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Salamanca
P.
Jesús Lerena
Familia numerosa
El mes de julio se nos llenaba la casa de jolgorio y
de juventud, cosas que suelen ir bastante
emparejadas. Doscientos cincuenta niños de todas
las edades, a los que había que añadir más de
cincuenta personas, entre monitores, profesores...,
ocupaban los pisos segundo y tercero del colegio. Un
buen grupo permanecería todo el mes, mientras que
los demás dejarían sus puestos a otros compañeros
a los quince días. Todos tuvieron la oportunidad de
profundizar en su inglés y disfrutar de momentos de
ocio y esparcimiento en los patios y demás
instalaciones de la casa y fuera de ella. La ciudad
y la provincia de Salamanca da para mucho. Los
altavoces, los juegos y alguna que otra carrera
nocturna rompían la tranquilidad en la que
habitualmente se movía la comunidad. Algo más
asustados se encontrarían los muchos conejos que ya
pueblan nuestro bosquecillo. También la hierba, que
comenzaba a sentir la falta de agua, sufrió las
consecuencias de las miles de pisadas de nuestros jóvenes
inquilinos que, guiados por sus monitores,
realizaban una gran variedad de actividades en las
instalaciones deportivas, o alrededor de las mesas
acomodadas a la sombra en varios lugares del patio.
A pesar del gentío, pudimos disfrutar de unos días
de paz interior en los ejercicios espirituales
dirigidos por el padre Miguel Miró, siempre
dispuesto a servir. Las meditaciones tuvimos que
hacerlas en la capilla de la comunidad: el grupo de
participantes -catorce en total- lo permitía.
Gracias a Miguel por sus orientaciones y su cercanía.
Durante mes y medio nos han acompañado, como viene
siendo habitual los últimos años, algunos
participantes en los cursos para formadores del P.
Rulla, entre ellos nuestro religioso Eduardo
Chirinos junto con Alberto y Fidel, llegados ambos
de los Estados Unidos. Otro grupo sigue eligiendo
nuestra casa para unos días de paz espiritual. Son
personas que en el mes de agosto desean unas
jornadas de retiro, algunos más que otros, bajo la
dirección de don Ezequiel, sacerdote asturiano.
Sacerdotes, religiosas, casados y solteros, todos
reciben orientación y aliento. Los trece
participantes en esta experiencia marcharon
agradecidos por su estancia entre nosotros.
Los meses del verano son ocasión para muchas y
variadas actividades. Y no es que durante el curso
falten cosas por hacer. Pero es distinto, claro. Por
supuesto, pudimos cumplir todos con nuestros
compromisos familiares, a excepción del padre
Feliciano, que después de unas semanas sin estar
con la comunidad, ya está siguiendo la vida normal.
Aun cuando este año hemos tenido menos calor, el
contaba con aire acondicionado en su cuarto, por si
acaso. Alguno tuvo que cambiar su plan de vacaciones
por causas mayores, pero, en definitiva, todos las
hemos podido disfrutar junto a nuestros seres
queridos. Goyo, además, realizó durante quince días
una experiencia pastoral y lingüística en una
parroquia de Inglaterra.
Tristezas y
alegrías
Se cruzan también durante estas fechas. Entre los
momentos tristes que hemos compartido con frailes,
familiares y amigos, recordamos los entierros del
padre Félix Alonso, de don Aquilino, padre de
nuestro religioso José Ramón, y de la señora
Visitación Lerena, hermana del padre Manuel y tía
de Jesús y José Miguel. También constituyó una
manifestación de fraternidad, amor y fe la
celebración del primer aniversario del padre Manolo
Acarreta en su pueblo, Fitero. Una vez más, su
familia se volcó en atenciones con los muchos
religiosos y amigos que se acercaron hasta allí.
Fue el momento de presentar el libro que los suyos
le han querido dedicar. Lleva por título Los
caprichos de Dios. Así era él, Manolo. Sus páginas
están llenas de recuerdos, de fotos, de
pensamientos y poesías que nos transmiten la alegría
de vivir de un joven y la aceptación de la voluntad
de Dios de toda su familia.
Pero han sido más los momentos alegres vividos.
Entre ellos entresacamos las visitas a nuestros
familiares y religiosos de otras comunidades; los
paseos a Zamora, Alba de Tormes, Vitigudino, Ávila...;
la excursión de un nutrido grupo de frailes desde
San Millán al Robledillo, en La Rioja, para saltar
hasta tierras sorianas y conocer otros bellos
parajes como la Laguna Negra, Vinuesa y Playa Pita.
Numerosos han sido los religiosos que nos han
visitado en estas fechas de verano. Hemos compartido
con ellos noticias, experiencias, recuerdos...
Varios han venido acompañados por familiares. Y se
llevó la palma fue el padre Ismael que, en una
visita relámpago, se nos presentó con otros siete
familiares, entre hermanos y cuñadas. Aún echamos
en falta a su madre, la señora Julia. Todos han
podido ver las últimas obras de la casa y volver a
recorrer muchos rincones de nuestra ciudad, que cada
vez luce más bella, de modo particular en horas
nocturnas. Por nuestra parte, con motivo de sus sus
bodas de oro sacerdotales, hemos estado cerca del párroco
del barrio de Pizarrales, donde trabajan las
hermanas MAR, y con las Siervas de María, en la
profesión de votos perpetuos de una joven
religiosa.
