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Detesto la hipocresía del hermano Alberto
Rodrigo: ¡NO! Otra vez vino a mi iglesia el hermano Alberto. Lo encuentro tan hipócrita y falso. Me acuerdo que años atrás asistió al colegio en día sábado. ¡Qué mal testimonio!. Miraré para otro lado. Alberto: Ahí va mi hermano Rodrigo. Parece que no me vio. Siempre anda tan raro conmigo. Fuimos compañeros de escuela hace muchos años, pero no me traga. Parece que nunca me perdonó que fuera a la escuela en día sábado. ¡Pero si yo era un niño que todavía no comprendía la solemnidad de ese día!. Incluso todavía no me bautizaba. Rodrigo: Quisiera no encontrarme más con el hermano Alberto. Menos mal que se sentó en otro grupo, así puedo participar tranquilamente en mi clase de escuela sabática. Alberto: Me sentaré mejor en este grupo. No quiero que Rodrigo se incomode por mi presencia. Sé que él es un buen maestro y que enseñará correctamente la lección, porque él estudia mucho. Rodrigo: Veo que Alberto está opinando en su clase. ¿De qué podrá opinar él? ¿Qué puede saber si no hace lo que tiene que hacer? Alberto: Qué bueno que a los hermanos de este grupo les pareció acertado mi comentario. El maestro asintió amablemente mi intervención. Los hermanos me miran con una sonrisa y un rostro agradable. Pero veo que a lo lejos Rodrigo me mira de reojo y serio. A la salida hablaré con él. Rodrigo: Bueno, ahora que ha terminado el estudio me sentaré a escuchar el sermón. Trataré de sentarme lo más lejos posible de Alberto. Alberto: Creo que me sentaré acá donde pueda ver bien al predicador. Señor, bendícelo. Que tu Santo Espíritu pueda hablar a mi corazón y al de mis hermanos a través de él esta mañana. Rodrigo: Este tema ya lo había escuchado antes. Nada nuevo. Mejor me dedicaré a escribir algunas notas sobre el programa de jóvenes que me toca dirigir a la tarde. El Predicador: "... Su nombre era María, y había hecho tantas cosas malas en la vida que nadie era capaz de creer que pudiera cambiar. Pero un día se encontró con Jesús, y fue perdonada y transformada. Su gratitud fue tan grande que, durante una fiesta, pasó en medio de toda la gente y cayó a los pies de Jesús. Los lavó con un perfume costoso, los besó y los secó con sus propios cabellos. Entonces, un fariseo la vio y pensó: 'Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora' (Lucas 7:39). Fíjense bien en lo que dijo el fariseo: '...es pecadora'. Para los hombres, alguien que "fue" siempre continuará siendo, cargará el estigma de su pecado para siempre. Pero para Jesús, ella "había sido" una pecadora, no lo era más porque él estaba entre la mujer y su pasado; Cristo es quien hace la diferencia entre tu pasado y tu presente..." Alberto: Muy bueno el tema. Siempre es bueno escuchar acerca del perdón de Dios. Dios también me ha perdonado. Cuando Cristo comenzó a morar en mí repudié el pecado que antes amaba. Esto sólo se lo debo a Cristo. Te amo, Señor. Rodrigo: Qué bueno que terminó el tema. Trataré de conversar con alguien para que el Alberto no se me acerque. Alberto: Esperaré desde esta esquina que Rodrigo termine de conversar para ir a saludarlo y contarle que estoy participando también como director de un departamento en mi iglesia. Rodrigo: No hallo la hora que se vaya. Me está fastidiando su presencia. Alberto: Oh!, han llegado mis padres a buscarme en su vehículo. No pude acercarme a Rodrigo. Para la otra será. Rodrigo: Menos mal que ya se va. Detesto la gente hipócrita. Escríbenos a [email protected] |