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Somos el matrimonio Roberto Estebas -hermano del
padre José Estebas- y Mari Flor Armas, sobrina del
padre Tomás Sáez y de sor Natividad Sáez. El
motivo de este escrito es comentar nuestra visita a
Perú donde hemos permanecido el mes de julio. Los
primeros quince días, en viaje turístico
organizado desde España con los cuñados Valva e
Ignacio, y los otros quince nosotros solos, acompañados
de José y de los religiosos agustinos recoletos con
los que hemos ido coincidiendo en los distintos
lugares. La experiencia ha sido enriquecedora, y nos
hemos encontrado además como en casa, gracias a la
hospitalidad y cercanía de todos sin excepción.
Decidimos escribir unas líneas, entre otras
razones, para agradecer a las personas con las que
hemos convivido, y reconocer el trabajo tan
importante que los religiosos están realizando en
esas tierras hermanas del Perú.
Ha sido un viaje largamente deseado. Desde hace
tiempo soñábamos visitar Perú. Queríamos hacerlo
como turistas y como familiares de misioneros que
llevan muchos años trabajando en esas tierras
lejanas, y a la vez próximas por la lengua,
historia, religión... Hemos estado cercanos a la
familia de los agustinos recoletos desde el tío
obispo, monseñor Florentino Armas, pasando por el tío
padre Jesús Antonio Estebas, que en Paz descansen,
hasta ahora con el hermano padre José Estebas y los
tíos padre Tomás y sor Natividad Sáez, además de
los amigos y conocidos a lo largo de los años.
Hemos visto nuevas tierras, nuevas gentes, con su
cultura, gastronomía, tradiciones: todo muy
interesante. A esta experiencia se añade la de
convivir con esta gran familia religiosa con la que
hemos compartido sus casas y actividades, y hemos
comprobado lo que ya sabíamos: la importante labor
que desarrollan en parajes pobres y alejados. De
esta forma valoramos más el trabajo pastoral de
quienes se hallan lejos de la familia, pero rodeados
del calor de las gentes que saben apreciar
esfuerzos, tanto en el plano de pastoral como en la
atención a calidad de vida, salud, educación y
dignidad personal.
Nos ha sorprendido y hemos admirado la participación
de niños, jóvenes y adultos en las eucaristías;
los numerosos grupos que trabajan en torno a las
casas y parroquias; la labor formativa para niños y
jóvenes en edad escolar y en centros formativos
para nuevos sacerdotes; la experiencia de radio
Santa Mónica; la tarea en Cáritas; la dedicación
apostólica de monseñor José Carmelo Martínez; la
tarea llevada a cabo en lugares tan retirados y de
difícil acceso como Chota y sus comunidades.
Llegamos a aprendernos, incluso, el nombre de
algunas de ellas, como Utchuclachulit, donde vivimos
una jornada muy especial con los catequistas que habían
acudido, tras varias horas de caminata, participando
en la asamblea zonal y compartiendo su comida, a la
vez que un rato de conversación. Apreciamos el cariño
y gratitud hacia los "padrecitos, y cómo,
dentro su pobreza y vida tan difícil, son capaces
compartir lo poco que tienen y ayudarse unos a
otros. También pudimos comprobar que en lugares
como Huambos, Tacabamba y Cochabamba echan de menos
a los agustinos recoletos.
Os agradecemos, de todo corazón, el cariño que nos
habéis mostrado y la atención dispensada. José,
ya puedes estar contento de esta gran familia, que
también consideramos nuestra.
Roberto y Mari Flor.
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