazón (2 Cor.12:10), y el resultado vendrá por añadidura (Mt.6:33).
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