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Razón tiene nuestro querido Papa, Juan Pablo II, al
decirnos que los domingos están más orientados
para los estadios y los goles que para la misa, el
recogimiento y la vida en familia. ¡Cómo cambian
los tiempos! Pero que esta realidad no nos desvíe
del propósito de estas letras: contar las cosas que
vivimos en casa.
El verano europeo recibe a muchos turistas y no
turistas, como son nuestros frailes que visitan a
sus familiares. Por ello también nuestra comunidad
se vio algo mermada. Nos pasamos días y semanas en
esta pastoral que cada día se torna más difícil,
por los horarios no siempre oportunos y el agobio de
la vida. Y, sin embargo, ahí vamos "remando
mar adentro" con la evangelización y el
llamado de nuestro Señor Jesucristo, aunque con
tanta mar, que fuimos testigos no presenciales de
los destrozos que provocaron los huracanes, y nos
unimos al dolor de tanta gente que lo ha perdido
todo.
La entrada en la gloria de nuestro querido padre José
Alberdi nos hizo recordar que la vida es sólo un
chispazo, y que debemos vivirla procurando dejar
huella en nuestro caminar. Y mientras despedimos al
hermano, los que continuamos la marcha figuramos un
puesto más arriba en el escalafón.
Nuestra comunidad se vistió de fiesta para las
celebraciones de santa Mónica, san Agustín, san
Nicolás y nuestra santa peruana, Rosa de Lima.
También las reuniones continuaron su curso: la
semana formativa sobre doctrina social de la
Iglesia, las reflexiones en torno a la familia... Y
así nos encontramos a las puertas del aniversario
de nuestra parroquia, con kermés, baile y bingo
incluido: un espacio festivo más para estrechar las
relaciones entre hermanos.
A la espera de nuestro párroco, que visita a su
familia en España, nos vamos despidiendo con un
clima primaveral que ya empieza a notarse.
Hasta la próxima y unidos en oración.
P. Rogelio Manuel Ponce.
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