La fiesta
de san Agustín
En un primer momento nos acompaña un grupo de
amigos, familiares y trabajadores de la casa. La
eucaristía de mediodía abre la jornada festiva;
vendrá después un vino español para acompañar
los ricos productos ibéricos de esta tierra. Los
familiares de Javier Tello y de Enrique Gómez, y
algunos empleados de la casa comparten con nosotros
la comida. En un segundo momento nos trasladamos a
la iglesia de La Purísima, donde nos vemos acompañados
por algunos sacerdotes y bastantes amigos y
feligreses. En la celebración eucarística,
nuestras hermanas agustinas recoletas participan
activamente con el canto. Seguidamente completamos
la jornada en el locutorio de su convento. Se nota
que hay ganas de compartir noticias y sobre todo
mucho cariño. También las comunidades que
atendemos se quisieron hacer notar con su presencia
en las celebraciones y con algunos regalos de los
que poco a poco compartiremos en los encuentros
fraternos.
Colegio y
residencia
En el mes de julio, bastante tenemos con atender al
grupo EDUMA. En el mes de agosto quedamos los justos
para cuidar la casa y los jardines, además de estar
cerca del padre Feliciano. Enrique seguida dedicado
a la tesis doctoral. Llega septiembre y los
porteros, armados de brocha, repasan paredes,
armarios, puertas y ventanas. Los dos primeros días
del mes se realizan los exámenes extraordinarios:
son pocos los alumnos que aprovechan la oportunidad;
otros, a pesar de su esfuerzo, no llegan: a repetir
curso o a pasar con materias pendientes. Algunos
padres insisten; sin embargo, son los hijos los que
tiene que dar el callo y no lo han hecho. De los
veintiún alumnos del último año de la ESO han
alcanzado su objetivo dieciséis. No está mal. Unos
pocos que continúan tienen la posibilidad de
permanecer en la residencia, mientras estudian
bachillerato. Entre los que han concluido los
estudios y los que se dan de baja hay puesto para
los nuevos que han reservado plaza a lo largo de
estos últimos meses. En relación con el curso
pasado, el número bajará algo acercándose a los
setenta alumnos. Algunos son externos, pero hay que
sumar a éstos los residentes de bachillerato. Por
desgracia, las bajas han recaído también entre los
religiosos formadores. Deseamos suerte a Goyo en su
nueva experiencia.
Todavía es pronto para dar números sobre la
residencia universitaria, pero la tendencia es
igualmente a la baja. Una vez que han pasado los
primeros años en nuestra casa, los estudiantes
prefieren compartir pisos alquilados. Aunque las
incomodidades sean mayores, valoran más las otras
ventajas: precio, libertad, independencia… Y los
padres consienten. Eso sí, seguimos siendo cada vez
más internacionales. Este año se nos ha añadido
un japonés que, además de futbolista, está empeñado
en aprender pronto la lengua de Cervantes.
Noticia aparte en la casa merece la reciente visita
del padre Francisco Moriones. Aprovechando su
llegada a España con un grupo de peregrinos de la
fraternidad seglar agustino-recoleta, no quiso
perderse la ocasión de visitar al padre Javier
Ruiz, que ha tenido una parte importante en la próxima
edición en la BAC de su obra La teología de san
Agustín. Fue una visita relámpago en una mañana
de domingo, pero suficiente como para comprobar el
buen humor y claridad de pensamiento de uno de los
religiosos más veteranos de la Orden. No está de más
recordar nuevamente ahora la labor que viene
desarrollando el padre Javier Ruiz, para preparar
muchas de las ediciones de la Orden y, por supuesto,
de la provincia San José. Él nos podría contar
las horas en la mesa de trabajo y ante ordenador
para revisar y completar los escritos originales
antes de llevarlos a la imprenta. Es una labor
callada, pero llena de mérito y calidad, que se
percibe en cada una de las publicaciones.
Y nos despedimos cuando estamos ocupados en los últimos
preparativos del curso, en el que contaremos con un
religioso menos, quien el último año ha colaborado
con dedicación en la difícil tarea del colegio.
Por ahora, atenderemos esta parcela con la ayuda de
personas seglares muy ligadas a nosotros por su
anterior pertenencia a la Orden. Por suerte, este año
el curso no comienza hasta el día 20 de septiembre,
con lo que habrá mayores posibilidades para
programar la marcha de la residencia, tutorías,
clases... Además estamos en vísperas del capítulo
general, en el que van a participar dos religiosos
de la comunidad, el padre Javier y fray Enrique.
Encontraremos, sin embargo, la solución a este y a
otros problemas que se nos presenten. Contamos,
claro está, con la ayuda de Dios y con el apoyo de
vuestra plegaria.
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El P. Jesús
Lerena, corresponsal de Recortes, ha sido
nombrado consejero general en el último
capítulo. Deja, en consecuencia, la comunidad
de Salamanca para residir en Roma. |
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Hoy
destacamos
Apertura
del año jubilar en honor de san Nicolás de
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