¿Qué tan humilde eres?


Recursos para Adventistas

 

El ser humano es orgulloso por naturaleza. Es parte de la naturaleza pecaminosa que comenzó en el corazón mismo de Satanás, antes de su caída, cuando era el ángel más exaltado de todos los ángeles del cielo.

El orgullo deja de lado a Dios, a veces conscientemente y otras veces, de manera inconsciente. ¿Cómo podemos saber si realmente nos comportamos en forma humilde? Este es un asunto difícil, pero podemos contestarlo medianamente señalando ocho evidencias fundamentales que revelan este triste pecado:

 

Ocho Evidencias fundamentales que revelan falta de humildad:

1) El amor al ensalzamiento:

Cuando una persona exitosa recibe muchos elogios, su ego tiende a inflarse con facilidad. Muchas personas buscan y anhelan el reconocimiento, cayendo en un error fatal.

"Debe ejercerse gran cautela, aún cuando se necesite aliviar la pesada carga que oprime a hombres y mujeres, no sea que éstos confíen en su propia sabiduría y dejen de fiar únicamente en Dios" (Elena de White, Joyas de los Testimonios T.1, pág. 321).

El cristiano verdadero jamás buscará su gloria, sino la gloria de Dios. El ensalzamiento sólo le hará perder el equilibrio de su vida cristiana, y de comprender lo que él verdaderamente es en relación con Dios. No coloquemos jamás nuestra confianza en nosotros mismos, ni en nada que poseamos. Dios es nuestra única confianza.

Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes  (Sant.4:6), porque Su escala de valores es totalmente distinta a la que los seres humanos manejamos (Sal.147:6).

 

2) El rechazo a los consejos y amonestaciones:

Las personas tienden a rechazar por naturaleza cualquier tipo de reprensión. Ser humilde significa no rechazar los consejos (Prov.8:33; 19:20; Ec.7:5). Y esto básicamente consta de cinco cosas:

Primero que todo, saber escuchar a todos, sin discriminación alguna; luego, aceptar la crítica; tercero, analizar sus fundamentos buscando la sabiduría divina; a continuación reconocer sinceramente si uno ha estado equivocado en caso de ser así, y finalmente, acudir a Cristo para buscar más sabiduría y la fuerza para cambiar todas estas cosas que no podemos cambiar por nosotros mismos.

La reprensión constructiva es aprovechada por el entendido (Prov.17:10), es decir, por quien sabe que es Dios quien le está corrigiendo para su propio beneficio (Prov.6:23). Aún los buenos consejeros a veces necesitan ser aconsejados y consolados. Dios señala que podemos amonestarnos los unos a los otros (Rom.15:14).

Es verdad que a veces hay hermanos que pretenden ser buenos consejeros, y que no vienen de parte del Señor. Pero nos queremos referir a aquellas situaciones en que hermanos bien instruidos, con las mejores intenciones, y sobretodo, con amor y sabiduría celestial, nos amonestan sobre cosas que sabemos son verdad, y no las queremos recibir (1 Tes.5:12,13). Quien no recibe la verdad, no recibe a Cristo en definitiva, porque Cristo es la verdad.

 

3) Rechazar la sumisión de las autoridades:

Dios siempre ha escogido a ciertas personas como cabezas o líderes, a fin de que por ellos el pueblo se conduzca de un modo más ordenado u organizado (Rom.13:1,2). Sobre estos líderes pesa una gran responsabilidad, pues son quienes deben llevar a cabo la misión de la iglesia. Por esto, son los blancos preferidos del enemigo de las almas. Lamentablemente, una de las formas más usuales que Satanás usa para atacar a los líderes está en el pueblo mismo, que no reconoce con humildad la autoridad de estos líderes, sea de palabra como de acción (Tito 2:9). Quien comete este pecado, simplemente le está siguiendo el juego al enemigo, que busca a toda costa debilitar la estructura de autoridad presente en la iglesia.

Debemos reconocer a las personas que vienen con la autoridad de Dios sobre nosotros, y aceptar bondadosamente dicha autoridad sobre nosotros, porque esto es la voluntad de Dios.

Muchas veces nos preocupamos más por ser respetados que por saber respetar. Sin embargo, en el reino de Dios, el más respetado es aquel que sabe respetar.

 

4) Rechazar el trabajo en equipo:

Cuando Dios concibió la iglesia, la concibió como un cuerpo. Así como un cuerpo de compone de muchas partes, todas interconectadas y relacionadas, funcionando simultáneamente para el mismo fin, exactamente funciona nuestra iglesia... o mejor dicho, "debiera" funcionar (Rom.12:4-8). No queramos trabajar solos, pudiendo trabajar en equipo. Ese jamás ha sido el propósito de Dios. Dios desea que nos asociemos con los humildes (vers.16).

Todos tiramos para el mismo lado, porque nuestra bandera es una sola: la predicación del Evangelio de Jesucristo. Por lo tanto, buscar la colaboración de más hermanos o bien ayudar servicialmente a otros, si es posible para nosotros hacerlo, es absolutamente concordante con el carácter cristiano, con la mentalidad que Dios desea desarrollar en sus hijos.

 

5) Menospreciar a otros "aparentemente" inferiores.

Todos los seres humanos, y dentro de ellos aún los mismos cristianos tienden a realizar infinidad de criterios de valor sobre las personas, los cuales muchas veces son injustos y arbitrarios. En este sentido, muchas veces despreciamos a las personas que consciente o inconscientemente consideramos "inferiores", sea por educación, cultura, nivel socio-económico, edad, posición en la iglesia, etc.

