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Número 49. DICIEMBRE 2004
 
 

Teologado de Santa Rita

 

LIMA

 



Nuestra vida

a seguido como siempre. En el anterior número de la esta publicación les prometíamos algo de la sierra central: sí, nos marchamos contentos, como chiquillos, a visitar el convento de Nuestra Señora de Ocopa, sus aledaños, Jauja, la laguna Paca, el ingenio y piscifactoría. Pero ¡ay dolor! A fe que para pasar La Oroya se necesita oroya. Con qué razón nos decía cierto fraile que, cuando llegáramos a La Oroya, pasáramos como pudiéramos. Casi no pudimos. Hora y media atravesar un aprendiz de pueblo, de una sola calle ¡y en obras! La paciencia de Job se nos antojaba poca.

La familia creció

Nos vinieron los cinco profesos nuevos. Eso sí que es llegar y besar el santo. Llegan a las seis de la tarde y el día siguiente clase. Menos mal que era miércoles y suele ser día de talleres y tal. Pero se les notaba la cara de susto y de novatos: fray Fernando Mestanza, fray Nolberto Tarrillo, ambos peruanos; fray Yskánder García (no pregunten de dónde viene este nombre, que él mismo nos ha dicho que todos le preguntan lo mismo), fray Luis Carlos Orozco y fray Carlos Luis Paredes, los tres venezolanos. Once son los profesos que han comenzado el semestre. Ya se van acostumbrando.

La llegada de los cinco nuevos profesos ha reforzado la pastoral, y se llega, y se pretende llegar a más todavía. El 29 de agosto, domingo, convocaron a una actividad pro-fondos de la pastoral. Trabajaron, se cansaron y consiguieron el primer objetivo de nuestra pastoral: aprender a trabajar como comunidad. Que alcanzaran el otro objetivo de la actividad, eso son palabras más ininteligibles. Trabajar, trabajaron. Me consta por lo que vi y por cómo quedaron después de la actividad. El banquero deberá dar fe de lo otro y no se oye nada, padrecito.

De viaje

El padre Ricardo se nos fue, la primera semana de agosto, a Chachapoyas a hablar -con lo que le gusta hablar- dos días a los sacerdotes y religiosas sobre cómo celebrar la liturgia a partir de la nueva institución del misal romano y de la exhortación "Redemptionis donum". Vino contento, aunque algo cansadillo; su columna como que alguito se resintió, y medio afónico, ya casi con afonía crónica. El padre Ignacio fue a Colombia para los actos con motivo de los cuatrocientos años de presencia agustino-recoleta en América. Fue contento: era recordar su mocedad, después de veintidós años. Vino contento y con unos regalos de los hermanos colombianos, que nosotros ya hemos admirado y disfrutado. Gracias.

Ha sido instalado el ascensor. Funciona bien, y fray Miguel es más independiente. Este aparto tiene una gran ventaja o será desventaja: al segundo piso se llega antes por las escaleras que por el el sube-baja. El corazón lo agradecerá. Viva el ejercicio.

Se nos durmió el padre José

Así debemos decir. Él, que últimamente sólo rezaba el rosario, se fue en sábado y día de Nuestra Madre de la Consolación. Ya les habíamos informado que estaba malito y que poco a poco iba perdiendo fuerza. El día 14 de agosto, sábado, después de rezar la comunidad las primeras vísperas de Nuestra Señora de la Asunción, debimos internarlo en la clínica, en cuidados intensivos. Diez días estuvo. Salió a planta, mientras se recuperaba, y volvió a casa el día de san Agustín, 28 de agosto, al anochecer. Una semana estuvo entre nosotros. El viernes en el rezo de vísperas, toda la comunidad se congregó para administrarle la santa unción. Seguía la ceremonia con devoción, aunque con los ojos cerrados. Se unió a toda la comunidad en el rezo del padrenuestro, despacio y sin voz, pero articulando dentro de lo que él podía. Concluido el sacramento, se durmió plácidamente y descansó un poco. Puesto que respiraba con dificultad, pedimos por la noche una botella de oxigeno para ayudarle en su respiración fatigosa. Le alivió.

Habíamos decidido celebrar al día siguiente juntos la solemnidad de Nuestra Señora de la Consolación. Así los religiosos pasaron por su habitación y pudieron despedirse de él. En la celebración de la eucaristía lo tuvimos presente. El padre José Miguel pidió oraciones a los asistentes para que se cumpliera la voluntad de Dios sobre nuestro hermano, y recordó que era sábado y día de la Madre de la Consolación. Cuando ya todos se habían despedido, agarrado de la mano de un profeso, se durmió. Así: se durmió; eran las 14.40, hora en la que él, desde hace varios años, descansaba. La Madre de Consolación le cantó la más melodiosa de las nanas y el padre José se adormiló en su regazo. Que Dios lo tenga con Él.

Hasta la próxima, que será en vísperas de la Navidad.


El Corresponsal.




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