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Aunque parezca que, al terminarse algo, finaliza
totalmente, pues no: hay muchas experiencias
acumuladas y que nos disponen para compromisos
mayores. Así, hace un año creíamos que todo había
concluido al dejar el postulantado y terminar la
primera etapa de formación. Sin embargo, este final
nos abrió el inicio del año de gracia para todo
aquel desea consagrarse de forma especial al Señor:
el noviciado.
Con nuestras maletas y tristeza, por dejar la
familia y los amigos; con los inevitables miedos,
aunque ilusionados, llagábamos a finales de agosto
de 2003 a Monteagudo, Navarra. Allí nos reunimos
doce jóvenes que el 9 de agosto emprendíamos esta
vivencia comunitaria en la que, entre oración,
estudios, trabajo, deporte, recreos..., iríamos
descubriendo "qué dulce y delicioso es
convivir los hermanos unidos". En septiembre se
sumaron tres hermanos más, para completar el número
de novicios, dos de los cuales optaron durante el año
por otro camino para seguir al Señor.
El grupo lo constituíamos jóvenes de cuatro de las
ocho provincias de nuestra familia
agustino-recoleta. Proveníamos de muchas naciones:
Brasil, Colombia, Costa Rica, España, Guatemala, México,
Perú y Venezuela; cada cual con su cultura, forma
de hablar y sus particularidades. Ello hacia que
todos aprendiéremos que el mundo es algo más
grande que nuestro país y nuestros esquemas de
pensamiento. De este modo y a pesar de las
diferencias, descubrimos que eran muchos más los
elementos que nos unían y nos hacían ser hermanos
e hijos del mismo Padre.
Las estaciones del año iban pasando y, casi sin
darnos cuenta, la gracia divina iba derramándose en
nuestros corazones. Cada uno se ocupaba en vivir la
jornada y de alegrar a los hermanos, de forma que
las semanas y los meses han pasado en un abrir y
cerrar de ojos. Y otro final: el día 14 de agosto
profesábamos a los pies de la Virgen del Camino
diez de los trece novicios, acompañados por medio
centenar de frailes, que comunitariamente celebraban
nuestro compromiso de formar parte de Orden. Pocos días
antes había llegado al noviciado la nueva promoción.
A nosotros nos faltaba preparar las maletas y
empezar las despedidas, no sin alguna lágrima y algún
miedo.
La crónica está redactada en Perú donde llegamos
hace algunas semanas. Estamos en el teologado, y
hemos comenzado otra historia o, mejor, hemos
continuado la historia de salvación que el Señor
sigue escribiendo con cada uno de nosotros. Oren
para que nos mantengamos fieles al sí que hemos
dado el día de la profesión, y para que éste sea
para siempre.
Los nuevos profesos.
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