Pero debemos reconocer que este sentimiento no es cristiano (Sant.2:1,9). Cristo trataba con la misma amorosa consideración a todas las personas por igual (Rom.2:11). Si Él, que era Dios mismo, no hacía acepción de personas, ¿por qué las hacemos nosotros? ¿con qué derecho?

Por ejemplo, con respecto a la edad, algunas personas mayores tienden a despreciar los consejos o amonestaciones que puedan expresar jóvenes o personas menores. El joven Timoteo seguramente tuvo que lidiar frecuentemente con este problema, pero Pablo le aconsejó a no desanimar: "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes" (1 Tim.4:12).

Ni la posición en que Dios te ha puesto, ni los dones que Él te ha conferido, ni ninguna otra cosa te da la autoridad para conducirte sobre tus hermanos de la manera que desees. Cristo era el Dios del Universo, sin embargo, cuando trataba con las gentes, con sus propias criaturas, Él procuraba un cambio en ellos mediante el amor. Cristo se ganaba primero la simpatía y la confianza de la gente, y luego les decía: "seguidme".

 

6) El no perdonar a quienes nos han ofendido:

Una manifestación no menos importante de este orgullo lo vemos cuando mantenemos en nuestro corazón resentimiento contra quienes nos han ofendido, y no hemos sido capaces de tomar ese resentimiento y llevarlo a los pies de Jesús, para que Él obre conforme a Su voluntad. Quienes no son capaces de vencer por el poder de Dios su orgullo y estar dispuestos a perdonar no están preparados para ser perdonados. Es un principio bíblico que está claramente manifestado en el mismo rito de humildad del lavamiento de pies que Cristo enseñó a hacer a sus discípulos, y que permanece hasta el día de hoy.

Dios nos amonesta a hacer cuanto esté de nuestra parte para estar en paz con todas las personas (Rom.12:18). Y especialmente, a no hacer justicia por nosotros mismos (vers.19). Una actitud de desprecio o forzada indiferencia que hagamos a otro es también una forma de venganza que Dios no aprueba. Mantengamos siempre la vista erguida, y miremos con compasión a quienes aún no ven la luz del amor de Cristo. Venzamos el mal con el bien (vers.20-21), de modo que nuestros adversarios se avergüencen y no tengan nada que decir de nosotros (Tito 2:8).

 

7) Proceder imprudentemente:

El cristiano genuino tiene mucho cuidado con este punto, porque es muy abarcante. La imprudencia a que nos referimos consiste en tomar acciones y decisiones impulsados primeramente por lo que pensamos que es correcto, sin consultar previamente con la Biblia, y sin tener la claridad o certeza absoluta de que estamos diciendo la verdad (Tito 2:1). Dios nos amonesta a no ser sabios en nuestra propia opinión (Rom.12:16). Haríamos bien en imitar a los bereanos, escudriñando cada día las Escrituras para comprobar cada cosa mediante ella (Hech.17:11), y así comprobar cuál es de verdad la voluntad de Dios (Rom.12:2). A veces pensando que tenemos la razón, podemos actuar impulsivamente pasando a llevar a algunas personas, y muchas veces, pasando a llevar la verdad misma.  Ojalá nuestra oración siempre fuera: “¿Quien puede conocer sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos” (Salmo 19:12), “Escudríñame, oh Dios y conoce mis inquietudes, conoce mi corazón, pruébame y ve si hay en mi camino malo y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

La imprudencia en este sentido muestra una severa falta de humildad, porque el cristiano humilde es aquel que aprende a conducir sus pasos con el mayor tacto y cuidado, procurando diariamente recibir de Dios la sabiduría para poder caminar con pasos seguros, sin cometer errores de los cuales más tarde nos podríamos arrepentir. En ocasiones, el daño que se ha hecho muy difícilmente puede ser reparado.

 

8) Considerarnos a nosotros mismos como indispensables:

Aunque debemos reconocer que todos los cristianos tenemos dones, y algunos, más que otros, ello no debiera llevar a nuestra mente la idea de considerarnos indispensables para la obra de Dios. Pablo amonesta especialmente a que nadie tenga un concepto de sí mismo más alto que el que debe tener (Rom.12:3). Sólo nuestra relación con Dios nos dará la estatura espiritual que tenemos.

Fríamente hablando, Dios no nos necesita para su obra, sino todo lo contrario, somos nosotros los que necesitamos a Dios, continuamente. El deseo de Dios al conferirnos dones es invitarnos a participar amorosamente de la obra que Él mismo dirige, es decir, Dios busca hacernos partícipes de la bendición de predicar el evangelio siendo instrumentos en Sus manos.

No existe mayor gozo que el cristiano pueda vivir que el hecho de ser considerado por Dios para la obra más hermosa y magnífica que el universo ha conocido jamás: de ser embajadores del cielo en un mundo perdido por el pecado, para salvar a cuantos sea posible de la muerte a que se dirigen todos aquellos que permanecen en las tinieblas.

 

Cristo es el mayor ejemplo de humildad que podemos encontrar (Mt.11:29). El nos enseñó con su propio ejemplo a depender continuamente de la Fuente Inagotable de Poder y Sabiduría: Dios (Prov.11:2, ver tb. 1 Sam.30:6,7). De tal manera que podamos declarar con total certeza y admiración, así como Pablo: "Todo lo puedo EN CRISTO que me fortalece" (Fil. 4:13).

 


Regresar

Escríbenos a [email protected]

 

Hosted by www.Geocities.ws

1