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¿Para quién es la Gloria? Recursos para Adventistas
Los testimonios cristianos son importantes, porque ellos motivan a los hermanos a confiar en la dirección Divina, demuestran el poder vivo de Dios, crean fe en el corazón de los hombres. Pero a veces, producen un profundo sentimiento de rechazo, o bien provocan otro efecto indeseado. ¿Por qué esta diferencia? Existen aspectos fundamentales en la forma cómo contamos un testimonio que hacen una diferencia. De hecho, se puede vivir el mismo testimonio y sin embargo contarlo de una manera totalmente distinta.
A continuación señalaremos algunas pautas básicas que deben cumplir los testimonios para que glorifiquen debidamente a Dios y cumplan su objetivo en el corazón de los oyentes:
1.- Un testimonio cristiano consiste en un hecho de Dios del cual hemos tenido conocimiento, ya sea por haberlo presenciado, o por haber escuchado de él, y que por su naturaleza, puede fortalecer la fe de los creyentes y crear fe en el corazón de los incrédulos (Juan 3:11; 2 Ped.1:16-18; 1 Juan 1:3). Los testimonios cristianos se caracterizan porque enseñan verdades prácticas y muestran atributos de Dios como su sabiduría, poder o su amor por nosotros, y llevan a la gente a confiar en las promesas divinas.
2.- Debemos asegurarnos que el testimonio que vamos a relatar corresponde verdaderamente a un hecho de Dios (1 Juan 4:1; Mt.7:16). A veces se cuentan como testimonios experiencias personales en que Dios no ha estado presente. Para tal efecto, debemos conocer bien las Escrituras, de manera que los testimonios jamás contradigan principios o verdades bíblicas claramente establecidas (Juan 7:17; Isa.8:20).
3.- Debemos evitar cuanto sea posible cualquier expresión que induzca a la gente a dirigir su mirada a nosotros mismos, y muy especialmente evitar aquellas expresiones que lleven a la gente a pensar que nosotros somos los obradores de los milagros. Los milagros los hace Dios, la gloria es sólo para Él (1 Cor.10:31; 1 Ped.1:24,25; Fil.4:20) . Asimismo, debemos evitar cualquier actitud o comentario que lleve a la gente a considerar que nuestras cualidades morales hicieron posible la intervención de Dios. Dios obra cuando quiere, como quiere, y con quien quiere, y no debemos caer en el error de pretender que los milagros que Dios ha hecho en nosotros o por intermedio nuestro son una prueba de que nuestra vida está siendo aprobada por Dios (Mt.7:21 en ad.).
4.- Debemos obviar cuanto sea posible nuestras cualidades o aptitudes morales para atender las necesidades de la gente. "No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha" (Mt.6:3). "Dios que ve en lo secreto, te recompensará en público" (Mt.6:4). El cristiano genuino no necesita mostrar a otros lo "bueno" que es o las cosas buenas que ha hecho. Los testimonios no cumplen su propósito si desvían su atención de Cristo y los utilizamos para centrar la atención en nosotros. No usemos testimonios para mostrar lo que hemos hecho por Dios o la iglesia, sino para mostrar lo que Dios ha hecho por nosotros.
5.- Al pronunciar un testimonio tenemos siempre que dejar claro en la mente de los oyentes, que Dios es Soberano (siempre obra conforme a Su voluntad), y que debemos ser sumisos a esa autoridad (1 Cor.12:11; 1 Ped.3:17). Inducir a la gente a creer que Dios va a contestar afirmativamente a todo lo que deseamos "si tan solo lo creemos de todo corazón" crea una concepción errónea de Dios. Además, la gente se sentirá frustrada con Dios o con su propia fe si intenta repetir la experiencia y el resultado es negativo. Debemos tener presente que no somos nosotros los que utilizamos el poder de Dios, sino que es Dios quien debe utilizarnos a nosotros.
6.- El testimonio debe dejar un profundo sentimiento de gratitud a Dios en el corazón de los oyentes (1 Tes.5:18; 1 Juan 1:4). Claro está que esto depende tanto de la forma cómo relatamos el testimonio, como de la disposición y actitud que tengan los oyentes, pero bien es cierto que debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para que, si nosotros somos los relatores, el testimonio provoque el efecto de gratitud a Dios en la gente. Un aspecto importante en este sentido, tiene que ver con la duración del testimonio. Deben ser lo más breves posibles. "Estos [testimonios] deben ser cortos, y de naturaleza tal que ayuden a otros. Nada destruirá más seguramente el espíritu de devoción como que una persona dedique veinte o treinta minutos a un largo testimonio. Esto significa la muerte de la espiritualidad de la reunión" (Elena de White, Obreros Evangélicos, 180).
7.- Finalmente, aprenda a conversar con Dios antes de conversar con otros acerca de Él. Consulte a Dios y pídale continuamente Su sabiduría para hablar en Su Nombre (Sant.1:5), y Él le enseñará paso a paso, de modo que usted pueda darle la Gloria que Él y sólo Él se merece. Tenga usted la plena confianza de que si dispone su corazón para darle la Gloria a Dios, cuando usted abra sus labios, Dios testificará por usted (Job 31:35).
"... Así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones" (1 Tesalonicenses 2.4).
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