Falsos Adventistas


Recursos para Adventistas

 

Por favor, amigo y hermano en la fe, ¿saben tus amigos, familiares y cercanos que eres un adventista del 7° Día? ¿Le cuentas a otros que perteneces a esta iglesia? Pues presta mucha atención, porque existe un gran abismo entre lo que decimos ser y lo que verdaderamente somos.

Nuestra iglesia crece continuamente, pero podría crecer mucho más. Y ello se debe en gran medida al "testimonio" que nosotros mismos estamos dando al mundo. Si realmente fuéramos lo que decimos ser, la gente lo vería. Por esto, presta especial atención a estos sencillos consejos, y corrige cuanto antes lo que haya de ser corregido.

 

No digas que eres adventista, si no vives como quien espera y anhela el pronto regreso de Jesús.

No digas que eres adventista, si tu relación con Cristo no le permite a Él gobernar sobre tu vida, sus anhelos, proyectos y deseos.

No digas que eres adventista, si no crees que el testimonio que das es verdaderamente importante, sino el hecho de pertenecer a la iglesia.

No digas que eres adventista, si no amas a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

No digas que eres adventista, si no eres capaz de hablar a nadie de Cristo y defender Su Nombre.

No digas que eres adventista, si no te gusta participar en la Causa del Evangelio, colaborando con tu iglesia activamente, y motivando a tus hermanos continuamente.

No digas que eres adventista, si crees que a veces es necesario transigir con la verdad y "ceder" ante tus amigos para no perderlos o para que ellos te sigan considerando.

No digas que eres adventista, si el amor de Cristo no te constriñe a amar a los demás, y no tratas a las personas con el cuidado, atención y amor que profesó Jesús.

No digas que eres adventista, si en tu proceder con los demás actúas como actúan los que pertenecen al mundo.

No digas que eres adventista, si te importa mucho más tu propia vida que el dolor que mucha gente está sufriendo por causa de su ignorancia espiritual y sus carencias.

No digas que eres adventista, si no te duele la injusticia, la falta a la verdad, el egoísmo, el orgullo y la vanidad.

No digas que eres adventista, si permites que tu raza, tu educación, opción política o cualquier otro "abanderamiento" semejante te separe de tu hermano en la fe.

No digas que eres adventista, si no haces nada por impedir que el mundo penetre en la iglesia, en vez que la iglesia penetre el mundo.

No digas que eres adventista, si no sientes en tu corazón el deseo de saludar afectuosamente a tu prójimo, aunque no le conozcas, y crees que siempre deben ser los demás quienes den el primer paso en todo.

No digas que eres adventista, si no haces nada por impedir los chismes y maledicencias contra la obra de Dios o sus obreros, todo lo cual es obra del enemigo para debilitar a otros en la fe.

No digas que eres adventista, si sólo vas a la iglesia para encontrar un lugar de reunión social, y no para encontrarte con Cristo y buscar en el templo un momento precioso de comunión espiritual.

No digas que eres adventista, si crees que la iglesia es conducida por hombres falibles y no crees que Dios realiza su labor "aún a pesar de esos hombres falibles".

No digas que eres adventista, si no eres capaz de perdonar a tu hermano y dejar todos tus resentimientos completamente a los pies de Jesús.

No digas que eres adventista, si te encuentras distanciado con alguien y no has hecho nada por tu parte para mejorar la situación.

No digas que eres adventista, si te apresuras en condenar a las personas por lo que has oído que ellas han dicho o hecho, sin comprobar personalmente cuál es la verdad de las cosas.

No digas que eres adventista, si crees que es más importante decir la verdad que cuidar la forma en que la decimos. Recuerda que la verdad si no es dicha como conviene, deja de ser verdad.

No digas que eres adventista, si no estudias regularmente tu Biblia y no eres capaz de entender las verdades bíblicas más básicas que podrías llegar a conocer si tan sólo hicieras un mínimo esfuerzo cada día.

No digas que eres adventista, si no crees capaz de defender la verdad del Evangelio eterno, como un verdadero miembro del "pueblo de la Biblia" a que pertenecemos.

No digas que eres adventista, si no eres un buen mayordomo de todo cuanto Dios te ha confiado, especialmente el conocimiento de la verdad, tus talentos, tus bienes, tu tiempo, y tu cuerpo.

No digas que eres adventista, si no le das a Dios el crédito por todas las bendiciones que Él derrama continuamente sobre ti.

No digas que eres adventista, si no buscas en Dios la fortaleza y la sabiduría para enfrentar las pruebas que Él te concede a fin de sacar lo mejor de ti.

No digas que eres adventista, si crees que predicar el Evangelio es más importante que establecer sinceras y profundas relaciones de amistad con tus hermanos en la fe, que duren por toda la eternidad.

 

Y Finalmente,

No digas que eres adventista, si piensas que todo esto no es importante. Cuando Cristo regrese, ya será demasiado tarde para intentar ser un adventista de verdad.

 

 


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